Capítulo 4: Los Ángeles

3722 Words
Mis tacones suenan por el aeropuerto, la mayoría de las personas que estaban a mí alrededor estaban en trajes un poco más informales, pero constatando la persona que suelo ser, ya me eran imposibles algunas cosas a simple vista. Se supone que mi estadía aquí se deriva hacia dos acciones que debía comenzar a realizar, una referente a la empresa y la otra, la otra referente a mi vida personal. Que una cosa tuviera unión hacia la otra me aligeraba en gran manera la solución exacta de una verdadera forma de poder reflejar mi estadía en los Ángeles. Rubén toma mi maleta y estamos subiendo al auto que nos llevara de camino hacia el hotel que había elegido el antes nombrado para pasar el tiempo en esta ciudad. Lo observo subir la maleta y cuando todo está en orden es cuando me dispongo a subir al auto. Lo veo abrir la puerta del copiloto y yo me ubico en los asientos traseros. Algunas charlas sobre el día, el clima y algunas otras cosas a las que no le estoy dando la mayor atención porque el teléfono había sonado marcando una notificación. * -No me abandones así- Susan XO-   -No te estoy abandonando, estoy de camino a un hotel en Los Ángeles, las reuniones consumen- ElleR- * Envió el mensaje a atreves de las redes y sigo mi camino hacia el hotel, Susan es agradable para hablar cuando las cosas no estan saliendo bien, es la viva imagen de la curita en la herida, ella puede hacerte sentir bien, ocupada y amada al mismo tiempo.  Mi teléfono vuelve a sonar. * -Tenemos que vernos- Susan XO- * Lo ha estado diciendo desde hace unos días antes, no es que no quiera verla, todo se limita al simple hecho de que he tenido mi cabeza en movimiento tratando de considerar cada paso de que supone tengo que estar empezando a dar. Aunque suponer no es la palabra, es lo que tengo que hacer, basta de suponer y asumirlo como lo que es.   * -Cuando vuela te prometo una noche de chicas ElleR- * Envió el mensaje y guardo el teléfono, sé que estaría respondiendo con mucha efusividad porque es lo que ha estado deseando los últimos días, pero por ahora mientras más alejada este de mí, menos sospecha caerán sobre ella. No me voy a permitir incluir a Susan en todo esto,  no pienso arrastrarla a lo que mi mente hace y mis acciones comenzaran a realizar. -Hemos llegado- escucho la voz de Rubén para luego observar cómo está bajando del auto seguido del conductor, tiro de la menilla antes de que él lo haga, me dedica un asentimiento y lo veo tomar las maletas, lo espero y camino delante de él hasta llegar a la recepción de aquel hermoso hotel. -Señora Russo- dice el hombre vestido de traje n***o y camisa de botones blanca, su cabello pulcramente ordenado y sonrisa de comercial. Alzo mi ceja y lo observo un poco nervioso, mis labios forman una simple sonrisa ladeada. -Guzmán- asiento en su dirección y lo veo teclear algunas cosas en el ordenador que está a un leve costado de él. Siento sus manos temblar, no lo entiendo. No soy Julia Roberts o alguna celebridad como para que él este en un estado tan abrumador. -Es un placer que usted eligiera nuestro servicio- su mano se estira hasta mí y entrega dos llaves, recuerdo que Rubén me había comentado levemente que había pedido una enfrente de la otra, así que asumo con las llaves de ambas habitaciones. -Siempre es un placer, Guzmán- respondo con una sonrisa, él mira directamente hacia mis ojos y traga hondo. Siempre trato de evitar la mirada fija de las personas, algunas suponen que tengo algo dentro de ella.  ** Flashback 7 años antes…   «Agnes venía a mi lado luego de hacer algunas compras que para ella eran sumamente necesarias, no era como que a mí me importara, ella había tomado un rol bastante entregado hacia mí. Casualmente ese día ella había elegido un centro comercial que estaba en su mejor apogeo, yo le pisaba sus talones, tenía ese instinto protector logrando que siempre me mantuviera bajo perfil.  