«-Solo unos pasos más Elle- estaba hablando en voz alta, habitualmente era más fácil hablar conmigo misma en voz alta, es como tener una real conversación de tu para ti. La esquina cada vez está más cerca, cuando llegue allí faltará un poco menos para poder llegar a casa.
A casa, a casa, quizás cuando llegue pueda tomar un baño y tomar las anotaciones que Julieta y Lorena me había dado, quizás así pueda llegar en orden a la asignación y compensar con algunas notas esta noche tan tardía.
La esquina se hizo presente pero antes de poder dar la vuelta una mano se posó en mi boca tapándola fuertemente incluso logrando hacer un poco de daño en el labio, agite mis brazos para dar un golpe pero mis piernas fueron alzadas, el temor comenzó a correr por mi cuerpo cuando otra persona hizo prisionero mis brazos.
Mi pulso acelerado estaba tan alto que podía escucharlos zumbar en mis oídos, mis lágrimas estaban comenzando a bajar cuando el callejón se volvió cada vez más oscuro. La fuerza que estaba ejerciendo con mi cuerpo era inimaginable para una persona de mi edad pero aun así era insuficiente.
No podía gritar, mis ojos se abrieron cuando mordí la mano del hombre que me sostenía la boca.
-¡Maldita loca!- grito dejando caer mi rostro.
-¡AUXILIO!- grite mientras mi cuerpo se contorsionaba y mis piernas estaban tratando de dar patadas que llegaran alguno de ellos, pero era imposible.
-La boca- escuche la voz del mismo tipo cuando un paño enrollado fue atado en mi boca acallando mis gritos pero logrando que mis lágrimas desbordaran.
-La suerte te toco- escuche.»
Mi respiración se volvió agitada y mis ojos se abrieron de golpe mirando el techo, sentía mi pecho trancado a un punto en que no sentía el aire poder entrar en mis pulmones. Agite mis brazos y caí de la cama con todo y la colcha aun cubriendo mi cuerpo.
Mis manos en el suelo y mis rodillas apoyando el peso del cuerpo, mi cabeza estaba caída y las puntas de mi cabello tocaban el suelo mientras mi respiración subía y bajaba lo más rápido posible.
Mis lágrimas hicieron acto de presencia logrando que el respirar se volviera más forzoso, deje caer mi cuerpo para poder sentarme en la puerta que estaba dando al closet, aun tenia enrollada la colcha en mis piernas, la aparte como pude porque el sudor estaba en cada una de las extremidades de mi cuerpo, no podía detenerlo al igual que mis respiración acelerada.
Mis manos pasaron por mi rostro restregándolo, no podía llamar a Rubén, era de madrugada según lo que estaba marcando mi reloj despertador, serían las tres de la madrugada y el necesitaba dormir luego de haber tenido un día tan agitado. Mi cabeza golpeo suavemente la puerta dejando mi mirada en un ángulo hacia la esquina del techo.
Comencé a regular un poco mi respiración recordando cada una de las cosas que me había estado diciendo la psicóloga durante el tiempo que asistí a su consultorio. Quizás mentí un poco para poder dejar de asistir, pero debo estar agradecida por cada una de las terapias a las que pude asistir.
Los minutos pasaron y ya serían las tres y media de la madrugada cuando mi cuerpo se terminó relajando un poco mientras estaba recostado aun, me levante un poco y camine directo al cuarto de baño y aun con la pijama me termine sentando en las baldosas, abrí la ducha y el agua comenzó a caer en mi cabeza.
El agua fría fue como un toque de volver a la realidad, esa realidad de la que siempre he estado tratando de escapar, mis manos se apretaron en mis piernas cuando la abrazaron y con leves movimientos de adelante hacia atrás mis lágrimas bajaban.
“Es necesario que llores cuando lo necesites” aquello me lo había dicho la psicóloga cuando termine llorando en el sillón en la cita de aquel día. Llore aún más cuando sentí su mano cálida en mi espalda, llore por muchas situaciones que estaba enfrentando además de mis propios recuerdos.
