Las fiestas a la que Franco iba eran diferentes a las que yo asistía, no había adolescentes alocados probándose la superioridad y probablemente yo era la única con dieciocho, la mayoría rondaban los veintitantos y su modo de divertirse no era tan hormonal. Para nosotros, era la primera vez que podíamos disfrutar de una fiesta juntos, bailando, riendo, tomando y besándonos cada cinco segundos, llevando nuestra excitación a una complicidad que nos permitía el contacto íntimo, la música alta y las luces del lugar. —Quiero ir al baño. —le dije al oído, no me contestó pero le dejó el cigarrillo a Sam para empujarme de la cintura y hacerme caminar entre medio de la gente, sosteniéndome con firmeza. En el camino, saludó a un chico y le habló al oído, éste le dio una llave y seguimos escaleras ar

