Elizabeth La jornada llegó a su fin, sumergida entre pensamientos sombríos y una inquietud insistente en mi pecho. Jonathan ya se ha ido, y yo espero a Noah, quien prometió recogerme para ir juntos a mi apartamento. Para mi sorpresa, subió hasta mi oficina. —¡Adelante! —dije, al escuchar el ligero golpe en la puerta. —He venido por la mujer más maravillosa de este edificio —dijo, entrando con esa sonrisa que ilumina. Vestido con un traje tan oscuro como su abismal mirada, Noah es el poema que me hace creer de nuevo en el amor. Estoy irremediablemente enamorada de él. Se acercó, y nuestras almas se encontraron en un abrazo. Sus manos firmes en mi cintura, sus labios sobre los míos, una danza de sensaciones que calmó mis inquietudes internas. —Te extrañé —murmuró, soltando un suspiro qu