Ahora estoy llorando por un montón de recuerdos que aún siguen apuñalando mi cerebro y mi mente. Quizás es cierto cuando entiendes que algunas cosas cuestan superar.
Cierro la llave cuando mi cuerpo ahora está en las paredes de la ducha y tomo una toalla para enrollarla en la ropa húmeda. Llego con pasos pesados hacia el teléfono que estaba en mi mesa de noche, y mientras camino igual de lento por el pasillo marco al número de la única persona ahora que me puede contestar y no hacerme sentir culpa por ello, mi amiga.
-¿Elle?- es su forma de contestar, debe estar alejando el teléfono para comprobar que soy yo, mi respiración se hace evidente -¿Estas bien Cariño?- su suave voz perfora mi cerebro y vuelvo a llorar un poco más -¿Me necesitas allí?- vuelve a decir. Sé que ella necesita que lo diga para estar acá, pero no necesito que ella cargue con mi desastre, por lo menos no aun.
-Mis sueños- murmuro mientras me siento en una de las bancas de la isla de mi cocina.
-Bebé ¿Estas bien?- sabe de sobra que no lo estoy, pero aun así ella es muy considerada en preguntar, creo que además de Rubén y Agnes, Susan fue una de las mejores personas que deje entrar a mi vida.
-No lo estoy, pero gracias por responder la llamada, tenía miedo de molestarte- apoye mi mejilla izquierda en la superficie y mi otro costado estaba siendo utilizado por mi teléfono celular.
-Siempre puedo estar para ti, incluso si amerita despertarme- su suave voz me ayuda de una forma que no sabía fuera posible hasta que la conocí, es como esas personas que te puede dar la mano para cruzar la calle y aun así puedes confiar en ella de que no te pasara nada.
-Gracias Susan ¿Estas ocupada? ¿Te moleste?- pregunte un poco preocupada de que ella estuviera haciendo cualquier cosa y yo sea quien le esté quitando su sagrado tiempo.
-No, bueno, tal vez, estaba repasando unos apuntes para un examen para el doctorado- escucho como suelta el suspiro de resignación.
-¿Esta muy difícil?- le pregunto un poco tratando de girar la conversación a ella, seguro que cualquier cosa que ella me dijese podía hacer que mi mente pensara en algo más que mi ropa húmeda y mi pesadilla constante.
-Tal vez si, tal vez no- se escuchó su suave risita al otro lado del teléfono.
-¿Cómo es eso?- volví a preguntar mientras voy de camino a mi habitación para cambiar la ropa húmeda y no terminar con una gripe.
-Puede que sepa algo, pero puede que aparezca exactamente lo que no estudie, aunque se muchas cosas ya sabes, de esto de aquello, además el imbécil de mi novio no hace que las cosas mejoren- comenta ella con resignación.
-Nunca supe que le viste a él- le confieso mientras el teléfono esta en altavoz encima de la cama y mi ropa está siendo colocada sutilmente en una de las esquinas para salir con la pijama.
-El p**o que tiene, tal vez- suelta una risotada y yo la sigo cuando estoy colocando una sudadera dos tallas más grandes de lo que suelo usar.
-Seguro existen hombres con los mismos centímetros exigentes que tienes, pero él no está siendo lo que tu necesitas ahora ¿Lo sabes?- hago la última pregunta para que ella entienda.
-Siempre llega alguien mejor- lo suelta con desgana y escucho como el timbre de su departamento está siendo sonado –Mi comida a domicilio está llegando- escucho como está pagándole al chico lo que es al parecer una pizza.
-Te dejo tomar tu pre-desayuno- le respondo mientras camino de nuevo a lo que es la cocina y dejo el teléfono en la isla.
-Tenemos que vernos, cielo- escucho y asiento aunque ella no me ve.