Algunas veces me había comentado “Cuando sea el momento te mostraras” y como no lo era, siempre estaba bajo su sombra y ¿Cómo no estarlo? La mujer de la recepción de aquella tienda había seguido mis pasos que estaban siguiendo los de Agnes. Pero recuerdo cuando en un momento exacto ella se giró y nuestras miradas se encontraron fijamente, vi su ceño fruncirse y alejar su rostro de mí. -Para ser tan joven tienes una mirada fuerte- aquello lo escucho Agnes que sin esperar un segundo más se giró a mi rescate, sentía como mi saliva estaba ahogándome -¿Por qué dices eso?- pregunta ella, no es como si eso no lo hubiera escuchado de sus labios y es por ello que decía que tuviera la mirada al suelo. Algunas veces me dijo que podía mirar a través de mí, y yo le creía. -¿Has visto su mirada? Es diferente…- las palabras de la mujer quedan a medias cuando Agnes le resta importancia a lo que dice. -Sus ojos son azules- se encoje de hombros tratando de evadir el tema mientras toma mi brazo y me coloca delante de ella. El resto de la estadía pude sentí la mirada de la mujer encima de mí.»   Fin del Flashback… **   Algunos pensarían ¿Cómo es que recuerdas tanto? Y mi respuesta es ¿Cómo no hacerlo? Cuando vives detrás de cada cosa que te marca, es imposible que no lo hagas. No es como si algunas de las situaciones que habían pasado no fueran importantes, pero cuando tu mentalidad se enfoca en algo, no existe algo que entre el cielo y la tierra pueda detenerlo. Dejo que el botones deje nuestras maletas en las respectivas habitaciones, observo como Rubén me da un asentimiento con su cabeza antes de entrar en su habitación. Yo me dejo caer en la cama cuando el chica ya ha salido y cerrado la puertas detrás de él. Restriego mis manos por mi rostro tratando de ordenar más allá de mis pensamientos, tengo que hacer todo de la manera más sigilosa para que cualquier cosa aunque sea mínima, no sea vista por nadie. Aunque dudo que aquello sea capaz de ocurrir, lo que no lograron ver antes, no lo verán ahora. Me pierdo unos minutos en la suavidad de la cama antes de escuchar el toque a la puerta de mi habitación, se quién debe ser. Me levanto y abro, Rubén está parado frente a mi puerta, hago una mueca para que pueda pasar y él lo hace, camina hacia uno de los sofás más cercanos y se sienta durante unos instantes mientras estoy tratando de abrir la maleta que está en el suelo. Mis tacones estaban a un costado alejados de mí, quería un descanso de ellos. A veces era agotador. Veo como él se levanta y saca de su chaqueta un sobre, lo coloca en la mesa de noche y sale de la habitación. Me siento en la cama y saco lo que vendría siendo una fotografía y una tarjeta con una dirección. Agito su cabeza hacia ambos lados y comenzó a caminar hacia el cuarto de baño, quito todas sus prendas y desmaquillo su rostro. Era el momento de iniciar y mi propio cuerpo estaba titiritando de algo que yo misma no lograba reconocer. Entro a la ducha, abro ambas llaves hasta calcular la tibieza de la misma, había dejado a un lado el lavar su cabello, quizás lo haría mañana que era un día un poco más importante que el de hoy, pero sin desestimar, porque lo que haría hoy, tendría efecto el día de mañana. La ducha duro menos de lo que ella había imaginado que seria, se enrollo en la toalla color blanco que tenía la habitación y con la toalla de mano limpia el espejo empeñado. Su rostro pálido estaba reflejado en el espejo, su sonrisa hablaba más de lo que ella podía decir. Asintió y salió de la habitación con un movimiento de caderas, sentía su felicidad subiendo poco a poco. No sabía si era normal sentirse así. Había elegido un jeans ajustado color azul, una camisa color violeta, una tela suave y refrescante, unas botas color n***o, un sombrero en donde había recogido un poco su cabello en un moño y unos lentes oscuros. Se había maquillado un poco suave para que tuviera un poco más de credibilidad lo que estaba por decir. Observo por última vez la fotografía antes de meter el sobre en la maleta y guardar en uno de sus bolsillos la tarjeta con la dirección, su teléfono estaba en su mano y algunos billetes en su pantalón trasero. Salió de la habitación y toco la de Rubén, el hombre tardo unos segundos en abrir y cerrar la puerta, él estaba caminando detrás de ella cuando estaban saliendo del hotel. Trataron de salir lo menos sospechoso posible y por ende, de la forma en que nadie pudiera verlos realmente. Rubén alzo la mano y paro un taxi lo más rapido que pudo y ambos entraron en él. ** Flashback…   «-¿Si que hace calor aquí?