Escucho los aplausos de los presentes ante mi conmovedor discurso después de lo que fue un increíble primer desfile bajo mi “presidencia” por llamarlo así, aunque, lo mas sencillo seria decir que solo he terminado el trabajo que mi padre había comenzado antes de que lo asesinaran. Mis emociones son varias, orgullo, tristeza, nostalgia y, sobre todo, miedo. Sigo pensando que no soy capaz de lidiar con todo esto, que jamás estaré a la altura de lo que fue mi padre o incluso de lo bien que lleva todo esto el ahora mi prometido. Me doy media vuelta, camino hacia la entrada de la pasarela y una vez que salgo de la vista de todos, apoyo mi espalda contra la pared. Respiro profundo, intento calmarme, pero uno de los asistentes se acerca a mi con una enorme sonrisa tatuada en su rostro. —È stato

