ELIZABETH Lo que él no sabe es que ya siento algo por él, aunque mis miedos sean aún enormes. Ayer, sus palabras me hirieron, y el dolor sigue latente. —¡Es increíble! Ayer me insultaste y hoy me vienes con palabras dulces y rosas —dije, moviendo la cabeza para soltarme de su agarre. —¡Lo de ayer fue una estupidez! Verlo contigo me consumió —respondió con desesperación. —¿Así vas a reaccionar siempre que sientas celos? —repliqué, con rabia contenida. —¡No, jamás! Espera… ¿Eso significa que…? —Sus ojos brillaron, malinterpretando mi respuesta. —Lo que quiero decir es que tienes que aprender a controlar tus emociones —respondí con firmeza. —¡Lo sé! Y es imposible cuando existen debilidades y tú eres la mía. Por favor, piénsalo. Podríamos intentarlo, comenzar de cero con una simple cen

