Capítulo 10. Desequilibrio. POV Dimitri. Mis manos tiemblan, no de miedo, sino de una rabia helada. Me giro hacia mis hombres, la furia contenida es palpable, y camino a la mesita, tomando mi arma. Los apunto. “¿Quién? ¿Quién fue?” pregunto, mi voz peligrosamente baja. “Yo, señor. Pensé que con la alarma la señal de entrar era clara. Yo pensé…” Le disparé en medio de la cabeza. El agujero lo desvive al instante. El resto de los presentes se quedan en shock, temblando ante mis acciones, mientras la sangre en mi pecho —sangre de mi subordinado— causa en mí una profunda insatisfacción. “¡ENCUÉNTRENLA!” Ante mi grito, todos se mueven a buscarla. Mi voz sale firme; estoy agitado. Empuño en mis manos su pulsera, el único rastro que me queda. La sangre en el suelo me enfurece. Está droga

