Capitulo III: El Rescate De Mary

3027 Words
-¿Tú me puedes llevar con mis padres? -No. Cariño. Ellos ya están en el cielo. Lo que tal vez yo podría hacer es llevarte de regreso a Norteamérica. -¿Podrías? Allá vive mi abuela. -Bien. ¿Cuál es tu nombre? -Mary. -Muy bien Mary. Mi nombre es Christine. Tenemos un acuerdo. -En ese momento, llegaron unos hombres en unas camionetas disparando. Ella llamó a los niños hacia donde se encontraba ella e hizo que fueran caminando tras ella pegados de las paredes de las casas y cuando vio que los hombres estaban entrando a las casas, ella aprovechó de correr con el grupo de aproximadamente 10 niños, incluida Mary, cuando ya iban a mitad de camino, vieron a Jacob con su camioneta venir y corrieron hacia él y se subieron, entonces él arrancó dando la vuelta, mientras ella se volteó a ver por la ventanilla de atrás. Se veía fuego y disparo. Habían escapado milagrosamente. Christine se volvió a Jacob como preguntándole y él se volvió a verla.- -Escuché los disparos y vine a ver si estaban bien. -Gracias - le dijo Christine mirándolo –-¿A dónde iremos ahora? Y ¿Dónde está la policía? ¿Kali? -La policía vendrá mañana a levantar el informe y los muertos…-dijo Jacob- -¿Los coordinadores de la escuela estarán bien?-preguntó Christine- -Si se someten, estarán bien.-dijo Jacob- -Ella volvió a mirar hacia atrás. -No tan bonito para poner en la foto de un periódico o ¿quién sabe? Tal vez sea la foto que te de fama- -Christine se lo quedó viendo en silencio y dijo: ¿Quién te hirió tanto? ¿Quién fue la persona que te hizo pensar tan mal de todos los reporteros que vienen a hacer algún trabajo? Jacob apretó las manos al volante hasta que los nudillos se le pusieron blancos. -Melanie Carrot – dijo mirando a Christine y volvió su mirada al frente. Las dos niñas que iban adelante con ellos se habían quedado dormidas. -¿Quién es ella? – preguntó Christine -Mi ex prometida. Fue hace 5 años. Era reportera. Bueno, creo que todavía lo es. Vivíamos juntos y yo fui asignado a una misión. Para hacerte el cuento corto: revisó mis documentos de la misión y utilizó la información para beneficio de su trabajo y prestigio y a mí me reasignaron. Tuve que escoger entre Siberia o África - se volvió a verle - No me gusta el frío. -Siento mucho que te haya pasado eso pero yo no soy culpable…-dijo Christine- y no me conoces para juzgarme y pensar que soy como ella. -Él la miró un momento -Dame el beneficio de la duda, al menos – dijo Christine- -Él miró los niños e hizo un gesto con la cabeza. -Bueno. Tengo que hacerlo, pues una persona egoísta no habría rescatado estos niños- dijo Jacob volviéndose a verla – cualquier otro se hubiese congelado y hubiese tratado de salvar su vida. -Bueno, es que sólo reaccioné – dijo Christine volviéndose a sentar derecha en el asiento, pues hasta ese momento, había estado volteada hablándole de frente y se puso a mirar por la ventanilla, entonces recordó a Geraldine y volvió ese sentimiento de vacío. -Bueno – dijo Jacob mirándola ver por la ventana – te digo que aquí te será muy útil… -Ella se volvió a verlo asintiendo con la cabeza y Jacob notó que tenía los ojos húmedos. -¿Perdiste a alguien? -Christine bajó la cabeza – y dijo- Sí. a la persona más valiente del mundo. Mi mejor amiga, Geraldine. -Jacob la miraba esperando si le diría más pero ella se había ido a ese recuerdo de toda la unidad disparando sus rifles cubriendo al Sargento quien había entrado al territorio enemigo, para conseguir lo que habían ido a buscar, cuando fue alcanzado por una ráfaga en su muslo y rodilla. No se podía mover y ella en un acto reflejo de verle herido en tan grave situación, sólo reaccionó para ir a buscarlo y sacarlo de allí, por lo que salió disparando y sus compañeros cubriéndola detrás de ella. Geraldine a sus espaldas. Llegaron donde estaba el Sargento en el suelo, pero en ese momento llegaron más del ejército enemigo y Geraldine se fue hasta donde estaba el suiche que accionaría todas las bombas que habían cableado en ese lugar para protección de la unidad. -¡Saca al Sargento de aquí! – le ordenó Geraldine – ¡Hablo en serio!. -Geraldine le mostró que