¿Propuesta Matrimonial?

1655 Words
Al cumplirse dos meses del viaje de Christine a África. El Mayor Cartago le dio la noticia de que había encontrado a la abuela de la niña. Le mandó la dirección y todos los documentos de identificación de Mary y cuenta de banco donde recibiría la ayuda del Estado para ella y su abuela. -El encuentro de Mary con su abuela fue muy emotivo. Se abrazaron. Ella daba gracias a Dios porque la niña había sobrevivido. Se entristeció por la noticia de que los padres habían muerto. -Gracias a Dios que la envió a usted para allá y encontró a mi nieta. No tengo cómo pagarle por traérmela cuando yo ya no abrigaba esperanza de que regresaran. -No se preocupe. No tiene nada que agradecerme – dijo limpiándose las lágrimas – Se quedó un rato con ellas y cuando se despidió prometió venir a verla siempre que pudiera. La abrazó y se fue. -Cuando llegó a la casa se sentía muy bien de haber entregado a Mary a su abuela y se dispuso a mandarle un mensaje de agradecimiento al correo del Mayor Cartago, diciéndole: -Mayor Cartago: Le informo que ya he entregado la niña a su abuela con todos los documentos que usted le proveyó. Me siento tranquila de saber que ya está en su casa con un familiar. Fueron momentos muy duros los que ella vivió en África. -Le estaré eternamente agradecida en nombre de Mary y su abuela por esta ayuda. Infinitas gracias- terminó Christine la carta y se extrañó de recibir respuesta inmediatamente. -No se preocupe. Yo soy el que está eternamente agradecido con usted ¿Ya se reintegró usted a su trabajo? -Todavía no. –Respondió Christine- Me faltan dos semanas. Pero fui convocada a una reunión mañana con el Teniente Coronel Cameron. -Muy bien. -Respondió el Mayor Cartago-Demás está decirle que sigues contando con mi apoyo Christine. Disfrute su merecido descanso, después de haber cumplido su misión en África. -Gracias Mayor Cartago. Lo haré -dijo Christine, terminando la amable conversación. -Esa era básicamente la comunicación que existía entre ellos dos desde aquél día de su graduación. Nunca trataban temas personales. Todo se centraba mayormente en asuntos del trabajo, por lo que Christine se acostumbró a este amigo impersonal que el ejército le había brindado y con el cual, alguna vez se atrevió a soñar que sería su hogar su futuro y su todo, pero que hoy en día, habían pasado a ser simples amigos y con el cual ella sabía que contaba para bien o para mal. -Llegó al trabajo. Se estacionó y tomó la chaqueta para ponérsela, ya que iba a hablar con un superior, de otra forma se quedaba en su oficina sin usarla sólo con la camisa. Caminó de prisa. El Teniente Coronel la había llamado ayer en la noche diciéndole que necesitaba verla hoy en su oficina a primera hora. -Cuando estuvo frente a la puerta de la oficina del Teniente Coronel, se terminó de abotonar la chaqueta y tocó la puerta, con lo que escuchó. -Adelante! Ella entró y cerró la puerta. Notó que había un hombre alto, también del ejército allí parado con su uniforme impecable. Ella se acercó lentamente e hizo el saludo correspondiente a su teniente Coronel. -Buenos días Capitana – dijo el Teniente Coronel – -Buenos días Señor – respondió Christine – -Descanse Capitana – ella relajó su posición – -Aquí está presente el Mayor Jacob Edwards diciendo que né -ce -si -ta – dijo esta última palabra muy acentuadamente – que usted aclare ciertos detalles para su informe – el que él tiene que entregar al gobierno de El Congo. -Christine se volvió asombrada a ver a Jacob. No lo había reconocido, pues se había cortado el cabello y se veía increíblemente atractivo. Volvió su mirada rápidamente al Teniente Coronel. -Señor, todo está en el informe que le entregué al término de esa misión. -Si. Eso fue lo que yo le dije. Que su informe había sido muy bien detallado -dijo carraspeando la garganta – -Entonces ella dijo: -Señor, si eso era todo, quería preguntarle si me podía retirar. -Si. Si. Si, Puede usted retirarse. -Christine hizo el saludo correspondiente y dio media vuelta y salió cerrando la puerta tras de sí. -Pasaron unos segundos en la oficina cuando el Teniente Coronel habló: -Bueno muchacho ¿Te vas a quedar allí mirándome? Ve por ella, antes de que salga del complejo. -Gracias Señor - dijo dirigiéndose rápido a la puerta. La abrió y salió cerrándola tras de sí – Se detuvo un momento a ver a dónde había ido Christine y la vio a lo lejos. Casi corrió y vio cuando cruzó a la izquierda. Cuando él llegó a ese cruce, ella iba saliendo por la gran puerta de vidrio y volvió a correr. Al salir se detuvo para recuperar el aliento y gritar su