Harta, así había acabado esa noche, harta de tanto trabajar y ese tiempo de mierda. Lena salió de la oficina pasadas las once de la noche, agotada después de un turno interminable. Con su pelo pelirrojo recogido en un moño con un boli, a sus 22 años le tocaba últimamente tragar horas y horas de curro. Llevaba una cazadora con la que resguardarse de la lluvia, una camisa blanca y una falda con la que ocultar su cuerpo normalito, nada del otro mundo, pero sexy: curvas suaves, cintura marcada, y sí, unas tetas grandes, pesadas y redondas, con pezones tan sensibles que hasta el roce de la ropa la ponía nerviosa a veces. Esa noche llovía a cántaros en la ciudad, y el tráfico era un caos total. Resguardada en un soportal esperó a que pasara un taxi con el que volver a casa. Cuando por fin ap