ya había llegado al suiche y que tenía el dedo listo para accionar. A Christine no le quedó más remedio que tomar al Sargento con técnica de salvamento y recargárselo en la espalda y caminar lo más rápido posible sin olvidar el fusil. Cuando le faltaban sólo unos pasos para llegar a donde estaban sus compañeros, oyó la detonación y para Christine esto era tan real y vívido que saltó en el asiento y una lágrima solitaria rodó por su mejilla al recordar el sentimiento de pérdida al ver que su amiga había desaparecido de este mundo con esa acción. -Supongo que todos llevamos heridas y golpes que nos definen o que han definido circunstancias en nuestras vidas… - dijo Christine – -Jacob la miró asintiendo y sintiendo un inexplicable deseo de abrazarla y consolarla - pero entonces sólo dijo: -Ya casi llegamos… Aquí estaremos seguros… Son una tribu familia de la tribu regente – -¿Tribu regente? –dijo Christine – Pero el gobierno no tiene un Presidente electo democráticamente? -Claro – le dijo Jacob mirándola con una sonrisa – Querida Christine no hay nada más complicado que la lucha por el poder - y el Congo las ha librado todas – Hay uno que ostenta el poder en un trono, pero quienes realmente mandan son los clanes o tribus más fuertes. Ese es el motivo de la guerra tribal que nunca termina o que termina con tanto odio, muerte y sufrimiento. -Oh! Ya veo! No creo que pudiera envidiar tu trabajo aquí. -No ha sido fácil. Tenemos que mediar entre todos los intereses tribales. Ya ellos nos conocen. Yo he trabajado aquí por tres años – dijo entrando a una aldea y estacionándose frente a una casa, donde salieron a recibirlo y él les contó lo del ataque a la aldea y que ella y los niños se habían salvado. Los recibieron y los hicieron pasar para descansar. A la mañana siguiente se le acercaron unas mujeres entregándole unos vestidos, porque su bolso de ropa se había quedado en la otra aldea. Afortunadamente ella nunca soltaba su bolso de trabajo, donde llevaba la computadora, así que decidió guardar uno de los vestidos y se puso el otro. Claro, después que le explicaron cómo debía envolverse en él y colocarle unos broches para que ajustara y cerrara. Era de escote recto sin tirantes de color rojo degradado. Le quedaba por encima de las rodillas. -Salió a ver dónde estaban los niños y Jacob. Lo vio allí parado hablando con otros hombres de la aldea mientras él la miraba con una sonrisa. -Buenos días- dijo Christine - Buenos días. ¿Descansaste? -Sí. Gracias. Pensé que no iba a ser posible, pero si y no tenía más que ponerme así que, fueron muy amables de regalarme esto. -Te queda muy bien. – le dijo sonriéndole – -Gracias. Y tú, me agradas más así -le dijo Christine y Jacob se echó a reír. -Vamos a desayunar – le dijo Jacob.. – de todas formas hoy no hay mucho que podamos hacer. Entonces se dirigieron adentro de la casa para disfrutar del desayuno que les caería muy bien después de lo sufrido. Encontraron que los niños ya estaban sentados a la mesa comiendo. Al terminar el desayuno Jacob y los niños caminaron hasta un río que se encontraba -cerca. No quedaba lejos de la aldea. Los niños comenzaron a jugar. Tenía un cauce suave y débil al principio, pero a lo lejos se veía torrencial y se escuchaba una increíble catarata de agua. Era simplemente majestuoso. Sacó su cámara y comenzó a tomar fotos de todo ese paisaje, y a los niños, luego a Jacob. Al rato se juntaron todos y se tomaron una foto - Disfrutaron de ese momento y cuando llegaron a la aldea y vieron varias camionetas con hombres armados parecidos a los que los atacaron la noche anterior. Jacob se adelantó a preguntar qué sucedía. Christine se paró al lado de Jacob y veía que discutían con los jefes de la tribu y Jacob trataba de explicar con suavidad, con la ley. -¿Qué pasa? – le preguntó a Jacob – -Él la alejó un poco de los que estaban discutiendo. -Son los que atacaron la aldea ayer y dicen que se van a llevar a los niños que tú sacaste. Son leyes tribales. Ellos dicen que tienen derecho a esos niños. - ¿Qué? – Gritó Christine – No se los puedes entregar. Jacob trató de seguir hablando con ella y explicarle, pero ella: -¡Mary! ¡Mary! -Christine no quiso escuchar nada más - ¿Dónde está Mary? Entonces vio que los niños ya habían sido embarcados en uno de las camionetas. Ella corrió y golpeó el vidrio pidiendo que los dejaran salir y entonces vio la carita de Mary. -¡No! ¡No! ¡No se los pueden llevar! ¡No se los lleven! - y Jacob la cargó para alejarla de esos hombres que podrían hacerle algún daño, pero ella no dejaba de gritar y la sostuvo hasta que los jeep arrancaron y ella lanzó un último y final grito, despavorido. -¡MARY! -Entonces se cansó de ser sujetada por la fuerza de Jacob y comenzó a golpearlo para liberarse. Logró empujarlo y tumbarlo al piso y ella rápido tomó su bolso que se le había caído al piso y sacó su arma de reglamento que era negra y tenía 30 disparos -Le apuntó cuando él venía nuevamente hacia ella y él levantó las manos. En el ejército había aprendido que siempre hay dos maneras de hacer las cosas: O por la fuerza o armar un plan táctico y se disponía a ir en busca de Mary con Jacob o sin él. -Jacob se detuvo en seco cuando vio aquella arma. No era una pequeña pistolita para una mujer guardar en su pequeño bolso de noche, parecía de uso militar. Aquella arma era peligrosa ¿ella sabría usarla? Él levantó las manos. -En este momento me vas a decir a dónde se la llevan -dijo Christine- -A lo que antes llamaban el territorio Zulú –dijo Jacob-Ahora dividido en tribus. -¿Cómo llego hasta allá? – dijo Christine con lágrimas corriendo por sus mejillas -Espera. Tú, no puedes ir para allá -dijo Christine-son muy peligrosos y temperamentales. -¿Es una tribu donde llevan a los niños secuestrados?-preguntó Christine sin prestar atención al comentario previo de Jacob – -Sí - dijo Jacob alzando los hombros- -Fuiste tú el que me acusó de venir a aprovecharme del dolor de esta gente -dijo Christine- Pero eres tú el que se ha vuelto insensible y ha aceptado estas reglas abominables en contra de niños, por mantener una falsa paz. -Él bajó las manos, respiró profundo y le dijo: -No puedes ir sola para allá. Es muy peligroso. Te pueden hacer mucho daño. No me lo perdonaría. -¿Y quién dijo que iré sola?- dijo Christine, bajando el arma y dándose la vuelta para recoger su bolso y caminó a la oscuridad. -Jacob corrió detrás de ella y la tomó de los hombros que los tenía fríos. Se quitó su camisa y se la puso a ella. -Hace frío. Vamos a hablar y discutiremos lo que se puede hacer – le dijo guiándola hacia la fogata que hacían en medio de la aldea para dar calor a los que tenían que permanecer afuera vigilando. La ayudó a sentarse en unas piedras y él se sentó en frente de ella. Le tomó el rostro con las manos y le habló suavemente mientras ella lloraba. -Tú tienes razón. Todo lo que tú dijiste es cierto, pero con ir allá así sin ningún plan, es una locura, hasta podrías hacer que maten a esos niños ¿Me entiendes? -Le habló Jacob- con cariño y puso su frente contra la de ella - no puedo dejarte correr un riesgo así. Nunca podría perdonármelo. -¿Y entonces? ¿Qué vas a hacer?-preguntó Christine- -Vamos a pedir ayuda - dijo Jacob mirándola y abrazándola. Tratando de calmarla y de decirle que confiara en él y se fueron a dormir. Al principio, Christine, se sentía incómoda con Jacob acostado a su lado, pero luego su cuerpo comenzó a emanar un olor y una esencia que la envolvieron y sin darse cuenta, comenzaron a besarse y acariciarse. Christine, no se había dado cuenta de lo necesitada que estaba de recibir cariño y atención. Ambos, se devoraban y él se deleitaba con todos los sabores que probó en la piel de Christine hasta que se rindieron al éxtasis y fue como quedar borrachos a la orilla de una playa. Christine despertó cuando todavía estaba oscuro y envió unos mensajes desde su computador a quien sabía que nunca le fallaba para plantear la situación del secuestro de Mary y llegó un mensajero ( un hombre del gobierno con una camioneta negra para ella) Se volvió a ver a la casa de la aldea donde todavía dormía Jacob. Ella se cambió por el otro vestido que le habían regalado amarillo y con tirantes que se amarraban en el cuello. Se volvió y se subió en la camioneta rumbo al territorio Zulú donde llegarían