— ¿Dónde estoy? — pensé — ¿Qué hago aquí?
Mis parpados me pesaban como un demonio.
No sabía dónde estaba ni que estaba haciendo.
Lo último que recuerdo es estar en transformaciones, cogiendo apuntes.
Empecé a oír voces lejanas que no reconocí.
Intenté abrir los ojos, pero pesaban demasiado para poder abrirlos.
Una Black nunca se rinde, pensé animándome.
Poco a poco, y tras mucho esfuerzo y tiempo intentándolo, conseguí abrir mis ojos, encontrándome a un Harry preocupado, y a la Sra. Pomfrey, la enfermera del colegio.
Me relamí los labios, que tenía secos para hablar.
— ¿Cuánto...? ¿Cuánto llevo aquí? — conseguí preguntar con dificultad.
— Un mes — dijo la enfermera para luego ofrecerme un frasco con un líquido verde — toma, bébelo.
— ¿Qué es eso? — pregunté con cara de asco.
— Algo que te ayudará a recuperarte, te sobrepasaste mucho con la magia y si le sumas el estado de ánimo y el cansancio hizo que tu cuerpo colapsase entrando en un coma temporal de un mes — explicó.
— Ohhh, ya veo... — dije para después mirar el líquido con mala cara y beberlo de un trago entre arcadas.
— Lyra, me alegro de que estés bien, estaba preocupado — dijo Harry, aliviado.
Le sonreí con dulzura.
— Harry no tenías que preocuparte, estoy bien... — dije para tranquilizarle, pero en verdad tenía unas ganas continuas de llorar y la tristeza me consumía.
— No puedes mentirme Lyra, sé que los gemelos te han dejado de lado sin darte explicación y estas triste, tu pelo te delata — dijo Harry preocupado.
— Ya...pero, ¿Qué quieres que haga? Es decisión de ellos el ser mis amigos o no — dije, encogiéndome de hombros.
— No te rindas, ellos se lo pierden — dijo Harry regalándome una sonrisa.
Sin darme cuenta le devolví la sonrisa y asentí.
—Tienes razón, ¿sabes? Tengo unas cosas para ti que no te di cuando caí en coma...bueno pensaba dártelo, pero no sabía que caería en coma — dije para luego reírme, a lo que Harry se rió conmigo.
— Vaya Señorita Black, me alegro de que haya despertado y de que también haya mejorado su estado de ánimo, aunque sea solo un poco.
— Hola Profesor, si aquí mi hermanito me ha dado un buen consejo que tomare en cuenta y que seguiré a partir de ahora — dije, guiñándole el ojo a Harry para revolverle el pelo mientras reía.
— ¿Hermanito? — dijo Dumbledore con sus brillantes ojos ocultos tras sus gafas de media luna.
— Sí, le dije a Harry en el tren de Hogwarts que a partir de ahora sería mi hermano pequeño —dije sonriendo.
— Ohhh, ya entiendo, es bueno que se aprecien sí. Sobre lo que le ha sucedido...espero que no vuelva a caer en coma — dijo Dumbledore seriamente.
Asentí con la cabeza.
— Tampoco está en mis planes, Profesor — dije con una sonrisa avergonzada.
— Bien, pues entonces volveré a mi despacho, ya saben, me encantan los caramelos de limón — dijo antes de sonreírnos y salir.
— ¿Caramelos de limón? — preguntó Harry, extrañado.
— Es la contraseña para pasar a su despacho — dije despreocupada.
— Ahhh — dijo Harry.
— Señora Pomfrey — llamé a la enfermera que me miro atenta — ¿Cuándo podré salir de la enfermería?
— Ya mismo, si así lo desea Señorita Black — dijo la enfermera con una sonrisa antes de entrar a su despacho.
Bajé de un salto de la cama, notando raras las piernas, cayendo al suelo de cara.
— Auch... — dije sobándome la frente y levantándome.
— ¿Estas bien? — dijo Harry a lo que asentí, y pasando mi brazo por sus hombros, sonriéndole, salimos de la enfermería.
Después de mucho tiempo mi pelo era de mi color natural, aunque no tardó mucho en volver azul.
Fred y George pasaron por mi lado sin mirarme, lo que hizo que bajara la mirada y mi pelo se volviera azul.
— No les prestes atención, pierden más que ganan — susurró Harry a lo que asentí y le sonreí tristemente.
Al llegar a la sala común le dije que esperase allí, subí corriendo las escaleras hasta mi habitación, cogí la bandolera, y la baje sentándome al lado de Harry.
— Ya está, aquí lo tengo — dije sonriéndole mientras habría la bandolera para empezar a sacar todo tipo de dulces y artículos de bromas para principiantes más una botella de cerveza de mantequilla.
— ¿Es para mí? — dijo Harry con sorpresa a lo que asentí.
— Te prometí que en mi primera salida a Hogsmeade te compraría dulces y cerveza de mantequilla para que la probaras — dije sonriéndole — Y yo cumplo todo lo que prometo — dije con orgullo — A parte no está mal malcriar un poco a tu hermanito pequeño ¿no? — dije sonriéndole.
Harry asintió y le ayudé a subirlo todo a su dormitorio.
— Si necesitas algo so... — empecé a decir.
— Solo pídemelo — dijo Harry, terminando así mi frase, lo que hizo que sonriera — Lo hare — dijo sonriéndome.
— Exacto — dije devolviéndole la sonrisa — Por cierto, ¿sabes porque los gemelos han dejado de hablarme?
Harry negó con la cabeza y suspire con pesadez.
— No entiendo nada... — dije para que después me sonara la barriga del hambre — ¿Qué hora es?
— La hora de cenar ¿vamos a cenar al comedor? — me preguntó Harry para yo asintiera con la cabeza, siguiéndole hasta el comedor.
El comedor estaba lleno de gente, como siempre, me senté enfrente de Harry, ron y Hermione.
A dos sitios a su lado estaban los gemelos con Lee Jordán.
En ningún momento les miré, igual que ellos no me miraron a mí.
Ellos se fueron pues que ellos vuelvan, no pienso arrastrarme como una vil serpiente tras ellos por nada, pensé enfadada mientras mi cabello se volvía rojo ganándome la mirada de medio comedor.
Bufé y seguí comiendo para sonreír.
Si no recuerdo mal el mapa del merodeador lo tengo yo, mañana mismo sigo con mis bromas, aunque sea sola, pensé.
Y ya tengo mis primeros objetivos... Si no estaban conmigo estaba contra mí.