Capítulo II: ¿Quién es Jacob Edwards?

3064 Words
Recordó Christine que hace 8 días el Teniente Coronel Cameron la había llamado a su oficina, cosa que no era usual. Ella vestía como siempre su uniforme de gala azul marino de traje y chaqueta con un moño n***o en el cuello y se ponía la gorra sólo cuando hablaba con superiores. Ella tocó la puerta y entró al escuchar la respuesta. -Adelante Capitana-dijo el Tte. Coronel Cameron -Ella entró y saludó al Teniente Coronel. -Descanse Capitana.-dijo el Tte. Coronel, por lo que, relajó su postura. -Tenemos una situación entre manos que debe ser manejada con un alto grado de diplomacia y silencio -dijo el Tte. Coronel Cameron- Hemos recibido informes de un doctor en el Congo quien maneja un laboratorio para la investigación de varias enfermedades, especialmente el ébola. Ha habido una propagación. Nada preocupante, pero se hace necesario el envío de reactivos con un componente especial para la aprobación y producción de una vacuna profiláctica. Esto se está realizando sin la intervención del gobierno de El Congo, que como sabes ha sido muy inestable. Aunque últimamente ha habido paz. Nunca se sabe. No podemos poner en riesgo la vida de todos los científicos, personal gubernamental e inversión que se ha hecho - el Tte. Coronel se levantó de su silla y caminó hasta quedar al lado de ella - -Debemos llevarle a este científico una provisión de reactivos y el nuevo componente -continuó explicando la misión el Tte. Coronel Cameron- Esperar allá el tiempo que sea necesario para saber si logra hacer el compuesto. Regresar trayendo el informe -Se quedó pensativo un momento y le dijo: -La asignación de ésta misión no es fácil, porque necesita sigilo, ya que fingirá estar haciendo un trabajo de investigación reporteril sobre las escuelas de Fe y Alegría en Chad. Christine escuchaba atenta. -Será este el motivo para acercarse al científico Luca Fabis, -continuó el Tte. Coronel Cameron- quien también dirige un pequeño hospital en un conjunto de escuelas para niños huérfanos de la guerra… ¿Entiende usted la misión? –Le dijo mirándola serio. -Sí Señor -dijo la Capitana Tannen- Camuflaje de reportera y llevar reactivos y compuestos al científico Luca Fabis, sigilosamente y sin llamar la atención. -El Teniente Coronel asintió como quedando satisfecho con su respuesta y le entregó una carpeta. -En esta carpeta encontrará toda la información pertinente -habló nuevamente el Tte. Coronel Cameron- Usted no puede delatar su verdadera identidad ni la misión que la lleva a esa parte del mundo -entonces el Tte. Coronel, se regresó a su puesto detrás del escritorio, diciendo: -En los próximos días le estaré dando más detalles de la misión que estará llevando a cabo y de las condiciones de su vuelo y estadía. -¡Muy bien Señor! -contestó la Capitana con tono militar- -¡Ah! Y muy importante -añadió el Tte. Coronel Cameron- usted se encontrará allá con un contacto nuestro que la guiará a éstos lugares donde deberá encontrar al científico, pero él tampoco tendrá la verdadera información de usted y su misión ¿Entendido? -Sí Señor-respondió la Capitana Tannen- Entendido Señor- Christine, se recostó pesadamente al respaldo del asiento. A pesar de todo, Christine no se sentía amargada por todo lo que ocurrió con el Sargento Cartago, Es más, recordó que el día de la graduación, se encontraban todos los oficiales en el escenario incluido el Sargento Cartago y los cadetes quienes vestían su uniforme de gala, entraron en formación y se ubicaron en las sillas dispuestas para ellos por ser los graduandos. Y familiares amigos y demás invitados ocupaban las sillas restantes. Discursos, protocolo, hasta que llegó el momento de la imposición de botones con el nombre y el año de su graduación, cuando le tocó el turno a ella, subió erguida y sin ningún tipo de expresión en su rostro. El Sargento Cartago, le impuso el botón y ella hizo el saludo respectivo y bajó a su puesto. Llegó la clausura del acto donde todos gritaron y se felicitaron y entonces cada uno se fue a abrazar a su familia. Ella miró alrededor. Los miró a todos felices y sonrió mordiéndose el labio inferior. Comenzó a caminar, saliendo de ese lindo jardín hacia la calle que llevaba hacia las barracas, sus cuartos, donde había quedado sola desde la muerte de Geraldine. Debía terminar de empacar para irse esa misma noche, pues ella había escogido continuar su aprendizaje en el hospital de investigación militar Walter Reed y allí tomaría un curso optativo para ser piloto de helicóptero. Muy pocas mujeres habían logrado eso. El Sargento, la observó mientras ella caminaba fuera de la celebración del grado, pues para ella ya no tenía sentido continuar allí. Cuando ya tenía todas sus cosas en la camioneta y ya iba saliendo con unos trajes en sus forros plásticos, una maleta y su bolso, vio al Sargento Cartago venir hacia ella. Todavía cojeaba un poco. -¿Ya te vas?