—¿Cómo es el señor Almagro?.—La pregunta de Carmelina me tomo de sorpresa. Aunque me fascinaba su físico y deseaba desde el beso que le robe en la mañana...probarlo como una chupetina y comermelo como mi fruta favorita, el melocotón. No sabía cómo describirlo. —¿El señor Prometeo?. —Claro tontita.—Me dijo sentándose en la cama. Carmelina llevaba media hora en la gran casa. Había llegado de sorpresa lo cual me hizo muy feliz...estaba muy aburrida en ese lugar...lo mejor era que su madre la dejaría pasar toda la noche conmigo. Ya hasta habíamos hecho planes para salir en la noche. —¡No pienses tanto Lulú...!. Dime como es.—Odiaba su insistencia, para calmarla decidí intentar describirlo. —No es un viejo como pensábamos, parece de treinta y tantos.—Le conteste con naturalidad.—Fue una g

