El ambiente de felicidad que se vivía en la casa de Amanda y Polly, era tan imponente que las carcajadas y lágrimas productos de tantas risas se volvieron lo principal, haciéndome olvidar de todo lo que pasaba en mi realidad, disfrutando de mi novio, su familia y la amistad celebrada por el contrato en conjunto. Hacía días Franco y yo no podíamos disfrutar de la magia que nos rodeaba, y recordar el motivo gracias a un tema en la conversación del almuerzo, me impactó a tal punto que necesité retirarme de la mesa para ir al baño con un malestar insoportable. Así pude escuchar en el silencio, los pensamientos que me habían llevado a sofocarme, porque me negaba, no quería, no podía arruinarlo, no podía ser yo quien demoliera de esa forma tan brutal lo que tanto nos había costado construir, fu

