Leonardo
Estoy sentado frente a la televisión, en mi departamento nuevo, mi divorcio ya es un hecho desde hace un par de meses. Sólo estoy esperando los últimos trámites de mi abogado... Se acabó la farsa y después de tantos años, puedo decir que me siento aliviado.
Estoy perdido en mis pensamientos, ver a Alma hoy fue tan extraño, no sé cómo me siento realmente...
Nos conocimos en el liceo, hace catorce malditos años y verla hoy me golpeó cómo un huracán de emociones, sigue siendo tan hermosa, cómo la recordaba, incluso más, los años le han sentado bien.
No estaba en mis planes volver a verla, nunca hablé mucho con mi padre respecto a su empresa que tanto arruinó mi vida. Nunca escuché hablar de su asistente, él siempre ha sido consciente del daño que me hicieron sus decisiones... Es un tema que no se toca.
Era mi amiga, nos convertimos en los mejores amigos yo cursaba mi tercer año año en el liceo, ella el segundo, mi mejor amigo Martin y su mejor amiga Liss... nos usaban para tapar su relación, no sé bien con qué fin, talvez por que el hermano de Liss, estudiaba en el mismo liceo.
Obligatoriamente, matabamos el tiempo hablando sobre música, cine, libros, la vida... Luego fueron nuestras alegrías, nuestras penas... día a día nos hacíamos más y más cercanos. Hasta el día que dejamos de necesitar la excusa de nuestros amigos y empezamos a llamarnos todos los días... A juntarnos antes del liceo y después.
Empezamos a compartir vacaciones, con su familia o la mía... En ese tiempo mi papá estaba en España, montando su empresa con su hermano...
Recuerdo con detalle ese día que nuestra amistad cruzó la línea.
Ella me fascinaba y me paseaba constantemente entre el gran cariño de amigo y la tentación de darle un beso.
16 años tenía ella, 18 yo... estábamos tirados en mi cama, a la mañana siguiente, viajábamos temprano con mi hermana y mi madre.
-Alma, me estás mintiendo...
-Nooo, es la verdad, porque te mentiría, ya cambia el tema- me dijo sonrojada.
-¿Porqué?
-¿Porqué?... ¿Porqué soy virgen aún?... Que tiene de malo, sólo tengo 16... y la verdad no me llama la atención. Además me asusta un poco... Me da vergüenza, no sé...
-No tiene nada de malo, sólo es extraño... Ya todos lo han hecho alguna vez.
-Yo no, me gustaría que fuera una buena experiencia, alguien en quién pudiera confiar y que... no sé si me entiendes... alguien que me de seguridad.
-Confías en mí?...
-Obvio, Leito...
-Me dejarías ser tu primera vez?- Le dije medio en serio, medio en broma, pero al ver su cara de confusión, no pude evitar reír.
-Bromeas?
-Quieres que sea una broma, Alma?
Y se quedó mirándome, cómo evaluando una respuesta, roja cómo un tómate, sin saber si estaba jugando con ella...
Y tenté a la suerte... me incliné sobre ella y al fin, me atreví a besarla... Dios, sus labios eran maravillosos... La inocencia de sus ojos, no tenían mucho que ver con sus manos moviéndose lento por mi pecho... ni con su lengua jugando con la mía.
Sus labios eran adictivos, estuvimos así besándonos largo rato... hasta que mi mano empezó a vagar desde su cintura... hasta el encaje de su sujetador... luego a sus senos por sobre la tela del encaje... sus pequeños y suaves gemidos eran cómo música, que me encendía... No era mi primera vez... pero tenía más miedo que en esa ocasión. Busqué en sus ojos la confianza que ella necesitaba y encontré mucho más que eso... levanté su camiseta y la quité. Bajé su sujetador y pase mi lengua despacio por su pezón, mientras mi otra mano lo desbrochaba y lo quitaba... Era tan hermosa, tan suave... que me perdí acariciándola y besándola... Cuándo me detuve un momento... estaba desnuda ante mi, para mi boca y mis manos... Sin dejar de besarla me quite los pantalones y mi ropa interior y guíe su mano, para que me tocará.
La preparé para mi, con devoción y con calma... Cuándo por fin estuve dentro de ella... Dios! supe que ese era mi lugar... suave, palpitante, cálido, estrecho. Quise quedarme ahí para siempre...