-le preguntó- -Sí. Mañana tengo que presentarme en -dijo Christine- -El Walter Reed. Sí. Lo sé-dijo el Sargento Cartago- -Sí. Bueno - dijo Christine agachándose para poner la maleta en el suelo. -Todo es un aprendizaje que te lleva a tu inexorable destino -dijo el Sargento Cartago- No pierdas tus metas, ni tu pasión. Todavía tienes muchos gigantes que derribar. -Se quedaron viendo un momento y ella asintió con la cabeza. Le extendió la mano y él se la estrechó. -Gracias por todas sus enseñanzas Sargento -dijo Christine- -Entonces tomó su maleta y caminó hacia su camioneta y la guardó en la parte de atrás del auto abrió la puerta del asiento de atrás y puso los trajes en el asiento y cerró la puerta viendo al Sargento allí silencioso. Lo vio un momento y como no parecía tener nada más que decir, Christine caminó al asiento del conductor. Cuando entró y se sentó junto al volante, él le tocó la ventanilla de la camioneta y ella bajó el vidrio. -Gracias por salvar mi vida – le dijo mirándola y agregó: -Siempre que necesites ayuda y apoyo contarás conmigo. Si hay algún fanfarrón al que golpear. Llámame. No tengo como pagarte Christine, así que decidí que seré tu protector donde quiera y cuando quiera que me necesites. Allí estaré. -No fui yo quien le salvó la vida Sargento -dijo Christine- Fue Geraldine la que nos salvó a todos. Y Gracias .Ya sé que cuento con usted. -Ahora maneja con cuidado.- dijo el Sargento, dándole dos golpecitos a la puerta- De ese día de su graduación y de la despedida del Sargento, ya hacía 5 años, en los que se había dedicado a trabajar duro y aprender lo máximo. Hizo el curso optativo para piloto de helicóptero. Hacía su trabajo con diligencia y eficiencia. Mantuvo contacto con el Sargento Cartago y de vez en cuando se escribían correos y la había ayudado con unos burócratas que la perturbaban en su trabajo. Nada grandioso, pero ella sabía que contaba con él para bien o para mal. Decidió recoger y organizar todo. Ya estaban por llegar. Tomó su cámara semi profesional y volvió a leer el nombre del contacto que la llevaría a Chad, con el doctor Luca Fabis. -Cuando se bajó del avión, se puso su bolso de mano atravesado. Tomó otro bolso pequeño, se lo puso en el hombro y le entregaron un bolso en forma de saco verde militar que era el que más pesaba, el cual, contenía el resto de sus cosas. En ese momento vio un convoy de tres camionetas blancas con logos del gobierno. Se bajaron varios hombres, uno moreno, africano. Se presentó como Kali, jefe de la policía. Y el otro, se presentó como: -Jacob Edwards, adjunto de la policía –y quien sabía que sería su enlace para llegar a Chad. - Encantada – dijo Christine, estrechando la mano que le extendía y tomó el bolso grande y se lo entregó diciendo: - Muchas gracias. Demasiadas horas de vuelo y demasiado cansada. -Sí. El precio que hay que pagar – dijo Jacob Edwards lanzándole el bolso a los pies y dándose la vuelta para subirse a la camioneta. -Ella se quedó sorprendida de modales tan ordinarios, pero decidió no perturbarse y tomó su bolso y lo subió como pudo a la parte de atrás de la camioneta y fue a hablar con el jefe de la policía Kali. -Disculpe ¿Hay alguna posibilidad de que yo pudiera viajar en su carro? -Él sonrió y le dijo: ¡Oh no! Lo siento. Estamos llenos. Sólo faltaba recogerla a usted y le toca ir allá con Jacob. -Ella sonrió también – Bien. Muchas gracias y se dirigió al auto con Jacob. Se subió y cerró la puerta. Arrancaron. Estaba cayendo la tarde, los colores del cielo eran simplemente increíbles. Quería preguntar sobre la ciudad que estaban atravesando pero con las tres primeras preguntas, sólo recibió por respuestas unos monosílabos. Vio que ya salían de la ciudad y