Creíamos que la celebración para los menores de veinticinco años empezaría una vez que los adultos, se fueran a dormir, pero en cuanto el alcohol se hizo el verdadero protagonista junto a los juegos que Polly y Amanda se inventaban, nadie quiso irse hasta tener la suficiente ebriedad. En lo personal no me sentía bien para tomar y Franco no quiso más que un vaso, muy diferente a mi mamá que se puso borracha muy rápido y me hizo pasar vergüenza en todos los sentidos, siendo la vieja loca que hacía reír a todos, lo único que me dejaba tranquila era que mi suegra no estaba diferente, y entre las dos lograron ser el centro de atención de los juegos. —Acompañame un rato. —me dijo Franco en el oído y me hizo levantar de su regazo, aprovechamos que todos estaban eufóricos para ver quién tomaba má

