Luego de haberse quitado el chaleco y la camisa, me los entrega de manera cordial, para llevarlos a la secadora de ropa.
Me dirijo hacia mi habitación para cederle una camisa ancha, que se puede ser formidable para él ya que la ropa grande siempre ha sido de mi preferencia haciéndome sentir más cómoda.
Me acerco a la pequeña sala con la camisa en mano y observo como se abre un poco la cremallera del pantalón al igual que el botón del mismo.
Me acercó y el apuesto chico observa la camisa naranja que tengo en la mano, su escultural cuerpo se encuentra descubierto delante de mí, parecía ser hecho por los mismos dioses griegos.
« ¡Dios, pero que hombre más sexy!»
Grito para mis adentros mientras que trato de mantener mi respiración regular para no hiperventilarme, con semejante dios apoteósico.
Él se la coloca sin ningún problema, quedándole perfecta, ni tan ajustada y ni tan grande, una buena medida que no me cabe la menor duda, que a él se le ve mejor que a mí.
—¿Porque tienes una camisa tan grande?—Pregunta observándome un poco intrigado por la prenda que le acabó de ceder.
—No es la única, tengo más de esas— Alegó alejándome un poco de él, ya que nuca había estado tanto tiempo cerca de Damián antes, o de un hombre mejor dicho.
El frunce el ceño al parecer no entendía lo que quise decir, ya que como se veían muy de hombres a lo mejor su mente divagaba en otras especulaciones.
simplemente ladea su mirada, y al parecer borra lo que sea que se halla plasmado de mí, en su mente.
Me dirijo a tomar asiento en el sofá al igual que él, tomando mi distancia aunque él hace que eso no exista entre nosotros acercándose más a mí.
—Aun no respondes mi pregunta—Alega en un tono un poco más sereno como aquella vez cuando llamó a mi teléfono esa noche.
Lo observó ofuscada no sabía que le importase tanto un simple mensaje, que lo impulsará al estar aquí.
—¡Ya sabes lo del correo! —Exclama insistente y esta vez su rostro se gira hacia mi, obligando a mis ojos a tener que verlo.
—Pues estuve dormida y luego haciendo algunas cosas, que la verdad ni me tome el tiempo de verlo, ya que solo recibo mensajes de trabajo, y de una amiga—Afirme aclarando su duda un poco apenada.
El asintió varias veces entendiendo la razón al no contestar a su mensaje.
«Espera un momento... ¿Cómo es que él tiene mi correo?»
Enfatizó al caer en cuentas ya que sabía que solo contaba con mi número de teléfono, jamás le di algo más que mi número ni a él o a Emili.
—¿Cómo es que tienes mi correo—?Preguntó volviendo la mirada hacia él rápidamente.
—Trabajas en la misma agencia que yo, es normal tener comunicación con todos los Staff y equipo que trabajan conmigo—Asevera viéndose muy convincente ya que por un momento me percate haciéndome creer que él me acosa o algo así, eso sería imposible.
Al momento escuchó que la secadora esta lista con la ropa de Damián.
Me levanto para traerla.
Luego de haberme levantado Damián hace lo mismo y notó que pulula por la pequeña sala, observando varias cosas hasta que por un momento observa mi laptop, ya que alguna cosa había llamado su atención.
Escuchó su pequeña risa y me apresuró lo más posible de llevar su ropa y esperar que se marche.
Vuelvo hacia él, con la ropa en mano, la toma colocándola en el sillón para después tomarme del brazo, no entiendo que es lo que desea hacer, pero mi corazón se acelera y mucho al sentir su tacto.
Él toma asiento y con una sonrisa en su rostro me lleva hacia el haciendo que me siente encima de sus piernas , de esa manera sube sus manos lentamente hasta colocarlos en mi cintura.
—¿Q-que haces?—Le preguntó al tenerlo de esta manera creando en mí una sensación abismal de calentura hasta subir a mis mejillas.
El me observa desde abajo con una pequeña sonrisa en sus labios como si lo disfrutara y eso es lo que yo veo en su expresión.
—Estoy saludando a la pequeña cintura que tome la otra vez ¿Te molesta?— su voz ha cambiado a la de una suave y seductora, mientras que me mira directamente a los ojos con picardía.
No respondo a su pregunta, y tomó sus manos para que pare pero el sigue rozando sus manos con mi cintura una y otra vez. dibujando mi silueta con sus manos.
—Debo de admitir que es una cintura bastante cómoda —Me mira fijándose en mis ojos— Tómalo como un cumplido, yo nunca digo este tipos de cosas a cualquiera— Afirma.
—Esto no está bien Damián—Alego sonrojada llena de vergüenza.
—¿Y qué es lo que está bien para ti?
Este pregunta ladeando su cabeza hacia un lado con ternura y algo de curiosidad por saber que pienso.
«Por dios se ve tan tierno con esa expresión en su rostro; que no sé qué es lo que este hombre espera de mí»
—Somos amigos no veo algo malo en eso— Dice pícaro asomando una sonrisa en la comisura de sus labios.
—Pero no de los que se tocan y hacen este tipo de cosas—Alego con nervios en mí que podían ser tan palpables entre la tensión que de alguna manera el modelo crea en ambos.
—Entonces seré el amigo que te dé más que simples toques — Insinúa en voz baja, acercándose a mí en un intento, porque su rostro se encuentre muy cerca del mío.
—¡Sonyun!—Exclamó al escuchar esas palabras salir de él, mi cuerpo se descontrola y al intentar levantarme, hace casi me caiga al suelo, pero Damián me toma del brazo, su fuerte brazo aún me sostiene levantándome.
El ríe como burlándose de mí.
—Tranquila es broma no soy de esos— Afirma observándome indiferente con una sonrisa en su rostro.
El apuesto chico se levanta mientras que yo quedó a un lado del sillón.
—¿Para qué era tan importante que estuviese libre?—Pregunto en un intento desesperado de saber sus intenciones hacia mí y calmar mi mente despejándome en otro tema.
El respira profundo soltando un suspiro mientras peina su cabello hacia atrás con ambas manos.
—Pues quería saber de ti—Alega con un tacto indiferente.
Al escucharlo mi corazón se detiene en un momento, por las palabras que creo bien salen de sus finos labios rosados.
—Ok ya te vi, ahora me marchare —Afirmo tomando su ropa en mano mientras que aun la lluvia seguía allá afuera cayendo a cantaros.
Me deja sin palabras ¿Qué clase de persona es tan cambiante con sus emociones como para desinteresarse tan rápido?
El apuesto hombre se dirige a la puerta, y sigo detrás de él.
—¿Enserio te iras con esta lluvia?— Pregunto ya que algo dentro de mí quería seguir teniéndolo conmigo pero los nervios no me dejan
El asiente, asomándose una sonrisa de medio lado en su rostro.
El me mira entrecerrando sus rasgados ojos.
—Sé que tú y yo tendremos una linda amistad—Afirma con picardía.
No sé a lo que se refería muy bien con eso pero simplemente asentí, él se marchó sin decir más, mientras que cierro la puerta lentamente, observando como desaparecía de mi vista hasta el final del pasillo.