tomaron una carretera. Le iba a preguntar si no era peligroso tomar esa ruta, pero decidió que seguramente le respondería otra vez parco. Se acomodó hacia atrás en el asiento y se puso el sombrero en la cara. Entonces soñó con el día que presentó su prueba de vuelo para piloto de helicóptero. Estaba con su braga verde con cierre en el frente y lentes oscuros cuando le tocó el turno de subirse al helicóptero con el instructor. Sólo debía levantarlo dar un par de vueltas cambiando de direcciones y volver a aterrizar suavemente. Sin importar balas, traumatizados o heridos les había dicho el instructor de vuelo. Esa mañana se sintió feliz porque había aprendido a volar un helicóptero. -Cuando sintió un ruido seco y se sentó de golpe en el asiento mirando a todos lados. -¡PATÁN! – dijo con los dientes apretados – abriendo la puerta del auto y yendo hacia la casita donde habían parado. Ya había amanecido. Ella se estiró. No había un hueso que no le doliera. -En eso vino Kali y le dijo que en esa casa podrían entrar y lavarse y despabilarse para tomar la carretera a Chad. Ya faltaban sólo dos horas. Ella buscó el bolso pequeño y entró a una habitación con baño, para asearse. Se miró en el espejo. Estaba pálida. Se cambió de ropa y se puso un conjunto de bermuda verde, franelilla negra y camisa verde haciendo juego con la bermuda, con las mangas arremangadas y salió. Allí había una tienda y compró agua, refresco pan y chocolates. Le llevó uno a unos niños que estaban allí jugando en la entrada y decidió tomarles unas fotos y por último ella se sentó junto a ellos y se tomó unas fotos. Kali vino a avisarles que había servido un desayuno, así que cuando se dirigía por el pasillo que llevaba hacia adentro de la casa y hacia el desayuno. Notó que Jacob la miraba con sonrisa irónica. -La mayoría de los reporteros que vienen aquí lo hacen buscando su gloria personal aprovechándose de los problemas de estos niños y familias. -Primero que nada- le respondió Christine sin molestarse, pero con ganas de poner a este hombre en su lugar- el reportaje que estoy haciendo es para el gobierno. Yo no voy a obtener nada más allá del sueldo que ya gano. Segundo: Lamento que usted tenga esa percepción de mí y tercero: Lamento que usted desgaste tanto tiempo de su vida en ser tan amargado y grosero.- dijo ella entrando a la casa y tratar de disfrutar el desayuno. -Era un cuartico pequeño pero todo estaba dispuesto para atender a muchos comensales. Ella se sentó al lado del jefe de policía Kali y Jacob se sentó frente a ella. Pero no se iba a dejar arruinar su buen humor por alguien que sencillamente acababa de conocer. Por lo que comenzó a hablar con Kali y le preguntó sobre esta región y las tribus y de las cosas peculiares y autóctonas, cuando una mujer lo interrumpió y le habló en su lengua y ellos reían, entonces la mujer hizo señas hacia ella y ella le preguntó a Kali qué le estaba diciendo: - Ella dice que está usted cordialmente invitada a la boda que se celebrará mañana en la noche. Su hija se casa mañana. -Bueno por mí está bien. Creo que no tengo nada planificado para mañana en la noche -dijo bromeando y Kali rio muy alto y ella lo miró sin entender -Lo siento es que por lo general sólo tengo a Jacob para hablar y es un gran cambio poder hablar con otra persona de su tribu. Más tratable. -Entonces fue el turno de Christine para reír y se dijo para sus adentros que el hombre le tenía a todos la vida amargada, por lo que lo miró y vio que él la estaba mirándola pero, volteó rápido la mirada y siguió hablando con Kali de otros temas. -Al terminar el desayuno, el sol ya estaba en lo alto y hacía calor agobiante. Se enrumbaron hacia la carretera. El paisaje que apreciaba era muy hermoso y se veían hombres y mujeres vestidos con la ropa propia de esta región. Todo muy colorido. Las personas caminaban por la orilla de la carretera y más allá se veían sembradíos. Niños corrían y jugaban con parte de la cosecha. Después de una hora llegaron a un complejo de varios edificios. Era una escuela y un hospital. Ella se bajó y tomó varias fotos. Era el complejo de edificios donde funcionaban escuelas de fe y Alegría para niños de esa comunidad y especialmente los que no tenían hogar. Además del moderno edificio donde funcionaba el hospital y donde se encontraba el científico