En las noticias de la mañana pude observar como nadie estaba dejando de hablar de algunas cosas, las muertes por femicidio habían estado aumentando grandemente en varias partes del territorio de Latinoamérica. No me sorprende, las leyes cada vez se vuelven peores, como los gobernantes abusan de su poder incluso entrando entre esa ola, no es fácil mirar hacia las noticias y darte cuenta como el mundo esta vuelta de cabeza, aunque aquello es un decir.
Vivimos en un mundo en donde todo tiene que encajar y lo que no encaja lo hacen a la fuerza, cuando algo sale mal quieren colocarlo como algo bien, siempre quieren quitarle el peso de encima a las verdaderas situaciones que están a lo largo de nuestra nariz y además de las suyas.
Para ellos importa más el dinero, el dinero que el rico pueda aportar a su nación, pero no les importa las muertes que consigo puede traer.
Ahora, can entendiendo porque las luces de los faroles no son los únicos que se apagan. Los míos casi se apagan, estoy agradecida por Agnes, pero estoy complemente segura que sin la existencia de ella en aquel lugar tan desierto y alejado de la ciudad no estaría aquí ahora. Pero para desgracia de muchas, no existe una Agnes para ellas.
Agnes una mañana trajo el periódico a casa, me había levantado tarde aquel día, las tareas eran abrumadoras y más en el lugar que había decidido estudiar por la señora Russo, pero aquella mañana cuando estábamos tomando parte del desayuno pude verlo.
Mis padres habían colocado un anuncio en el periódico en mi búsqueda, había desaparecido y aquello era lo más doloroso. Fui parte de la prensa durante unos días pero luego, fui otro día en la prensa local.
Nadie más pregunto por mí, mi muerte era inminente. Quizás no había muerto físicamente pero en muchas áreas de mi vida, si lo había hecho. Lamente ver aquel comunicado y como me estaban describiendo, Agnes había leído aquello pero sus ojos buscaban en los míos aquella parte de sensibilidad.
Gire mi rostro y mis lágrimas bajaron pero no más tiempo del que les permití. Mi hermana les daría la felicidad que yo no les pude ya otorgar, pero si hare que el mundo en donde viva mi hermana tenga 10 violares menos.
Algunas cosas cambiaron a lo largo de mi vida, pero ellos no han sido menos en la mía, los he tenido bajo el perfil de mi ojo durante estos años y han tenido para darle una buena vida a mi hermana. Pero más allá de saber quién entrega ese dinero, no. Ellos no saben quién es la buena samaritana que los cuida y aunque a veces sospecho, prefiero tirar aquello en el lugar más alejado de mi cabeza.
-Señora Russo- escucho la voz de Rubén, los papeles encima de mi escritorio estaban en el segundo plano de mi mente. Mi rostro se alzó y ladee la cabeza sin poder aun responder a lo que es me estaba diciendo –He tocado la puerta varias veces pero usted no ha respondido- veo como ya su cuerpo estaba dentro de la oficina.
Asiento y niego al mismo momento –Claro- no se a que dije aquello y creo que ese desconcierto causo el mismo efecto en él.
-¿Está usted bien?- me pregunta ya de pie frente a mi escritorio.
-¿No debería?- le rebato la pregunta, el niega encogiéndose de hombros y sigue mirado hacia mí –Pensaba- le digo con sinceridad y el ahora si asiente.
-Esto- coloca delicadamente el sobre encima del escritorio y los empuja con sus dedos hacia mi dirección, veo el sobre que tiene escrito pulcramente las letras “M.C” alzo la mirada sin aun poder tocar el sobre y asiento.
Tomo las carpetas y las reúno poco a poco con sus respectivos documentos dentro de ellas, las cierro y las coloco a un costado del ordenador mientras tomo el sobre en mis manos. Rubén está mirándome fijamente mientras mis manos pasan suavemente por el borde de las letras. Ladeo mi cabeza y mis manos toman mi sien, mis ojos se cierran y ahora si lo tomo en mis manos y lo abro poco a poco.
Saco una carta de presentación, alzo mi ceja mirando el nombre marcado en él. Luego saco unos papeles en donde se muestra exactamente en donde esta residenciado el hombre, al final saco la fotografía del famoso hombre de los papeles anteriores.
Mis manos quieren apretarla en un puño pero me detengo y la observo poco a poco, sus rasgos han cambiado, tengo una fotografía parecida a la que tengo en mis manos en mi cartelera e el penthouse.
Mi mandíbula se aprieta -¿Tienes un encendedor?- le pregunto a Rubén, este me mira intrigado pero saca de su chaqueta de traje uno. Lo veo estirarlo hacia mi lugar, lo tomo entre mis dedos pero mi otra mano aun sostiene la fotografía del hombre en ella.
Hago el movimiento experto en él y aparece el fuego, las llamas rojizas y naranjas, con el toque azul de la base es intrigante. Recuerdo a mi cabello con la mezcla de mis ojos. ¡Vaya combinación tan certera!
Acerco la fotografía al fuego producido por el encendedor y veo como ella empieza a tomar el color n***o, luego como el fuego se va esparciendo por todo el extremo de la fotografía hasta tomar gran parte de ella, comienza a consumirse dejando solo las cenizas. Acerco el cenicero que está en uno de los extremos del escritorio y dejo que el resto de la fotografía se consuma.
La mirada de Rubén está en la fotografía en el cenicero –Morirá- murmure mientras me levanto de mi silla.
***
Entro a mi penthouse, siento que Susan odiara cuando se termine enterando que no podre verla ni hoy, ni mañana. Por ahora sé que sus molestias no han avanzado más de lo que se puede así que mantendré esta conversación un poco alejada de lo que a mí me respecta y ya luego la compensare.
Mis tacones resuenan dentro de mi departamento, camino lo más rapido que puedo hasta mi habitación, entro a mi closet lo más rapido que puedo, saco la maleta que había usado para poder ir a Los Ángeles, la abro y la dejo abierta en una de las butacas de mi closet.
Me dirijo hacia unos cajones, veo la marca de M.C en el cajón, abro ese y saco las prendas que están dentro de ese, voy colocando poco a poco todo dentro de la maleta de la forma más ordenada posible, termino por meter unos tacones y cierro la maleta.
La tomo y la saco del closet pero antes de cerrar la puerta ubico uno de mis grandes sombreros y lo llevo en la mano, arrastro la maleta hasta el living en donde esta Rubén con uno de los teléfonos desechables llamando un poco atareado a uno de las aerolíneas para un vuelo rapido.
Dejo la maleta a un lado con el sombrero encima de ella, voy hacia el refrigerador y tomo un poco de jugo, camino hacia el gran ventanal dejando en evidencia el hermoso día que tenemos por delante.
-Listo, el vuelvo esta programado para dentro de hora y media- escucho la voz de Rubén, llevo el bajo y lo lavo, lo dejo en la estantería y camino detrás de él cuándo ya ha tomado mi maleta. Tomo mi sombrero y cierro la puerta detrás de nosotros, paso la llave y el ascensor está abriéndose, entramos y marcamos hasta el sótano en donde está el estacionamiento. –Richard está esperándonos- asiento en su dirección y veo como está bajando cada piso.
-¿Cuánto tiempo?- pregunto cuando las puertas están siendo abiertas. Caminamos uno al lado del otro, Richard ya tiene el maletero abierto, Rubén coloca mi maleta y ya veo la suya dentro.
-Por lo menos 9 horas- asiento y abre la puerta, entro y la cierra cuando ya estoy sentada, lo veo ubicarse al lado de Richard y el auto comienza a moverse.
Trato de no pensar mucho en lo que ocurrirá en las horas siguientes, como por ejemplo un largo vuelvo solo para mirar por mí misma como es que su deceso es todo un hecho.
No me había sentido tan emocionada en mi vida como cuando Paulette me había comentado a sus 14 años que le habían dado el mejor regalo de todos, un concierto de su banda favorita, y que además de eso, el boleta estaba disponible para dos personas por la cual yo podía ir con ella.
Se podrán imaginar la emoción de una niña de 14 años asistir al concierto de su banda favorita junto a una de sus amigas favoritas, si exacto. Aquel momento fue único porque la emoción que sentí fue tan, pero tan alta que me costó dormir completo la siguiente semana.
Entonces ahora dentro de mi auto particular estoy sintiendo esa sensación, sé que puede sonar un poco cruel pero al mismo tiempo no, es como cuando has esperado tanto tiempo por algo y de repente está cumpliéndose. Sientes que estas llegando a un nivel de excitación que nadie te puede quitar.
Estas logrando la meta por la cual quedaste viva, es hacer justicia por incluso aquellas que ya no pueden hacerlo.
***
-¡VUELO A ITALIA!- los altavoces hacen el anuncio, me levanto tomando mi cartera y mi pasaporte en mano junto a boleto. Rubén va detrás de mí, mis gafas cubriendo mis ojos, veo como la mujer toma mi boleto, lo examina y me permite seguir adelante.
En unos segundos Rubén está caminando junto a mí, nos hacen pasar por el lugar de primera clase y nos ubican en nuestros asientos. Ladeo mi cabeza y pido lo que siempre suelo pedir, una copa de champagne.
Será un vuelo largo y lo que más necesito ahora es poder dormir un poco, o por lo menos tener que recordar dormir.
9 horas después…
Abrocho mi cinturón como estaban anunciando unos segundos antes, estamos por aterrizar en el hermoso Italia. Espero paciente a que se detenga y luego me levanto junto a Rubén.
-Gracias por preferirnos- escucho a una de las azafatas cuando he terminado de bajar las escaleras, le doy un asentimiento junto a una sonrisa. Caminamos hasta poder tomar nuestras maletas que tardaron un poco en aparecer y ahora sí, de camino a ubicar un taxi.
-¿Puedes esperar?- le pregunto a Rubén, este me mira con un poco de desconcierto cuando estoy tomando mi maleta y junto al taconeo resonando por el lugar llego hasta el baño de damas. Abro un poco la puerta y veo que prácticamente la última mujer está entrando a uno de los cubículos.
Arrastro mi maleta y me encierro en uno de los cubículos. La coloco encima de váter y abro la maleta lo más suave que puedo, ubico una de las prendas y comienzo a sacar mi falda, la doblo y la ubico en donde estaba el jeans anterior, saco una camiseta de nirvana y me la coloco luego de guardar la de seda, saco unas medias y apoyándome en la pared quito uno de los tacones y coloco la media junto a un zapato, ahora con mejor estabilidad coloco la otra media y el zapato. Ordeno los tacones en la maleta y la cierro luego de guardar el sombrero y sacar una gorra de Chicago. Salgo y me miro al espejo, arreglo mi cabello en una coleta y luego en ella paso la gorra, tomo mis lentes y los ubico.
-Buenas tardes, joven- dice la mujer a mi lado luego de salir del cubículo.
-Buenas tardes, señora- ladeo mi cabeza y le doy una sonrisa.
-¿Viaje universitario?- me pregunta cuando apunta mi gorra.
-Ya sabe, una que otra materia que permite viajes, tómalo o déjalo- le digo y ella suelta una risita.
-Cómo olvidar aquello, soy de california- estira su mano, la miro unos leves segundos y estrecho su mano.
-Soy de Chicago- la mujer sonríe en mi dirección.
-Estudie en Chicago- se encogió de hombros.
-Me aleje de Chicago para estudiar, pero siempre lo llevo en mi corazón- comento mientras aplico el labial rosa pastel en mis labios.
-Siempre mejor lejos que cerca- asiento en dirección de ella. Ambas nos dedicamos una sonrisa –Siempre es bueno encontrar un estadounidense en tierras alejadas- suelta una carcajada y yo le sigo.
-Es un placer- mis palabras quedan a medias cuando estiro mi mano.
-Silvia- apretó su mano con un asentimiento -¿Y tú eres?- pregunta ella.
-Elle- me presento.
-¿Europeo?- hace la pregunta alzando la ceja.
-Quizás y nadie me lo ha dicho- digo con cierta gracia y ella sonríe.-Tenga una buena vida Silvia- asiento en su dirección y ella sale primero que yo.
Me doy una mirada rápida y termino por salir, Rubén está parado a las afueras de la parte de los baños, cuando me ve salir me da una doble vista.
-Dejo los años dentro del baño- comento mientras aguantaba una risa. Le golpee el hombro y soltamos a reírnos los dos juntos en aquel momento, de repente me sentí como lo que era, una joven de 25 años junto a uno de sus mejores amigos.
-Debes en cuando es mejor dejarlos cuando estas a pocas horas de ver morir a quien te los robo- murmuro cerca de su oído y caminamos de nuevo a la salida.
Su sonrisa volvió plana en sus labios pero aun había diversión en sus ojos.
-¿Hacia dónde?- pregunta el chofer. No digo nada pero si escucho como Rubén da la dirección, en momentos como estos agradezco tener a Rubén a mi lado, el hombre desde que me subí al taxi no ha dejado de mirarme. -¿Están saliendo?- pregunta el hombre alzando la ceja en mi dirección.
-¿Qué?- pregunta Rubén un poco ajeno a las insinuaciones del hombre.
-¿Son novios?- vuelve a preguntar. Veo como Rubén me mira por el espejo que está al lado de su puerta. El hombre mira hacia la vía y alzo una ceja en dirección a Rubén.
-¿No le parece eso algo entrometido?- dice Rubén tratando de sonar relajado, el hombre alza sus manos en el volante.
-El ultimo que me toco, termino muerto- le alce la ceja al hombre mientras me veía en el espejo retrovisor.
Mire hacia uno de los costados y observe todo que me ofrecía visualmente Italia, el hombre miraba por ciertos momentos hacia mi dirección pero yo no estaba prestándole mucha atención. Quizás Rubén podía encargarse de él, quizás.
Flashback…
«-¿Qué te parece?- le voz de Dimitri aparece luego de todo el silencio que llenaba el automóvil en movimiento –Te prometí algo diferente a Rusia- sonreía en mi dirección. El hombre del auto miraba hacia mi dirección, Dimitri ajeno a lo que ocurría no entendía porque me removía incomoda en el asiento, su mano se posó encima de mi muslo.
¿Sera que si cuento hasta mil puedo relajarme? Vi como el chofer del taxi, algo que me pareció de lo más desorientado ¿Porque Dimitri usaría un taxi? ¿En dónde estaba Sergio, su chofer? Lo vi pasarse la lengua por los labios aun mirándome.
Gire mi rostro hacia la ventanilla, sentí un beso de Dimitri en mi cuello y luego ir subiendo su mano por mi muslo, un semáforo dio en nuestro recorrido y podía observar la mirada del tipo.
-¿Te gusta que te observen?- me pregunto Dimitri en el auto. Mi corazón se aceleró, podía sentir como mi respiración estaba más rápida que de costumbre, mis ojos se abrieron grandemente cuando pude observar de perfil el rostro del hombre.
-¡No!- dije tajante quitando su rostro de mi cuello y su mano de mi muslo. La mirada del taxista se volvió confusa, cuando estaciono el auto cerca del hotel me baje lo más rápido posible, siento sus pisadas siguiéndome.
-¿Porque me avergüenzas?- tiro de mi brazo un poco más fuerte de lo que espere. A mí alrededor todos estaban ajenos a lo que ocurría, aunque sé que no era cierto. Claro es Dimitri Kozlov, el hombre millonario, todos somos ciegos cuando él llega.
-¿Avergüenzo?- repito quitando mi brazo inútilmente de él.
-¿Y qué hiciste en el auto entonces?- me reprocha tirando mi mano hacia la recepción –Que sea la última ves ¿Entiendes?- dice en bajo deteniéndose cerca de una de las paredes del inmenso hotel.
-No, no entiendo. Porque yo no me voy a dejar manosear delante de un asqueroso tipo- le respondí tajante son apartarle la mirada. Sus ojos azules siempre chocaban con los míos. Pero aun el mostraba dureza en ellos, los míos reflejaban el frio de mi corazón.
Me tomo del brazo y tomo la llave de nuestra habitación, me arrastro hasta el elevador más cercano y lo marco para dar con el piso que llegaba a la habitación. Abrió la puerta de la habitación y me lanzo en la parte de adentro, me tomo del brazo y me lanzo a la cama.
-No volverás a decirme que no- »
Fin del flashback…
No me arrepiento de matarlo.
-Hemos llegado- anuncia el taxista, Rubén no sale del auto, sé que no lo hará hasta que yo salga del auto. Su mano está apoyada en el asiento del taxista.
-Duerma con un ojo abierto hoy, señor- comente antes de salir del auto y cerrar la puerta, Rubén salió segundos después de que el hombre saliera del auto.
Sus pies iban un poco titiritones cuando abrió el maletero, Rubén saco nuestro equipaje, le doy el dinero y lo vimos arrancar el auto rápidamente.
Estábamos los dos de pie frente al hotel de mala muerte que había conseguido Rubén. Nos miramos al girar el rostro y soltamos la carcajada -¿Lo viste?- murmure mientras subía unos escalones.
-Casi se hace en los pantalones- comenta tratando de aguantar la risa –No piden identificación- me comenta mientras estamos entrando –Solo diremos un nombre y ya-
-Buenas ¿En qué puedo ayudarlos?- dice una mujer joven mientras mira una revista que es dejada a un lado cuando nos mira.
-Dos habitaciones- suelta Rubén, la mujer asiente en su dirección y saca dos llaves.
-Nombres y apellidos, es para anotarlos en el cuaderno- saco una libreta que parece que había estado sucia por todo lo que va de vida. Rubén se tomó a pecho lo de un lugar clandestino para dormir.
-Pedro González- escucho a Rubén decir y la mujer anota dándole una llave.
-Sara Pedrero- le doy una sonrisa y la mujer me anota, me pasa una de las llaves y caminamos hacia donde ella nos había guiado.
-Un poco más y nos metes a una cárcel- le digo a Rubén mientras veo las paredes sucias -¿Eso es sangre?- pregunto mientras veo una mancha en el fondo.
-Puede ser- lo veo encogerse de hombros –Lo más bajo perfil que conseguí- niego en su dirección pero él sonríe –Buenas noches Sara, cualquier cosa toque a mi puerta- rodeo los ojos y él sonríe, abre la puerta casi al mismo tiempo que yo y cada quien entra a su habitación.
Cierro la puerta y dejo la maleta, la cama no se ve mal, además solo será una noche y luego mañana en la noche volveré a estar en mi cama. Y quizás hablando son Susan en una pijamada sorpresiva.
Me siento en el borde de la cama, miro todo a mí alrededor.
«-Sabes lo que tienes que hacer- Agnes habla sin dejar de mirarme, aquello pensé sería una pregunta pero como ella está sin apartar su vista de mí, sé que es una afirmación –No todo en la vida es puesta a nuestra disposición, debemos escalar hasta conseguirlo- asiento.
-Entiendo- digo mientras cierro el libro en mis piernas.
-No lo entiendes Elle, pero lo harás- sus palabras no las estaba entiendo muy bien pero sabía que quizás más adelante quizás lograría entenderlo.»
Y si, ahora lo entendí.