Estaba tirada en el piso sin saber qué hacer. Releyendo cada palabra del rey Felipe como una vil y cruel tortura. Sintiéndome impotente y un traidora hacia Vicent. Recién habíamos acordado ser sinceros y cuidarnos mutuamente, pero yo le estaba apuñalando por donde más duele a un ser humano: la mentira. ¿Qué haría Vicent ante mi verdadera identidad? ¿Sería capaz de perdonarme? Si, quizás me perdonaría con el tiempo, pero la reina María ni Aspen me perdonarían la vida y destruirían mi reino natal, y con ello miles de vidas inocentes. Todo, por una decisión del rey y de mi padre de enviar a la chica incorrecta a la vendimia. Dejé la carta sobre la cama y salí de la habitación huyendo al borde de las lágrimas como producto de una crisis nerviosa, intentando encontrar a Alondra para desaho

