Alondra y Catriona entraron de prisa a mi habitación y me vieron lanza en el piso. Ellas comprendieron que ya estaba hecho, que había sido sincera con Vicent. ― Amanda, por dios levántate. Ambas se esforzaron para ayudar a levantarme. Hicieron que me sentase en una de las sillas ubicada al lado de la ventana. Se dedicaron a abrazarme y así estuvimos, en silencio, dejando que mis lágrimas se secaran y el dolor en mi garganta y mi corazón se esfumara. El dolor en mi garganta se esfumó pronto; pero el dolor en el corazón desaparecía hasta que Vicent me perdonara. Me sentí más tranquila con la compañía y el apoyo de mis amigas y me atreví a contarles lo que había sucedido en nuestra conversación con Vicent. ― Me ha dejado sola. No ha sido capaz de perdonarme. ― ¿Que te ha dicho? I

