Al día siguiente Después de aquel mágico momento en el que Alex me pidió ser su esposa y que yo acepte, la noche continúo siendo así en la más romántica de toda mi vida. Una celebración intima dio lugar en esta cama donde aún sigo abrazada a él escuchado su respiración. —Buenos días pricipessa. — le escucho decir y cuando levanto mi mirada me encuentro con sus ojos grises mirándome con más amor que nunca. —Buenos días. —respondo y sin poder evitarlo, observo mi mano dándome cuenta que lo de anoche no fue un sueño. —Sí, te has comprometido conmigo, no fue tu imaginación. — me asegura haciéndome reír. No digo palabra alguna, solo me levanto un poco para acomodarme sobre su cuerpo y besarlo lentamente disfrutando de la sensación tan increíble que es el contacto con sus labios. Sus ma

