PREFACIO
Cuando todo comenzó, una historia forjada por el destino...
―La reina de Aspen busca esposa para el príncipe Vicent. Nosotros como Reino de Austin aunque somos parte del tratado de los siete reinos, no enviaremos a la princesa Miranda a la Vendimia ― El rey hizo una pausa para acomodarse en su trono. ―Quiero propuestas para evitar la ruina que esta acción conlleva.
La sala de audiencias del rey Felipe estaba en sepulcral silencio. Ninguno de los ministros terminaba de creer que el rey estuviera desafiando a la reina de Aspen de esa manera, mintiendo para salvar a su hija de la vendimia.
Uno de los presentes pidió la palabra con una reverencia y el rey se la concedió.
―Es imposible mentir a la reina María, descubriría rápidamente que no hemos enviado a la heredera y eso su majestad es quebrantar las leyes que nos rigen. En lo personal creo correcto enviar a su majestad, la única hija legitima de Austin, la princesa Miranda y evitar así un castigo para nuestro reino.
El ministro Ferdinand sentía cómo el sudor de su frente empezaba a recorrer su rostro. Las arrugas formaban causes donde el río sudoroso de su nerviosismo fluía sin cesar. Estaba claro que se había mostrado cobarde, pero más valía la razón que la compostura en un momento determinante como ese, donde la noticia de buscar esposa para el príncipe era un evento poco visto en la historia de los reinos del círculo. El silencio volvió a reinar en la sala.
El rey Felipe lo observó con sus ojos grandes, los ojos de un rey que seguramente había pensado con anticipación las consecuencias de su decisión pero que confiaba que alguno de sus ministros y consejeros brindara una idea brillante, lo creía así porque lo necesitaba. Necesitaba aferrarse a la idea de una salvación. Necesitaba paz para su conciencia secretamente manchada en un pasado que regresaba.
―Si el rey me permite…
El primo del rey, el general Karden se puso en pie y luego hizo reverencia. El rey alzó su mano en señal de petición concedida.
―Aquí hay una solución que ha llegado a mí como una iluminación divina pero antes debo preguntar, ¿por qué el rey no desea enviar a la princesa Miranda, es que solo teme su muerte o no le cree capaz de conquistar el corazón del príncipe Vicent?
El rey cerró sus ojos. Tenía presente que en cualquier momento esa pregunta sería lanzada y causaría murmullos entre los presentes y efectivamente, hubo un juego de miradas entre los caballeros. Todos lo habían considerado pero temían ofender al rey.
―Debo fidelidad a mi pueblo así que os diré la verdad y nada más que la verdad. La verdadera razón es que mi hija ha enfermado de muerte.
El público congregado soltó un murmullo de sorpresa y dolor. Era la princesa quien estaba enferma y la futura reina de Austin.
―Como saben, el que esté enferma no la exonera de participar en la Vendimia. Pero la pone en desventaja ante las demás princesas. No obstante, mi hija morirá pronto y no quiero que muera lejos de su reino. Y si ella no es enviada, aniquilarán nuestro reino porque lo tomarán como ofensa a los demás reinos hermanos. Y no estamos preparados para un ataque, no podríamos defendernos… no todavía.
El general Karden lo sospechaba. Así que podía dar paso a su ingeniosa idea.
―Su majestad, entonces no hay más salida que enviar a mi hija Amanda en su lugar…
Los hombres del rey reaccionaron como si acabaran de escuchar la idea más estúpida del reino para un asunto de esa dimensión… Pero el rey pareció curiosamente complacido… Un destello de complicidad deslumbró en ambos.
Una chica del reino de Austin iría a la Vendimia y se convertiría en una princesa por intercambio.