Nadia me tomó la mano con lentitud. No era un simple contacto; no, había algo más. Su pequeña manita temblaba al tocarme, pero se aferró con fuerza a mi dedo índice, como si temiera que soltarme significara desaparecer. Sentí su piel tibia, frágil, aferrándose a la mía con una mezcla de miedo y necesidad que me desarmó. Me miró fijamente, como si tuviera miedo incluso de respirar. Mis ojos se llenaron de emoción. —Mami, ¿Nadia cocinará con nosotros? —preguntó Declan con una dulzura que hizo que mi corazón se ablandara aún más. Intenté no asustarla; mantuve mi personalidad calmada. —Sí, ella cocinará junto a Fluffy, ¿verdad? Nadia asintió ligeramente, aún temerosa, pero solo vino conmigo porque Declan le contó de su plato preferido. Esa noche decidí hacer espaguetis con el apio que Na

