—Estoy bien... Oliver me llevó a casa después de eso, me ayudó y... —Se detuvo; no podía decirle que había despertado con el semen de él en su estómago—. No entiendo lo que me pasó. —Cambió de idea, aunque también era algo que la tenía pensativa. —Eres demasiado inocente, Mia, ¿no te das cuenta? —Al menos se sentía tranquilo de saber que Silver la había ayudado en ese momento. No creía que él hubiera tenido algo que ver; era un idiota, pero no se veía de esa clase de chicos. La rubia ladeó su cabeza al escucharlo y pensó en sus palabras. No tenía ni idea de a qué se refería. Ian suspiró cansado; estaba seguro de que si él no se lo decía, jamás se daría cuenta de la realidad—. Te drogaron. —Lo dijo lo más sutilmente posible. El cuerpo entero de la rubia se estremeció mirándolo petrificada