- dice mi madre suavemente mientras toca mi cabello rojizo. -Deberías colocarle bloqueador- dice mi padre mientras pasa por mi lado con una pelota de playa por mi costado. Veo como mi madre saca un botecito y me para delante de ella, comienza a restregar la crema blanca por mi rostro, cubre cada lugar de él, además de cubrir mis hombros también. Le dedico una sonrisa. -¿Puedo?- pregunto apuntando hacia el mar. -Puedes ir con tu padre- dice ella y veo como mi papá me alza y corre conmigo en sus brazos, entramos al agua, estaba un poco fría pero no tanto. -¡Papá!- grito tratando de alcanzarlo pero correr en el agua era un poco difícil incluso para él. Estábamos riendo a todo lo que estaba dando nuestra barriga y nuestras mejillas. -¡Hey!- mi madre agita su mano en nuestra dirección y sentí como mi padre me alzo y camino conmigo aun en brazos hacia donde estaba mi madre aun sentada. –Pide algo para comer- mi padre asiente y va hacia algunos lugares en busca de lo que imagino seria comida -¿Cómo te lo estás pasando?- me pregunta ella mientras acomoda un poco mi cabello hacia atrás, sonrió en su dirección y me lanzo a sus brazos. Ella me aprieta en ellos y deja un beso en mi mejilla antes de que mi padre se una a nuestro abrazo improvisado.»   Fin del flashback… ** Un día con muchos recuerdos, salgo de aquello cuando siento como Rubén mueve mi hombro un poco, él y el taxista me han estado mirando pero estoy segura que Rubén no ha estado pronunciando mi nombre. ¿Por qué? Bueno, hemos llegado a un acuerdo en que él no debe llamarme por mi nombre a menos que sea necesario. Agito mi cabeza y abro la puerta, el sale de auto tratando de seguir mis pasos. Nos detenemos en un callejón un poco solitario. -¿Por qué nos quedamos aquí?- pregunto en bajo mientras veo como unos restos de basura hacen que sea desagradable estar aquí. -No pretendía que me detuviera frente al lugar- me responde en bajo mientras mira hacia el mismo lugar en que yo había detenido mi mirada –Usted de por si llama la atención- comenta –La tarde ya está presente- sabía que la oscuridad estaba ya cubriendo el paso de la ciudad en donde estábamos. -Si- cierro mis ojos y trato de tomar una bocanada de aire. -¿Esta segura?- me pregunta posando una mano en mi hombro, abro mis ojos de golpe y él  quita su mano rápidamente. -Se lo merece- digo mirando hacia el suelo, mi voz resuena en la rabia que me esta consumiendo –Pero, verlo- él toma mis mejillas y alza mi cabeza. -Usted es Elle Russo- asentí aun con sus manos en mis mejillas. –Ahora usted debería correr por este callejón lo mejor que pueda- niego y asiento al mismo tiempo –Cuando le dé la señal- Lo veo alejarse de mí, mi espalda esta recostada a la pared y el olor desagradable está inundando mis fosas nasales llevando hasta un recuerdo pasado, agito mi cabeza y lo aparto. Veo mi reloj y sé que han pasado ya diez minutos, mi movimiento de pie se está volviendo incesante. Entonces es cuando siento la vibración de mi teléfono. Sé que es Rubén, miro a cada lado y comienzo a correr por todo el lugar, siento como el sudor frio recorre mi cuerpo, sé que al final de este callejón estará Rubén, estará Rubén. Sigo corriendo mirando hacia el frente, alguno que me vieran pensaran que estoy loca, pero las cosas se deben hacer lo mejor que se puede. Cuando llego al otro extremo de la calle mi respiración es irregular, mi cabello esta desordenado debajo de mi sombrero y Rubén está mirándome, apunta hacia el bar y asiento antes de caminar como puedo hacia el lugar. Siento los pasos de Rubén a una distancia algo prudencial, abro la puerta y algunas pocas miradas se fijan en mí, camino airándome con mi mano, recuerdo al hombre de la imagen, mi sangre hierve en mis venas pero trato de calmarlas, veo que ambas bancas a sus costados están disponibles. -¿Puedo?