El restaurante que Franco eligió me pareció fantástico, ya que era acogedor y por la fachada, la gente que lo frecuentaba no era de la clase que esperábamos cruzarnos, así que estuvimos distendidos, sentados en la última mesa del salón y por consecuencia más pequeña, lo que nos dio facilidad para estar cerca uno del otro al punto que nuestras piernas se rosaban por debajo. Aislados de los pocos comensales por ser lunes, siendo beneficioso para besarnos y tocarnos sin arriesgarnos a la crítica del ojo público. —Me encanta tu sonrisa. —le dije, él agachó la cabeza y negó con esa sonrisa que lo iluminaba pero le costaba mantener cuando no hablaba de su contrato. —Estoy muy feliz, a pesar que se está yendo un poco el efecto. —No dejes que eso se interponga hoy, estás feliz Fran y yo también

