Capítulo 28. La adicción en la cárcel de oro. POV Antonella. Los días en esta isla se han convertido en una neblina caliente, un ciclo constante de placer y tensión que me roba la capacidad de pensar con claridad. He perdido la noción del tiempo; podría ser lunes o jueves, la verdad ya no importa. Mi existencia se reduce a la proximidad de Dimitri y el rugido constante del Mediterráneo. La confrontación ha dado paso a la sumisión estratégica, la única forma que he encontrado de sobrevivir y recabar información. He decidido jugar su juego, convertirme en su “gatita” devota, mientras por dentro, la Gildris implacable toma notas. Compartimos un frenesí que desafía la lógica. Una tarde, en la playa privada, la arena fina se convierte en nuestro lecho improvisado. El mar nos da su banda s