-Lo necesitamos, te estoy avisando para que vengas- escucho su aprobación y su sutil despedida antes de girarme y colgar la llamada.
Voy hacia al refrigerador y tomo un vaso de jugo de durazno y camino hacia una de las bancas cercanas, me siento y tomo un sorbo del jugo mientras estoy mirando hacia un cuadro que está encima de la isla a la esquina final.
Mi brazo se estira y la tomo entre mis manos, el marco de madera esta pulcramente limpio y lo oscuro de él ayuda en gran cantidad. El vaso es dejado a un lado y mis dedos ahora libres recorren el vidrio que está cubriendo la fotografía.
Se puede ver en el fondo una playa de esas que son tan cristalinas que puedes observar hasta lo último de ella, delante de ese hermoso fondo estaba un hombre y una mujer, el tiene abrazado a la mujer por los hombros y ella tiene sus manos tomando los brazos de él.
La sonrisa de ambos adorna la espectacular fotografía, la hace ver radiante y como si ella puede hacer perdurar el recuerdo aunque pasen siglos.
Aquellos eran Dimitri Kozlov y Elle Russo en su viaje de luna de miel. Había pedido un viaje a la playa y él estaba dispuesto a bajarme el cielo con tal de complacerme. Hermoso el lugar y por no hablar del trato, era un hombre excepcional pero como dije antes, detrás de la habitación las cosas no siempre pintan los mismos colores pasteles.
Una que otra cosa se salían de las manos, no todos somos perfectos, ni él lo era, ni yo lo soy.
-¿Sabes cuantas noches deteste dormir a tu lado?- hice la pregunta mirando fijamente la fotografía aun en mis manos. -¿Sabes cuánto deteste tener relaciones contigo?- volví hacer la pregunta ahora mirando desafiante.
Tome el vaso y di otro sorbo al jugo antes de colocarlo entre la fotografía y mi cuerpo.
-¿Sabes todo lo que te odie?- mi pregunta salió con rencor al recordar todas esas veces en que sus manos terminaron en mi cuerpo y mis lágrimas en la ducha tallando cada rincón de mi piel que fue tocado y acariciado.
Deje la fotografía a un lado, nadie lograría entender lo que es este sentimiento de amor y oído que siempre sentí por Dimitri, y como nadie tiene que saberlo, yo tampoco tengo ganas de contarlo. Creo que lo suele saber puramente Rubén y algunas partes Susan.
Doy sorbo tras sorbo a lo que queda de jugo en el vaso y recuesto mi cabeza encima de mi brazo extendido. Mis ojos se están haciendo pesados poco a poco hasta que termino viendo todo color n***o.
**
-Señora- escucho a lo lejos y como mi hombro está siendo movido poco a poco y de una forma bastante ligera –Elle- escucho igual de lejos y mis ojos se están tratando de acostumbrar de nuevo a la luz.
-¿Rubén?- murmuro en la pregunta antes de volver a cerrar mis ojos y dejar que mi frente se apoye en la superficie de la isla.
-Si Señora, soy Rubén- comenta y lo veo sentarse frente a mí -¿Durmió acá?- pregunta y cuando alce mi cabeza parte de mi cabello rojizo quedo tapando mi rostro. Mire alrededor sin entender.
-¿Acá dónde?- pregunte quitando un poco mi cabello para tirarlo hacia el resto de él.
-En la cocina- miro alrededor con una sonrisa.
-Sí, creo que si- asentí mientras volví a juntar mis brazos y deje caer mi cabeza en ellos para volver a dormir.
-Creo que es hora de irnos- escucho de nuevo, asiento de nuevo y vuelvo a dormir de nuevo.
**
-Disculpe mi falta de ayer- la voz de Richard hizo eco en mis oídos y asentí en su dirección.
-No te preocupes, pero por favor hazme saber que no estarás, para por lo menos pedir un taxi antes de salir de la empresa- asentí con una sonrisa ladeada y el asintió con la mayor vergüenza dibujada en su rostro.
