Ni modo, me tengo que levantar y celebrar mi matrimonio de mentiras; todo es por crear mi dinastía, pero para lograrlo tengo que soportar a Caramelo o ella me tendrá que soportar a mí.
Ladrón roba a ladrón, tiene cien años de perdón, ya que eso haré con la chica que quiere un año para ver si puede amar durante ese lapso de tiempo o si está tramando matarme.
—Dame un minuto padre —alzo la voz, pero a la vez gruño al sentir un dolor fuerte en mi cabeza.
Hago a un lado el edredón y me levanto descalzo, arrastrando mi pantalón de seda de Chanel. Abro la puerta tras restregar mis ojos y luego ver a mi padre con el ceño fruncido y yo gruño.
—Al parecer la cama no te quiere —dice al pasar a lado de mí.
—Y qué se puede decir de ustedes —doy media vuelta siguiendo sus pasos.
—He venido porque mañana se efectuará la boda y tenemos que terminar unos detalles.
Aaahhh… Ahora me dio migraña y con todo lo que me rodea más, lo que puedo necesitar es un viaje de negocios, hacer un negocio que me mantenga lejos de Caramelo, puesto que mi familia no tiene culpa más que solo ayudarla a ella.
Ja, ja, ja… conozco a mi familia, se puede decir más que cualquiera, por eso acepte el matrimonio y haré todo lo contrario de lo que ellos quieren. Piensan que casándome volveré a confiar o perdonar a Caramelo. ¡Se equivocan!
—Hagan lo que quieran —me dejo caer sobre la cama.
—Pero es tu boda —protesta.
—Y por lo que es mi boda te lo digo padre —contraataco.
—Me encargaré de todo y acéptalo como mi regalo de bodas —cinismo casual.
—Ssshhh… déjame dormir padre… —gruño.
(Caramelo)
Ah, no he podido cerrar el ojo en toda la noche pensando en la locura que estoy por cometer, no sé si está bien lo del matrimonio. Hmm... al parecer me estoy arrepintiendo de ello, ya que Dayron no me perdonará lo que hice y eso porque Liliam me contó lo que él piensa.
Ah, debe entender algún día que todo lo que hice fue más para él que para mí.
Se me está saliendo de las manos esta locura de demostrarle lo mucho que lo amo, pero si no me caso perderé la oportunidad de no intentarlo, aunque tengo que tener presente que el inicio de este matrimonio será un infierno.
—No me digas que ni tú has dormido —escucho el parloteo de Liliam.
—¿Cómo crees que pueda dormir? —pregunto—… Hace meses deseaba este momento, pero exactamente no fue así.
Agradezco a todos por el apoyo, pero dudo que logren que Dayron me dé la oportunidad de conversar y contarle lo que en realidad pasó.
—No es que dude de ti, pero es que mi hermano me dijo algo que me dejó pensando —dejó de empacar y penetró toda mi atención hacia Liliam.
—¿Qué te dijo tu hermano?
—Porque no mataste al Maranzano o porque esperaste un año.
Ah, es eso.
—Creo que no sé o puede que en el fondo de mi ser diga que lo hice para no venirme con las manos vacías, ya que pase por mucho.
—Oh, eso se escuchó ambicioso y como mi madre diría, uno no puede tener las dos cosas, “den al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”.
Eso sí tiene sentido, pero nadie vive sin ambiciones y menos de migajas o sufrimiento. La señora Liliam o su mamá puede decir lo que quiera o puede ser una mujer sensata, pero ella no ha sufrido lo mínimo de lo que yo he pasado.
—Quería ganarme la confianza de la organización.
—Te enamoraste de él —pregunta y yo me quedo asombrada por esa idea absurda.
—¡No…! Claro que no.
—Pero es que mi hermano está sufriendo y me duele verlo así.
—Entiende que yo también sufrí —llevo mi mano a mi pecho—. Cada vez que me acostaba con ese hombre era como acostarse con un cerdo y para fingir me imaginaba a tu hermano conmigo.
—Uuuyyy… eso es enfermo —arruga su cara.
—Olvidemos este tema y enfoquémonos en la boda.
"Mi boda".
Doy un fuerte suspiro y doy media vuelta para ver mi vestido de boda que está extendido sobre la cama. Es lindo, pero muy cliché, no me gustan los vestidos blancos porque no soy una casta, puesto que no soy tan pura para casarme.
—Mi padre me acaba de decir que no vivirán aquí y que hay posibilidades de que tengas tu arma veinticuatro siete.