Luca Fabis, a quien debía dirigirse, como su prioridad dentro de la fachada que era hacer el reportaje sobre las escuelas de fe y Alegría. Así que, decidió no prestarle atención a la frustración de Jacob. Luego, salieron varias personas que eran parte del personal de Fe y Alegría. La escuela católica que había llegado hasta allí para atender esos niños con tantos sufrimientos. -Ella le estrechó la mano a todos y la llevaron a hacer un recorrido por las instalaciones, tanto de las escuelas como del hospital. Fue así como logró ver una puerta del hospital con el nombre del doctor Luca Fabis. -Cuando terminó el recorrido ella pidió que le indicaran donde quedaba el baño y aprovechó para entrar al hospital, lentamente. Recorrió los pasillos echándose aire con el sombrero, cuando llegó a la puerta del laboratorio del doctor Luca Fabis, entró y cerró la puerta – preguntó por él y la llevaron a su oficina, donde ella se presentó. - Buenos días doctor Luca Fabis - dijo extendiéndole la mano – Mi nombre es Christine Tannen y soy el contacto enviado por el gobierno de Estados Unidos para entregarle los reactivos- -¡Excelente! – dijo estrechándole la mano – Entréguemelos. Lo único es que no los tendré para hoy mismo. -¿Para cuándo puede tenerlo listo?- preguntó Christine – -4 o 5 días a lo sumo. -Muy bien. Yo volveré en 4 días.- dijo sacando su laptop del bolso y abriéndola por el fondo… donde estaban los frascos azules con el reactivo y los frascos rojos con el nuevo compuesto… Se los entregó y volvió a sellar la computadora y la prendió para llenar un informe y pasárselo a él con la información requerida. -Perfecto – dijo – Nos vemos en 5 días. -Ella salió del laboratorio mirando con precaución a todos lados cuando se estrelló de frente con Jacob, quien estaba parado al final del pasillo donde se hacía el cruce para encontrar la salida. -Disculpe si la asusté – dijo Jacob - Estaba buscándola. No la encontraba. -Lo siento, creo que me perdí.- dijo saliendo y encontró que los niños de la escuela habían salido al recreo y estaban por todas partes. Un niño se vino a ella y la abrazó por las piernas, viéndola con su pequeña carita, mirándola a ella y luego se le unieron varios más. -¡Oh Dios! ¡Está bien! ¡Esto es un asalto! – dijo riéndose y sacó los chocolates… comenzó a darles de a pedacitos a cada uno. -Niños, ya dejen a la dama en paz – gritó Kali -Gracias – dijo Christine con una sonrisa viéndolos correr. En ese momento vio a una monja salir del edificio y venir hacia ella y le puso en el cuello un cordón con una cruz. -Para que te proteja y te ayude a hacer lo que viniste a hacer aquí. -Gracias – dijo Christine -Tu espíritu se fortalecerá aquí y se sanará de la tristeza que vació tu corazón. Ella la miró sorprendida y la monja le sonrió y la miró con tanta ternura, que se abrazaron. -Gracias – dijo y se fue a buscar el auto y a su espectacular guía turístico, quien se había cambiado y ahora llevaba puesta una camisa roja y había estado recostado al auto esperando por ella mientras hablaba con la monja, cuando se subió al auto le preguntó: -¿A dónde iremos ahora? -A una aldea donde Fe y Alegría tiene casas hogar para los niños que lo han perdido todo. -¿Todavía hay muchas guerras? -Ya no tanto, pero todavía quedan algunas tribus que quieren usurpar el poder y de vez en cuando, lanzan ataques, dejando aldeas devastadas. -¡Qué situación tan horrible! – dijo Christine - -Estaba cayendo la tarde cuando llegaron a la aldea donde funcionaban las casas hogares y al igual que en la escuela salió un grupo de los que coordinaban esas actividades a recibirla y hablar con ella. Les estrechó las manos a todos y se sentaron con ella para contarle de todo el bienestar que recibían esos niños allí. En un momento Jacob se acercó a ella para decirle que iría hasta la siguiente aldea a buscar algo que faltaba. Mientras tanto les dieron de comer a todos y ella estaba entretenida con las conversaciones de los niños, cuando notó a una pequeña que no era africana. Le dijeron que era norteamericana. Le contaron que ella estaba pasando unas vacaciones aquí con sus padres, cuando hubo un ataque y sus padres murieron y desde entonces ella ha sido llevada de hogar en hogar. Christine se acercó a hablar con la niña.
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