Capítulo 4

819 Words
Estoy sumergida en reorganizar la agenda del Sr. Martinez, mientras intento que el café extra fuerte que me estoy tomando me despierte y me entibie el alma. Empiezo a cuestionar la idea de quedarme trabajando acá, sé que debería madurar y superar esto, pasó hace tantos años... Pero, nunca creí volverlo a encontrar. Su mirada me perturba, no me siento cómoda, por eso estoy llegando casi una hora antes cada mañana, luego con él en el mismo espacio que yo y su aroma, que sigue siendo el mismo, me cuesta tanto. Me terminó mi café mirando por la ventana, la lluvia cae sin piedad, lavando las calles de mi ciudad. Pienso en la oferta que me hizo mi único amigo, Fernando, irnos al sur con él, su nueva constructora va de maravillas y en su momento lo considere, pero pensé en mi Iri y el hecho de que ella ya tiene su vida y su rutina aquí, no quise desestabilizar su calma. Pero hoy no me parece una idea tan terrible. Imprimo los contratos que debo darle a Leonardo, en unos 10 minutos, mi calma se acabará. Organizo las carpetas para la junta de ésta mañana, le dejó los documentos en el escritorio y me retiro a ordenar la sala. Hoy Leonardo será presentado en la junta. Cuándo tengo todo listo me dirijo a la oficina, sólo con abrir la puerta en la oscuridad, sé que él ya está aquí. La luz está apagada y al encenderla, lo sorprendo con el retrato de mi Iri en sus manos. -Señor, buenos días- suavemente le quitó la fotografía y la acomodó en el escritorio. Me mira con algo parecido a la duda y mueve su cabeza en señal de saludo. -Le dejé los nuevos contratos en su escritorio, si los puede revisar y firmar- lo saco de sus pensamientos. -Claro, Alma... La junta a que hora? -En 20 minutos, señor... Iré a revisar unos detalles con su padre. Si quiere revisar la información- le extiendo la carpeta y él la toma, sin quitar sus ojos de los míos- me retiro señor, hasta pronto... Salgo de la oficina y siento cómo mis pulmones vuelven a llenarse de aire. Si no cambió está situación, moriré asfixiada. La junta ha sido un éxito, su mirada en mí, una tortura. Tengo la sensación de que quiere decirme o preguntarme algo, pero no sé atreve y me incomoda. Luego de dos horas en esta oficina, sus ojos siguen clavados en mi y la duda sigue presente en ellos y yo ya no lo soporto más... - Qué es..?- le preguntó y creó que lo he asustado al hablarle tan repentinamente. - El qué...? - me contesta - Que pasa ? Ha estado toda la mañana mirándome - me regala esa sonrisa de medio lado, que no alcanza a sus ojos azules - Nada, Alma - Me dice con la misma duda inundando su rostro. - No tiene nada que hacer? - preguntó sonando un poco más agresiva de lo que pretendía. - Pasa que quería... - Es interrumpido por él teléfono. - Su padre lo necesita en su oficina - Gracias - sonríe y se va... y el aire se hace más liviano, liberando mis pulmones. Sigo con mi trabajo, que es mucho, hasta que mi puerta se abre de golpe, sin mirar sé que es él... nadie más entra sin golpear. -Alma, toma tus cosas, vamos a un almuerzo - Debe poder leer el desconcierto en mi cara, pues aclara - Mi padre nos envía, vamos a cerrar un contrato. Y así es que me encuentro a su lado, en su auto, con destino a un restaurante a casi 2 horas de la ciudad. El aire es tenso y la música que ha puesto para relajar en ambiente lo hace peor... De fondo suena una de nuestras bandas favoritas... De esas que pasábamos horas oyendo y traduciendo por teléfono. Nadie ha dicho una sola palabra... y aún nos queda 1 hora de camino. -Alma...- su voz grave me trae de vuelta de un lindo recuerdo. - dime. - Cuántos años tiene tu hija?- pregunta con los ojos fijos en la carretera. -3 - su nombre? - Irina - Tú marido?- puedo ver sus manos aferradas con fuerza al volante. - Sigo soltera- respondo un poco aturdida. - Y el padre? - pregunta sin siquiera pedir disculpas por su intromisión. - No existe...- Ahora si me mira sorprendido - Eres mamá soltera? - Si... - Pero... - No Leonardo, no voy a contarte mi historia. - Alma... - No... - Cuándo lo nuestro se terminó...- Mi boca cae abierta. - Leonardo, no... - Alma, por favor déjame... - No! Basta!... tú eres mi jefe, yo soy tu asistente. Y basta! No necesito saber después de tantos años que mierda paso! No me interesa! No me sirve! Y nuestro viaje sigue en silencio, uno incómodo y sofocante.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD