Capítulo 2: Recuerdos tormentosos

3380 Words
El taconeo vuelve a sonar por el pasillo vacío en donde está ubicado su penthouse, se supone que Richard debía estar esperándola en el estacionamiento pero no fue así, al igual que Rubén no apareció por lo que fue en la tarde dejándola ahora en lo que es la soledad de un estacionamiento. Mi teléfono estaba guardado en el recóndito lugar de mi cartera y no quería saber si alguno de los dos me había escrito, estaba enfadada, pero no por el simple hecho de ser plantada por las dos personas que al parecer siempre andan danzando a mi alrededor, además de Susan. Si no  por el hecho de que me toca salir a la calle y recibir las cantidades innumerables de miradas a mí alrededor. Saco mis llaves y entro lo más rapido que puedo a lo que considero mi lugar de resguardo, mi lugar seguro.  Mi espalda golpea la puerta de madera blanca y la bocanada de aire está escapando en alivio de mis pulmones. No puedes pasar desapercibida realmente por la vida, no cuando estas usando este tipo de ropa o con lo atrayente que me he vuelvo a lo largo de los años, no solo por mí, sino por todas las personas que han estado saltando a mí alrededor tratando de que encaje en un mundo del cual me parecía de lo más desagradable. No es como si aquello me alejara de mi propio yo, creo que a lo largo de los años en que puedo estar sola como tal, he adaptado lo malo de mi alrededor como un punto bueno a mi favor. Si les gustaba la imagen de una persona despiadada ¿Por qué no serlo? Recuerdan el hecho de que el lobo se puede vestir de oveja. Si, esa es la expresión más certera en este momento, si ellos pueden ¿Por qué yo no? El sombrero es dejado pulcramente en el lugar exacto en donde es sacado en la mañana cuando había decidido usarlo, el resto de mi vestimenta es lanzada a la cama, en ordenes específicos, lo que me caromomia el cerebro era la necesidad incesante de tener que entrar a ducharme y todo lo que me estaba tardando para poder llegar a ese destino. Mis zapatos a la esquina de mi cama, la falda en la colcha encima de la cama, encima de ella mi camisa de seda blanca marfil, luego mis bragas y mi brassier. Todo queda encima de la cama mientras voy directo al cuarto de baño. Lo demás que está a mí alrededor puede tomarse su tiempo de espera, pero lo que está picando en mi cuerpo no. La ducha se abre y decido primero congelar mi cuerpo con el agua más fría que puede salir de la ducha, golpea mi rostro dejando que las gotas resbalen entrando en las hebras de mi cabello rojizo humedeciéndolo desde la raíz hasta las puntas de él. Estiro mi brazo y con mi mano vuelvo a regular la temperatura llevándola a una tibieza adecuada en donde puedo relajar mi cuerpo tanto como deseo. Este ritual de baño lo llevo haciendo desde hace diez años atrás. Tanteo mi rostro para apartar lo más que pueda las gotas de agua y poder obtener mi visión clara nuevamente. Encuentro el shampoo y vierto un poco en la palma de mi mano, cierro la tapa y luego de ubicarlo en su lugar específico empiezo a restregarlo en mi cabello. La espuma envuelve mi cabello y siento como él está siendo limpio de toda la suciedad que lo había rodeado desde la mañana en que mis pasos salieron de mi lugar seguro. Vuelvo a introducir mi cabeza en la ducha y saco toda la espuma de él, restriego suavemente mi cabello para sacar hasta lo último y tomar un poco de acondicionador, mientras lo agrego a mi cabello lo dejo actuar unos minutos mientras tomo el jabón olor a fresas y comienzo a restregarlo por mi cuerpo, entallo en el todo lo que puedo. -Limpio, limpio, limpio- susurro mientras el jabón está siendo restregado por mi cuerpo –Esto debí superarlo hace tiempo pero ¡Dios!- el jabón estaba siendo pasado por las piernas tratando de quitar toda la suciedad. Quitar la suciedad es la simplificación del hecho de limpiar mi cuerpo de las miradas, limpiar cada rincón de mi cuerpo que fue mirado con ojos lascivos, con pensamientos asquerosos, de quitar de mi cerebro las palabras cochinas que fueron dichas cuando mis pies pisaron las calles. Trato de sentirme limpia cuando el jabón ya es ubicado en un espacio y el agua comienza a correr nuevamente dejando en el pasado miradas y pensamientos. Ser mujer en este mundo es para muchos un pecado, y seguir viva para muchos es un regalo. Enjuago mi cuerpo poco a poco hasta sentir esa sensación de limpieza y salgo del baño para envolver mi cuerpo en una toalla. Limpio el vidrio en donde puedo ver mi reflejo  y me dedico una sonrisa, mi cabello rojizo está goteando agua y aquello me hace ver incluso un poco más joven de lo joven que suelo ser. El maquillaje cubre lo necesario, cubro la verdadera yo, cubro lo que un día fui y lo que un día hare. Envuelvo una toalla en mi cabello tratando de sacar la humedad y vuelvo a entrar a mi habitación, saco mi ropa interior y la pijama, quiero estar lo más cómoda posible, lo necesito. Es esa sensación refrescante cuando ya llegas a casa y puedes usar lo que tantos habías deseado, subo mis bragas y luego mi short, coloco un sujetador deportivo y mi camiseta amplia. Quito la toalla de mi cabello y lo agito un poco antes de tomar una de las sudaderas y colocármelas. Voy hacia la cocina y tomo uno de los tantos jugos que había comprado, el sabor a durazno inunda mis papilas gustativas y mis pasos van hacia la habitación cuando me detengo a mirar mi cartera, antes de hundirme en el mundo en donde soy quien puedo ser, camino hacia dónde está mi cartera y saco mi teléfono celular.   *-Señora Russo, lamento mi tardanza, cuando he llegado usted ya se había marchado. Lo siento mucho Señora, no volverá a ocurrir. Richard-   *-Señora Russo ¿En dónde está usted? Rubén- *-Señora lo siento. Rubén-   Cierro los mensajes y tomo mi teléfono para llevarlo conmigo, no me tomo el tiempo en responder a ninguno, Rubén en algún momento terminara llegando hasta el departamento y seguramente tendrá la excusa perfecta para decirme, aunque no terminara siendo una excusa, será la verdad pero lo dirá un poco en tono de lamento porque seguro lo estará sintiendo. Quizás se deba a lo de su sobrina, entonces ¿Quién soy yo para decirla algo? Obviamente no soy nadie, la noción del tiempo se le perdió mientras pensaba en su sobrina, así que por lo mi está bien. Lo malo de que él no esté cerca es que termina pasando lo de hoy, suelo llegar agitada con mi respiración descontrolada y tratando de tomar una ducha lo más veloz posible. Dejo los pensamientos un momento a un lado cuando alzo el encendedor cerca dela puerta en la que estoy parada, es una cajita secreta que lleva un código que solamente conozco yo, y está oculto debajo de un encendedor de luz.  Apretó los seis dígitos antes de escuchar como la puerta ya no tiene seguro. Algunos lo pueden encontrar algo fuera de lugar, pero cuando mande hace esto el hombre no entendía para que, tampoco tenía derecho a preguntar algo más allá a lo que respecta a su trabajo. Y hasta ahora lo ha hecho bien. Giro el pomo de la puerta y entro cerrando detrás de mí, dejo el teléfono en la mesa más cercana junto al jugo. Enciendo la luz de la habitación. El cuarto en donde me encuentro ha sido diseñado solo por mí, Rubén es el único que lo conoce y fuera de allí nadie más. Tiene un juramento firmado que solamente poseo yo, pero estoy segura a un nivel alto de que el no sería capaz de decir algo referente a mí y a todo lo que esta habitación oculta. No es tan grande como pueden imaginar, pero tiene lo esencial para que todo lo que ha pasado por mi cabeza desde hace diez años este cobrando vida ahora que estoy sola y con el suficiente dinero para cumplirlo. Hay una mesa que va de pared a pared en donde están una cantidad inmensa de documentos pulcramente ordenados, bueno y malos. En una de las esquinas de la mesa está un ordenador con dos pantallas. Es la tecnología más actual y rápida que pude encontrar, hay cajones y estanterías en las esquinas. Un sillón pegado a la pared que da de frente a la mesa completa y que da de frente a una inmensa cartelera. Encima de la cartelera esta enrollado la base que uno suele usar para poder ver con un video beam que está casi en el techo encima del sillón. La luz encendida me da la vista de toda la cartelera que cubre la gran parte de la pared, mis manos se apoyan en la mesa para quedar a solo centímetros de esa inmensa fuente de información que he recolectado a través del tiempo. En esta cartelera existen una cantidad de fotos ubicadas en ordenes específicos, debajo de ellas está un mapamundi extendido en donde cada foto esta encima de un país en específico. Algunas fotos cerca de otras haciendo énfasis en que ambas personas colisionan en el mismo país. Algunas fotografías son de los hombres solos, en otras están acompañados. Las carpetas encima de la mesa están ubicadas en orden de nombre, nacionalidad y sobre todo, en el orden que comenzara a ocurrir cada suceso. Veo una fotografía en específico y es tomada entre mis dedos, paso mi pulgar en ella antes de arrugarla en mi mano y luego rasgarla hasta romperla en pequeños pedazos, siento el apretado movimiento de mi mandíbula haciéndola sonar en un chirrido que no es normal, mis fosas nasales se están ensanchando con las ganas de tener mis manos en el cuello de la persona que estaba en la fotografía. Cierro mis ojos y con mi mandíbula apretada camino de espaldas hasta caer sentada en el sillón y dejar soltar una bocanada de aire, mi cabeza es reposaba en el sillón.   Flashback… «Mis pasos iban lento mientras mi cuerpo no daba más ni para pensar, mis lágrimas estaban bajando poco a poco por mis mejillas, unas encimas de otras que ya estaban secas, mi cabeza está rota y la sangre seca está siendo cubierta por otra sangre nueva. La mano en mi abdomen se aprieta lo que pueda para retener un poco la sangre de unas de las puñaladas que había sentido, mis rodillas flaquean y caigo, no tengo fuerzas para caminar, ni luchar, mi cuerpo solo convulsiona en el llanto. Mi cuerpo y mi mente saben que voy a morir en esta zanja alejada de todo, mi ropa rasgada y mis muslos llenos de una cantidad indescifrable de fluidos y sangre. Mi mejilla da directo con el pavimento rustico y mis lágrimas caen en él. Se hacen uno durante lo que puedo imaginar un largo tiempo, el frio está calando más hondo de lo que pensé ¿Cómo es que paso esto? ¿Cómo? Mis ojos se cierran hasta que siento como unas llantas frenan de golpe cerca de mi rostro, mi llanto se hace más incesante pero mis ojos no tienen fuerza para abrirse, mi mano sigue apretada en mi abdomen, siento como es apartada y reemplazada por otra mano. Unos murmuros en la lejanía son escuchados pero no puedo reconocer la voz, no creo que sea capaz de reconocerme a mí misma si me colocasen frente a un espejo. -¿Niña?- llaman con duda, siento la mano cálida posarse en mi frente, siento como mi cuerpo es arrastrado y luego mi espalda está siendo acomodada en algo acolchado, mis llanto no cesa incluso cuando ya no tengo fuerza, escucho como algunos murmuros son más altos y luego como una mano sigue presionando mi herida abdominal. Mis piernas son ligeramente encogidas para luego escuchar como la puerta de un carro es cerrada, quiero correr y huir, tengo miedo  pero ¿Qué más puede pasarme? ¿Mamá? ¿Papá? ¿Dios? ¿En dónde están cuando los necesito?  Me pierdo en los susurros antes de caer en un punto n***o. ** -¡Hey!- escucho la suave voz de una mujer cuando mi cuerpo se remueve en la suavidad. Mis parpados pesan a rabiar y casi me es imposible poder abrirlo y ver a la mujer delante de mí. Cuando los abro la imagen borrosa que pasa poco a poco a nítida se hace reconocible delante de mí. Mis labios están secos y creo que ella lo intuye cuando acerca un poco de agua a mis labios. -Ten- vuelve a decir con una voz satinada y rustica, es como si su voz no fuera el inglés natal, es como si aprendió el inglés pero lo habla tan fluido con algunas variaciones. Acerco mis labios a pajilla que es acercada y tomo un sorbo sintiendo el dolor fuerte en mi garganta, me hace recordar  que mi estancia allí no era en primer lugar a causa de una tarde de té. -¿Cómo te llamas?- escucho su pregunta pero mi mente está pensando cómo salir de  esta situación de la cual nunca supe cómo entre. -Elle- se escucha en un murmuro mi voz, es casi imposible poder escucharla realmente -¿Y usted?- pregunto cómo puedo mientras tomo otro sorbo de agua que es acercado a mis labios. -Agnes Russo- »   Fin del flashback…   Las palabras resuenan cuando mis ojos se abren dejándome de nuevo volver a la realidad de la cual la vida me hizo vivir, quisiera poder tener una vida normal, pero a personas como yo no se nos otorga el deseo real de que eso se cumpla. El deseo de que las mujeres puedan vivir libres va más allá de incluso mi propio pasado.   ** «-Te lo dije Elle- escucho sus palabras retumbar en el interior de mi cerebro mientras estoy tomando un poco de té en el living de la casa. -Lo sé- murmuro mientras doy un sorbo. -Usa jeans y camisetas holgadas cada que puedas- niega en mi dirección y yo solo asiento en su dirección mientras tomo otro sorbo, ella nunca se ha quejado de que agregue un poco más de azúcar a mi té de lo que la gente acostumbra a colocar, al parecer muy pocas cosas le llega a molestar de mí. -Lo siento- cierro mis ojos y dejo la taza encima del plato que la acompaña, la veo asentir. -Es por tu bien- sus palabras son cortas pero no necesita decir algo más allá de ello para saber que he cometido el error. Mis short deportivos no son lo mejor para salir a la calle, pero es que estaba tratando de conseguir la hoja que salió de mis apuntes y comenzó a perderse por la calle, mi cuerpo choco junto al de un chico. Era muy amable y conseguí que mi hoja llegara a mis manos, pero cuando me gire y entre a casa, Agnes me estaba mirando mientras negaba, su preocupación era elevada y más cuando vio como mi pecho subía y bajaba entrando en un trance, mis lágrimas bajaron y aun así ella se acercó y me acuno en sus brazos, ya luego estamos en esta charla.» **   -Agnes- murmuro en el silencio de la habitación, mi rostro es alzado y vuelvo a dirigir la mirada hacia la cartelera. Algunas fotografías tenían rostros felices ¡Jah! Felices. ¿Acaso alguna de esas personas sabían cada cosa que pasaba por la mente? 10 hombres y sus diferentes nacionalidades ¿Cómo? Miles de preguntas llenan mi mente pero no deseo que sean respondidas, no quiero sus respuestas mal hechas y tiradas a los golpes solo por la desesperación del momento que estarían viviendo. Escuchó como el pomo está siendo girado, mi cuerpo se tensa pero sé que solo puede ser una persona –Buenas tardes Señora- escucho la voz de Rubén entrar en mis oídos y tomar calma en ellos. -Hola Rubén- le respondí su saludo mirando hacia el ordenador que ahora estaba encendido mostrando una imagen random en el. -Lamento que se regresara a casa sola- estaba aún de pie en la puerta. Negué en su dirección y vi como el caminó hacia la fotografía rota en el suelo y tomo los pedazos. Veo como abre uno de los cajones y saca una de las fotografías del mismo hombre pero desde otro ángulo y colocada en el lugar que ocupaba la otra. Él sabia tanto como yo, por eso mi confianza estaba tan arraigada a la suya, observe como el cerro el cajón y camino hacia el sillón en donde se sentó junto a mí. -¿Porque lo hacen?- pregunte de la nada, es como si mis labios soltaron la pregunta sin querer saber realmente la respuesta. -No le puedo responder eso- niega mientras su mano se hace un puño encima de su rodilla. -¿Le compraste el regalo a tu sobrina?- pregunte tratando de aligerar mi propio pensamiento egoísta. -Cada uno de los regalos que le comente- me respondió con una sonrisa, sus hoyuelos se podían observar mientras sonreía de felicidad. -Sera una niña alegre con lo que has decido comprarle, por cierto ¿Qué edad tiene?- le pregunto mirando aún su dirección encogiendo mis piernas para subirlas al sillón y mirarlo de lado. -Está por cumplir 5 años de edad el próximo 20 de este mes- escucharlo hablar con admiración de su familia me hace sentir un poco mal, pero es como cuando ese sentimiento te hace sentir mal pero lo haces añicos en solo unos segundos. -¿Le puedo obsequiar algo a tu sobrina?- pregunte tratando de tener la aprobación de Rubén ante esta circunstancia, no me quiero salir con la mía, si él me dice que no tratare de hablar hasta convencerlo, si dice que si quizás pueda salir lo más pronto que pueda el día de mañana y adquirir un regalo para niña, estábamos bastante cerca de la fecha. -¿Esta segura?- me pregunta y asiento en su dirección –Ella estaría encantada de que usted estuviera en su fiesta, incluso si usted no lleva nada Señora Russo- dice con una sonrisa en sus labios, yo niego en su dirección y le dedico una sonrisa. -Estaré para su fiesta pero ¿Puedo regalarle algo?- le vuelvo a preguntar con un poco de tacto ante la situación. Los niños no son lo mío en el aspecto de tenerlos, pero no quiere decir que no me agrade cuando un niño es feliz. Se cuan feliz es Rubén junto a su sobrina y la forma en que la protege de la vida a capa y espada, no sé si es por todo lo que sabe de mi o es solo un instinto, aunque puedo deducir por la forma en que el actúa que es una mezcla de ambas. -Creo que si puede darle un obsequio a Mía- asiente mientras está respondiendo a mi  pregunta hecha desde hace un largo rato. Asiento mientras trato de repasar en mi mente la cantidad de cosas que uno le puede regalar a una niña de cinco años. -Rubén- le llamo y el gira su rostro hacia mí. -Dígame, señorita- -¿Qué le puede gustar a tu sobrina?- digo con una risa desbordando en mis labios –Es que no se sus gustos- me encojo de hombros mientras lo veo reírse. A las niñas les puede gustar los autos tanto como las muñecas, así que no creo que este demás hacerle la pregunta al tío consentidor de Mía. -Bueno creo que le puede gustar algunas cosas- comenta él y su mete está variando por como mira hacia el suelo. Y así hablando del próximo cumpleaños de Mía y el regalo, terminamos de pasar la tarde en aquella habitación llena de secretos, secretos tormentosos.
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