- pregunto con una sonrisa, lo veo alzar su ceja y mirarme. -Todo suyo- su voz, su maldita voz. Aun llevo mis gafas oscuras y como la luz amarilla esta encima del lugar estoy segura que aun así no puede ver a través de ellos como el tic de mi ojo cobro vida. Los cierro y mantengo la sonrisa. -¿Qué desea la señorita?- me pregunta el hombre del bar. -Una cerveza, por favor- siento de reojo la mirada del hombre, lo veo alzar la mano y como el hombre del bar asiente. -¿Nueva?- pregunta Jordán, el hombre de la fotografía. -Algo así- comento mientras doy un sorbo de la cerveza. Quito mi sombrero y el color rojizo de mi cabello cae en mi espalda. -¡Wow!- escucho al hombre del bar, incluso el suspiro del hombre a mi costado. “-¡Abre las malditas piernas puta!- sus palabras resuenan en mi cabeza –Una polla para una maldita puta- su voz.” -Gracias- le respondo luego de un instante al hombre del bar. Miro de reojo como Rubén se ha sentado al otro lado de la barra. Su mirada discreta cae en mí. Pero sé que Jordán, el hombre a mi costado no sabe ni siquiera quien es, aunque incluso dudo mucho que se diera cuenta de que Rubén entrara. -¿Puedo saber tu nombre?- me pregunta, su voz es algo gruesa. Sus ojos recorren mi cuerpo, es algo inevitable. Ese es el problema del hombre atractivo, que por simplemente serlo cree que tiene cualquier privilegio. Incluso de violar. -Sofía Andrade ¿Y tú?- le respondo con suavidad mientras mi mano se pasea en el botellín de cerveza. -Jordán Jones, un placer Sofía- extiende su mano, mi mente hace un clic inmediatamente, no quiero tocar su mano, no lo quiero. La extiendo y la estrecho. La calidez que tiene me recuerda a lo frio que lograra estar en pocas horas. Mi sonrisa adorna mis labios y él sonríe de lado. -¿De dónde eres?- me pregunta, trato de verme lo más amable posible. -Michigan ¿Y tú?- le pregunto mientras doy otro sorbo a la cerveza. -Los Ángeles, nativo. Aunque durante un tiempo estudie en Chicago- le restó importancia tomando un sorbo de su cerveza. Como olvidar cuando estuviste en Chicago. -¡Oh vaya!- asiento alzando mis cejas, sé que se pueden notar encima de mis gafas. Él sonríe asintiendo -¿Alguna buena experiencia en Chicago?- comento en juego y el niega. -Una que otra aventura- le resta importancia –Lo que pasa en Chicago se queda en Chicago- terminó de decir y su sonrisa se ensancho. Mi pie está golpeando la silla en la que estaba sentida, y aunque había tenido que aprender a contralar algunas cosas, la hiperventilación no era una de ellas.  Baje mi rostro hacia la barra y volví a pasar el dedo por el botellín dejando marcas en lo que quedaba del frio que traía la botella. -¿Y tú?- pregunta el en mi dirección -¿Alguna travesura?- ¿Travesura? ¿En serio? Lo que él hizo lo considera una travesura. Mi mandíbula se tensa y mi nariz se ensancha  cuando el gira su rostro, inevitablemente yo giro el mío y veo a Rubén que está mirando fijamente a mi dirección, hace una mueca con su cabeza  y cierra los ojos. Lo veo como se levanta y deja unos dólares encima de la barra antes de tomar la bebida que estaba ingiriendo y caminar en mi dirección. No sabía muy bien que haría pero podía escuchar la voz de Jordán a mi costado, en un momento en que no sabía que estaba diciendo poso su mano en mi brazo. Me sobresalte y le dedique una sonrisa. -¿Lo siento?- ladee mi cabeza y no dejaba de sonreír hacia mí. -¿Qué si quieres dar un paseo?