La herencia 5

1066 Words

Diana yacía en el suelo del salón, un charco de fluidos a su alrededor: semen espeso goteando de su coño y culo, orina todavía caliente pegada a su piel, sudor mezclándose con todo. Temblaba, jadeaba, los ojos vidriosos y perdidos. Los viejos formaban un círculo perfecto alrededor del dibujo que habían trazado en el centro: tiza negra, sangre fresca, símbolos tallados que ahora brillaban con una luz rojiza tenue, como si respiraran. Silas levantó las manos, la voz ronca pero potente. - Z’osthar, señor de la luna llena y del vigor eterno. Hemos preparado la vasija. La hemos abierto, la hemos llenado, la hemos purificado. Ahora ven por tu ofrenda. Toma lo que es tuyo. Los viejos empezaron a murmurar un cántico bajo, palabras antiguas que Diana no entendía, pero que le erizaban l

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