La herencia 4

2209 Words

La puerta se abrió de golpe con un crujido seco, como movida por una mano invisible. Diana gritó al verlos. Silas entró primero, con la vela en alto, seguido por los demás: diez, quizás doce. Hombres y mujeres mayores, todos con túnicas negras raídas, rostros arrugados iluminados por la llama temblorosa. Jeb, Amos, Elias, la flaca del banco, la gordita… todos. Diana retrocedió hasta chocar con la mesa de la cocina. - ¡Fuera de aquí! ¡Largo! ¡Voy a llamar a la policía! ¿Qué cojones creéis que estáis haciendo? -gritó, pero su voz salió aguda, rota por el pánico. Silas soltó una risa baja. - No hay policía aquí, niña. Y nadie vendrá a ayudarte. Se acercó despacio, los demás cerrando el círculo detrás. - Es la noche de Z’osthar. Tu tía lo sabía. Ella era su s

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