Probablemente tenga razón, todo ese yoga la ha vuelto bastante diestra y por un momento siento la tentación, pero luego recuerdo lo que dije antes y recobro la cordura. —Vamos, ya hablamos de esto —digo con cansancio mientras le agarro el pie, apartándolo del bulto que se ha formado en mis pantalones cortos. Tiene unos pies preciosos, pequeños y bien cuidados, con las uñas pintadas de un rosa brillante hoy. Se los masajeo mientras la observo, con la esperanza de que esto la calle un rato. —Eres tan aburrido. En fin, ¿no puedo tener un minuto para ver qué hay en la tele? Suspiré. Ya casi era el descanso, así que cedí y le entregué el mando a distancia: —Vale, un momento. Me dedica una sonrisa triunfal, se gira de lado y empieza a hojear las decenas de canales de telerrealidad que yo nu

