La ligereza con la que regresamos a palacio fue abismal. El cielo se había cubierto con la oscuridad de la noche y el cantar de los grillos a la entrada del reino nos recibió como un presagio de malas noticias. Un grupo de soldados y doncellas salieron a recibirnos a toda prisa. Los soldados en gran numeró sirvieron como escudo al príncipe y las doncellas se encargaron de mí, entre ellas estaba Lucy. Al estar dentro de palacio, Lucy se acercó rápidamente y me abrazó tan fuerte que pude sentir su nerviosismo producto del temor por lo acontecido. No solo ella se mostraba de tal manera sino también las demás doncellas. Algunas entre ellas compartían información de oído a oído, en una cadena de susurros. ―Alteza estábamos preocupadas por usted. Han reunido a las demás y sus comitivas en l