fuerzas militares para hacer el rescate de Mary. Le dijeron que no podrían ayudar a los otros niños, pues son africanos y les tocará someterse a las leyes tribales, pero por Mary ser Norteamericana, le sería concedido el Rescate por petición de Christine. El mensajero le indicó el camino y a las pocas horas llegaron. Ella se puso en la posición donde le dijo el mensajero desde donde se podía ver una especie de cabaña vigilada por hombres armados y entonces vio salir a varios niños y sentarse en el frente de aquella casa. Christine se emocionó cuando vio a Mary salir de la cabaña, desde su posición detrás de unos arbustos y cajas de metal. Se podía ver solo uno de los hermosos ojos de Christine observando la situación y la mitad de su cara. Ya todo estaba arreglado. Ella, sólo tenía que esperar a que la recuperaran y se la entregaran. -El asalto se haría con sigilo. Sin uso de acciones bélicas, así que, comenzó silencioso. derribaron a los hombres que estaban en la entrada y los que iban saliendo y luego uno de los soldados tomó la niña mientras los militares de incursión esperaban a que terminaran de sacar a la niña vigilando que no apareciera ningún otro hombre. -Entonces todo terminó y se la entregaron a Christine para que la niña se calmara. Ella la abrazó y corrió con ella agachada para salir de allí y al estar cerca del auto apareció Jacob. Ellas casi se estrellan con él. -Jacob tomó la niña y le indicó el camino a Christine. Las llevó a su camioneta y Christine despidió al hombre que le había traído la camioneta negra y se fue con Jacob. -En el auto, la niña se quedó dormida en las piernas de Christine. Ella le sobaba el cabello. -Jacob la miró y le dijo: Te fuiste. Esta mañana desperté y no estabas. Eso nunca me había pasado. Mi auto estima ha sufrido un golpe tremendo. -No quería dejar pasar tanto tiempo. No quería perderla - dijo Christine evadiendo el tema de lo ocurrido durante la noche anterior. No estaba preparada para hablarlo con Jacob. No tenía planteado tener una relación con nadie, pues su corazón había sido herido gravemente y no estaba segura de qué significaba lo que había ocurrido con Jacob. Se volteó a ver por la ventanilla con las mejillas enrojecidas– -Aunque te concedo que tenías razón en no dejar pasar tanto tiempo, porque bueno esos hombres, terminan vendiendo esas niños para diferentes cosas, ejércitos, explotación s****l y a comunidades donde hoy en día las niñas son intercambiadas para matrimonio por dinero o cosas materiales y allí de acuerdo a costumbres ancestrales son mutiladas en sus órganos sexuales. -¿Qué? – Christine se espantó- ¡Qué horrible! -Hay leyes ya implementándose contra eso -dijo Jacob- ¡Es una barbarie! Pero todavía quedan quienes aplican estas costumbres de antepasados. -Pues deben nombrar fiscales más duros que eliminen esta costumbre tribal tan barbárica y que termine el sufrimiento de estas niñas – dijo Christine-. -Sí, bueno, como te iba diciendo –Jacob la miró sonriendo- te fuiste y cuando no te vi, supe a dónde habías ido y vine a buscarte. -Lo siento. Sentía que no debía esperar – dijo Christine, mirando a la niña dormida – -¿A dónde quieres que te lleve? –Dijo Jacob- -A Chad por favor. Debo hacer algo antes de partir -dijo Christine- -Está bien. Cuando anochezca -dijo Jacob- pararemos y seguiremos en la mañana. -Al anochecer llegaron a una aldea donde todos las chicas dormían en un cuarto y los varones afuera junto al fuego. Así que ella y Mary se fueron a acostar y notó que la niña estaba emocionalmente abatida y la abrazó fuerte. Sintió que no le respondía a su abrazo. Christine conocía ese sentimiento muy bien. -¿Ya pasó todo? – Preguntó Mary - ¿Podremos irnos a casa? -Sí. Mañana, después que termine mi última diligencia, te prometo que te llevaré a América y volverás a ver a tu abuela. -Entonces la niña la abrazó fuerte. -Mírame -le dijo Christine – yo no te voy a dejar aquí, porque tú has sido una niña fuerte y valiente. Nos iremos a Norteamérica y buscaremos a tu abuela - la niña la abrazaba y lloraba - Ahora vamos a dormir. Debemos levantarnos muy temprano.
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