De alguna forma u otra, sabía que Sam intervendría para ayudar a Franco a sobrellevar las emociones que se le entremezclaban, él siempre me dijo que era la única persona con la que lograba llorar, reír, meditar y mostrarse sin miedo al juicio, porque como mejores amigos, eran tan unidos entre sí que lo sentimental para ellos no era ajeno. Sam no tardó mucho en escucharlo y saber con más exactitud lo que le pasaba a su amigo, así que en cuanto pudo llamarme para contarme con certeza lo que Franco me ocultaba para fingir estar bien, lo atendí a pesar que estaba en el recreo. — ¿Y te dijo algo más? —No más que eso, está muy angustiado, nunca lo vi así. —Si lo sé, pero no sé qué decirle, prefiero que evitemos el tema hasta que llegue el momento, por ahora es innecesario. —Le dije lo mismo

