La ruptura del clan

1946 Words

La mañana comenzó con gritos. No los gritos desesperados del miedo, ni los apagados del duelo. Eran gritos de discusión, de postura, de gente eligiendo un lado. Cuando crucé el patio principal, lo entendí al instante. Dos grupos. Separados. Claros. Irreconciliables. A la derecha, frente al salón del consejo, estaban los que seguían al heredero: los guerreros más jóvenes, los que habían crecido admirando su destreza, los que aún creían en el trono por linaje más que por mérito. Sus capas rojas se agitaban con orgullo fingido. A la izquierda, cerca de la hoguera apagada de Mael, se reunían los otros: ancianos que respetaban la profecía, mujeres que sabían leer los silencios de la tierra, hombres que habían visto lo suficiente para desconfiar del heredero y de su temperamento. Eran

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