Habían pasado varias semanas sin noticias del taxista o Vicky. Lena había tardado en recuperarse en aquella noche en el ático, de cómo la habían tratado. Pidió varios días de baja porque incluso físicamente se sentía fatal después de aquello. Pero lo peor era su cabeza, una mezcla de mil sensaciones, deseos, miedos, placer, dolor. Sabía que no saldría ya de aquello, no había límites, Vicky los había derribado todos. Era suya. Recibió un mensaje, era Vicky: “Hola niña, ¿qué tal? Supongo que ya has podido pasar en todo lo que pasó, en lo que sentiste, en lo que hicimos. Deseo verte pelirroja, te deseo” Lena tembló, pero contestó, rápida: “Hola Vicky. Sí, no te negaré que he pasado días jodidos. Fue una noche demasiado intensa, pero…a mi….también me gustaría verte, al menos una vez más.”