- me pregunta y yo niego en su dirección. -Vengo de dar un paseo, me perdí un poco- me encojo de hombro y hago una mueca triste. -Una chica como tú, no puede andar sola por la calle- advertí como su mirada viajaba por todo mi cuerpo y como su lengua paso por sus labios, no tardó mucho en su observación cuando me gire hacia todo el lugar y Rubén dio de lleno contra mi cuerpo desestabilizándome. -¡Oh Dios mío! ¡Lo siento!- su voz esta como desesperada. Veo como Jordán se tira de su asiento y cae a mi lado. -¿Qué te pasa?- le golpea el hombro a Rubén, veo de reojo como este está apretando su mandíbula. -¿Puedo ofrecerle una toalla?- pregunta en hombre de la barra y Rubén toma la toalla y la pasa por la camisa limpiando lo que puede. -¡No!- la voz fuerte de Jordán retumba en mis oídos. Quita la toalla de las manos de Rubén y empieza a pasarla por mi camisa. Me aparto como puedo y declino. -Déjame ir al baño- tomo la toalla de sus manos y veo como Rubén ya no está en mi campo de visión. Camino a paso rapido frotando la camisa con la toalla. Solo basta pasar la puerta para que mi espalda golpee con la puerta de madera oscura, mis pulmones toman aire en grandes bocanadas. Cierro mis ojos tranquilizando mi cuerpo y camino hacia el lavado, abro la llave y mojo la toalla. Duro unos cinco minutos y salgo del baño. Jordán tiene una mano en mi banca. -¿Estas bien?- pregunta recorriendo mi cuerpo de nuevo. -Claro, pero creo que iré a casa- me encogí de hombros y le devolví la toalla al hombre del bar. -Yo te llevo- lo vi sacar algo de dinero de su billetera y lanzarla a la barra. -¡Oh no! Como crees, disfruta de tu noche- doy un golpe en su hombro y él toma mi mano. -Yo te llevo tranquila- vuelvo a negar. -En serio, solo debo cambiarme, pero sería agradable volver a vernos- ladeo mi cabeza, mis gafas no abandonaron en ningún momento mi rostro. Lo veo alzar su ceja. -¿Quieres mi numero?- me pregunta y lo veo sacar un papel arrugado de su billetera y pedir una pluma al hombre del bar que le paso una –Aquí tienes hermosa Sofía- me pasa el número, lo leo. Realmente ya lo tenía pero siempre es mejor no levantar sospechas –Gracias Jordán- palmeo su hombro lo más rapido que puedo tratando de verme amigable. -Espero podamos disfrutar un poco más- su mirada no abandona mi cuerpo y aquello me está haciendo sentirme sucia. Necesito volver al hotel. -Te llamare pronto- comente dándome la vuelta y colocando mi sombrero de nuevo encima de mi cabeza y saliendo de aquel bar. Camine unos pasos alejados y en una pared que era de ladrillos recosté mi cuerpo. -Lo siento- la voz de Rubén tranquilizo mis oídos. -Gracias- murmure, le sentí su mano enrollarse en mi brazo y tirar un poco de mi para subirme a un taxi -¿Puede colocar algo de música?- le pregunte al hombre mayor. Asintió con una sonrisa y una canción que ni siquiera sabía de quien era comenzó a llenar el vacío del auto. ** Flashback… «-Señora Russo- la llame cuando estaba tomando notas de algo que no podía leer muy bien. -¿Cuántas veces tendré que decírtelo?- su voz sonaba en reproche pero una sonrisa perfilo en sus labios. -Agnes- volví a intentar y ella asintió riendo en mi dirección luego de quitar sus anteojos. -Dime, Elle- su mirada esta fija en mí. Aquellos ojos eran la única muestra de salvación en mi vida. -Quiero llevar su apellido- no aparte mi mirada de la de ella, ladeo su cabeza e hizo una mueca. -¿Por qué?- pregunto entrelazando sus manos sin apartar la mirada de mí, creo que ella es la única persona que he conocido luego de aquel momento la cual ha podido mantener mi mirada. -Elle Davis murió aquel día- mi mandíbula se apretó en el recuerdo –Y no quiero saber de ella- mi mirada dio de lleno en el piso. -Elle Russo- asentí alzando mi mirada llena de decisión -¿A qué se debe eso, Elle?- vuelve a preguntar. -La justicia nunca llego a mí- mire hacia un costado –Y si ella no llego, yo iré a ella- mis azules ojos golpearon los suyos. Alzo su ceja. -Elle Russo será entonces tu nuevo nombre- asintió en mi dirección y alzo su teléfono.»   Fin del flashback…
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