El trayecto es de lo más rapido como siempre, no tardamos en llegar a la empresa cuando ya Rubén está abriendo la puerta de auto para que salga, hoy especialmente Rubén y Richard están tratando de hacer méritos por la falta que tuvieron el día de ayer.
Lo que ellos no saben es que no lo necesitan, a ellos son a lo únicos a los que le puedo hacer una excepción, son unos fieles empleados y no me deben nada a mí, quizás yo a ellos y es por ello que mi trato siempre está a la altura de lo que ellos merecen.
Nadie es más ni menos que yo, aunque sé que Dimitri se encargó de dejar una imagen complemente diferente a la que he estado tratando de darle el último año.
Subo en el ascensor y mi taconeo vuelve a retumbar como cada día en la empresa, veo a todos muy eficiente en su trabajo cuando me están mirando, hoy por ejemplo tengo gafas para el sol y las estoy usando incluso en los pasillos de este lugar, eso a veces los intimida porque no saben exactamente a quien estoy mirando cuando termino girando mi cabeza hacia los costados.
Hoy es de esos días en donde necesito tomar mi desayuno en la oficina, no tenía tiempo y ganas de nada cuando me termino levantando Rubén. Mi despertador había estado sonando como loco en la recamara y aun así no lo termine escuchando, también termine extendiendo la ropa húmeda que había dejado tirada.
-Alexa ¿Puedes pedirme el desayuno?- comente cuando había quitado las gafas al llegar al puesto de mi secretaria, la mujer asintió y alzo el teléfono.
-¿Algo más Señora Russo?- me pregunto y negué antes de cerrar la puerta, para este entonces Rubén no estaba a mi lado, tendría algo que hacer, así que el desayuno solo será tomado por mí.
*
Escucho el toque a la puerta cuando estoy tomando un bocado del sándwich de jamón de pavo que había traído Alexa para mi desayuno cuando apareció Rubén detrás de la puerta.
-¿Has desayunado?- le pregunte y estire los otros dos Sándwich cuando él había negado en mi dirección, se acercó y dejo unas cosas que no logre divisar en el sillón que estaba al lado del que él estaba usando. Lo vi morder uno de los sándwich que había dejado y cerró sus ojos.
-¿Cómo es que consigue los mejores?- pregunta y mi sonrisa se ensancha y luego llevo mi mano a mi boca para que no caiga nada.
-No lo sé, Alexa siempre los consigue- niego en su dirección y le paso la taza de café en su dirección, lo veo darle un sorbo antes de morder de nuevo. –Tampoco sé porque siguen trayendo café- me encogí de hombros y seguí comiendo mientras movía un poco el mouse.
-Puede ser porque nunca ha dicho no al café y porque siempre que buscan los desperdicios siempre está tomado- me dice y asiento, no suelo tomar café y cuando lo hago Rubén se termina asombrando. Particularmente los días en que termino tomando el desayuno en la oficina, el termina tomándose el café. –Le he traído algo- me dice y lo veo limpiarse sus manos con una de las servilletas antes de tomar un sobre y pasarlo a mis manos.
-¿A qué se debe?- lo mire ladeando mi rostro y el asintió mientras terminaba su parte del desayuno.
Me limpio al igual que él hace un momento y decido que es momento de abrir, recuesto mi espalda en la silla y abro el sobre, alzo mi mirada hacia el que estaba casi en la misma posición que yo y asiente en mi dirección.
-Es el momento- lo veo limpiarse sus labios y suelto un suspiro.
Saco una de las fotografías que están en el sobre y veo el nombre de una persona en específico en la parte blanca de la fotografía.
“Jordán Jones”
Mis ojos imagino toman una tonalidad un poco más opaca porque cuando alzo la mirada luego de mirar la fotografía, aquello causa de una leve tos de Rubén, su expresión es un poco diferente.
