Si la gente que estaba en el patio de Amanda nos llegaba a ver, automáticamente pensarían que entre Franco y yo pasaba algo a juzgar por mis ojos hinchados, pero no podía evitarlo y tampoco me importaba lo que pasaba por sus mentes, quería irme y él no me expuso a ese juicio, ya que le avisó a su mamá y ella se acercó a la sala a saludar con Sam por detrás, manteniendo la discreción de nuestra huída. —Qué lástima que se vayan Mia, la estábamos pasando bien. —se quejó Amanda, y cuando me vio a los ojos su expresión cambió. — ¿está todo bien amor? —Sí está todo bien Amanda, gracias por invitarme, lamento que me tenga que ir. —intenté sonreír pero ni siquiera fue una mueca. Ella me miró preocupada y me abrazó por un minuto. —Espero que se solucione. —Gracias. Cuando me soltó, noté a Sam