nombre y caminar hacia ella. -Christine! Christine! -Ella volteó y cuando lo vio se paró de espaldas a él y preguntó cuándo sintió que llegó a dónde estaba ella -¿Se puede saber qué haces aquí? -Vine a hablar contigo -dijo Jacob parándose frente a ella- -Nosotros no tenemos nada de qué hablar. -Yo creo que sí, porque yo fui un tonto al pensar que tú habías cobrado dinero por la misión. -¿Y cómo sabes que no cobré dinero por la misión? –preguntó Christine airada- -Porque un día fui a Chad. Me estaba volviendo loco. Quería verte, pero quería aclararlo y allá la monja Helen. La que te regaló el crucifijo me dijo que tú le habías mandado un cheque como fondo de caridad a nombre del Gobierno de los Estados Unidos. Desde entonces, comencé a buscarte y a investigar dónde trabajarías. -¿Es decir que si no compruebas lo del dinero seguirías pensando mal de mí? -No. la verdad es que no me importaba. Sólo quería verte. -Cuando dijo esto, ella asintió, sin creerle y se subió a su camioneta. Entonces él le tocó el vidrio de la ventanilla. -¿Hice todo ese largo viaje y ni siquiera me vas a escuchar? -Ella le dijo: -Súbete! -Él se dirigió al asiento al lado del conductor y se subió. Christine encendió el auto y comenzó a conducir. -Ese día en el aeropuerto, cuando me fui, al llegar al edificio de pasajeros, me di cuenta que había sido un tonto y que no debí alejarme así de ti, así que , regresé corriendo. Quería pedirte que no te fueras así, pero al llegar otra vez a la pista, tu avión ya había despegado. -Ella lo miró e hizo un gesto con la cara. -Lo siento – dijo Jacob volviéndose totalmente hacia ella. -Christine tuvo que buscar estacionarse rápidamente o chocaría. Él le tomó la cara entre sus manos- allí mismo me di cuenta que había sido un tonto y la besó. Era muy tarde esa noche. Christine estaba parada ante la ventana de su apartamento con la camisa blanca de Jacob puesta, sumida en sus pensamientos. Ella ya era una mujer de 28 años con carrera militar. Sentía que había esperado mucho para formar un hogar. Nunca se dio tiempo de pensar en esto, ya que desde muy joven le tocó asumir las enfermedades de padre y madre con todo lo que eso conllevaba. Una sola vez se dio la oportunidad de amar y no fue correspondida. Tuvo que guardarse ese amor y ahora la vida le daba una segunda oportunidad y quería tomarla. Jacob era militar como ella y un buen hombre, que la amaba ¿Qué más iba a seguir esperando de la vida? ¿Hasta cuándo iba a seguir esperando la respuesta que no llegaba? Tal vez era hora de tomar el regalo que la vida le estaba dando. Seguir adelante con su vida para que no siguiera estancada en el pasado y terminó prometiéndose a sí misma que si Jacob le proponía matrimonio, aceptaría. Cuando Jacob apareció y la abrazó por detrás, Christine sonrió y lo abrazó también. -¿Qué te pasa? ¿No puedes dormir? -Sólo pensaba. Eso es todo -dijo Christine- No te reconocí cuando entré a la oficina del Teniente Coronel. -Jacob se pasó la mano por el cabello corto sonriendo. -Si. Decidí que ya era tiempo de dejar de ser un renegado y volver a mi servicio activo aquí en la base, gracias a ti recuperé la confianza y recordé el por qué me hice militar. Las palabras que me dijiste aquella noche que se llevaron a los niños me quedaron retumbando y pude enfrentar el hecho de que yo me había apartado del deber. Gracias por recordármelo. -Siguieron abrazados y entonces él preguntó: -¿Por cierto, quién es el Mayor que fue a buscarte en el avión al aeropuerto? -¿El Mayor Cartago? – preguntó Christine -El Mayor Cartago – parece muy importante -dijo Jacob- -Si. La verdad es que es una larga historia -dijo Christine- Fue mi Sargento durante mi entrenamiento. Fue muy duro. Llegué a pensar que no lo lograría, pero después durante una misión, le salvé la vida al Mayor Cartago y fue cuando murió mi amiga Geraldine, entonces él cambió conmigo y se volvió una especie de amigo y protector -ella levantó los hombros- -¿Está enamorado de ti?- Preguntó Jacob- -No lo sé -dijo Christine, sintiendo una punzada en el corazón- Tal vez. Nunca me dijo nada - lo cual era cierto – -Probablemente ¿Quién podría culparlo? – dijo dándole un beso – y de pronto dijo: Nos casaremos! -¿Nos casaremos? Pero si ni siquiera me lo has pedido -dijo Christine- -Está bien ¿Quieres casarte conmigo?-preguntó Jacob- -Si - dijo Christine sonriendo.- -Nos casaremos el próximo mes, porque tú eres mi generala y yo soy tu soldado que cumple todas las órdenes que tú me das -dijo Jacob besándola y abrazándola y conduciéndola de nuevo al cuarto-
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