Mi mandíbula se aprieta y lanzo la fotografía encima dela mesa antes de cerrar el sobre –Necesito que llames a la aerolínea y pidas las boletos- suelto aquello y lo veo al comenzar a levantarse de su asiento y sacar uno de los teléfonos desechables que tenemos para comenzar a marcar.
Me levanto sin quitar la mirada de la fotografía que está encima de mi escritorio, alcanzo la papelera y comienzo a tirar todos los residuos que habían quedado del desayuno aquella mañana, volví a ubicar la papelera y tenía las ganas de salir de una ves de la oficina hacer lo que necesita hacer.
Pero sabía que primero debía esperar a que Rubén terminara la llamada y luego podríamos terminar de cuadrar la partida de ese día. Además que faltaba ordenar mi maleta, aunque es mentira, ya tenía maletas de repuesto hechas por si en algún momento necesita salir de urgencia de Nueva York, pero en este caso tengo una maleta lista solo para este primero viaje. Así que por eso no tendría la más mínima complicación.
Me siento mientras saco una carpeta y comienzo a firmar unos papeles, escuchó la voz de Rubén y debes en cuando alzo la mirada para poder ver que era lo que estaba haciendo o por lo menos charlando a través del teléfono desechable.
Lo veo girarse en mi dirección y comenzar asentir, dejo salir una bocanada de aire y mi rostro comienza a tomar una postura que sabía estaba por llegar. Mis mandíbula está apretándose cuando termino de firmar el último papel de esa carpeta.
-El vuelo sale hoy en la tarde- me comunica antes de salir por la puerta de mi oficina dejándome sola con mis pensamientos.
**
Las ruedas de la maleta están sonando en el pasillo de mi departamento antes de dejarla cerca de la puerta en donde esta Rubén esperándome, me dirijo de nuevo a la habitación y tomo mi cartera con todas mis pertenencias, ubico mis gafas negras y las coloco antes de terminar en el living con Rubén mirándome.
Cierro la puerta y él ya está marcando al elevador, su maleta ya está en al auto con Richard, lo único que queda es poder llegar al aeropuerto y tomar el avión. Como siempre me encuentro complacida por la forma en que Richard maneja y es por ello que llegamos a un margen alto de tiempo.
Camino con mi maleta en mi mano antes de dejarla y poder tomar posiciones para subirnos al avión, veo como la mujer mira mi boleto y asiente en mi dirección y luego en la de Rubén, cuando ya entramos al avión nos llevan a la zona privada y nos ubicamos.
Rubén está en el puesto detrás de mí, dejo mi cartera en mi costado antes de quitar mis gafas en mi regazo.
-Buenas tardes Señora Russo ¿Desea algo?- me pregunta la mujer -¿Champagne?- vuelve a preguntar pero niego en su dirección, pero cuando la mujer está por retirarse alzo mi mano.
-Disculpe, si creo que una copa estaría bien- respondo lo más amable que puedo, ella está haciendo su trabajo y es lo mínimo que puedo hacer.
Cuando la veo retirarse acerco mi mano a mi cartera y saco el mismo sobre que me había dado Rubén esta mañana cuando estábamos tomando el desayuno.
-Aquí esta- escucho a la mujer y dirijo mi mirada hacia ella cuando está pasando la copa del champagne, lo tomo y le doy las gracias para verla como esta retirándose. No hay muchas personas en esta zona por lo que la comodidad y la privacidad es un gusto del que puedo estar complaciente.
Saco la fotografía del hombre y dejo el sobre en mi cartera nuevamente. Cruzo mis piernas y miro como el avión está despegando, miro la fotografía y doy un sorbo a la copa.
-No te podrás escapar- miro fijamente sus ojos, como podría olvidarlo. –Si ya lo hice una vez, puedo hacerlo algunas más- murmure para luego apretar la fotografía en la mano y tomar de golpe lo que restaba de la copa –Algunas más-