Tenía el estomago revuelto y lo primero que hice cuando llegamos a su casa, fue correr al baño a vomitar todo alcohol que había tomado, junto a los nervios causados me descompusieron de tal manera que no pude parar por unos minutos. Franco entró conmigo y me levantó el pelo acuclillándose detrás de mí para evitar que lo ensuciara, refregándome la espalda y ayudando a tranquilizarme. —Jen hacía eso siempre cuando supo que estaba embarazada, ¿no estás embarazada, no, Mia? —me preguntó Sam desde el umbral de la puerta y Franco bufó. —Estúpido, tiene resaca. —Lo que sea, me encantó como le pegaste Mia, fue todo en cámara lenta para mí, la verdad es que sos mi ídola. Ignoré las miradas que Franco le daba a Sam pero me di cuenta que eran fulminantes, ya que el pobre se retractó y se alejó un

