POV Alexander El sol ya se ponía cuando regresé a la mansión, tiñendo el cielo de un naranja sucio que parecía burlarse de mi agotamiento. No había dormido nada en ese motel asqueroso; solo di vueltas en la cama, con los recuerdos y las dudas carcomiéndome como termitas. Mis ojos ardían, mis hombros pesaban como si llevaran el mundo entero, y cada paso hacia la puerta principal se sentía como arrastrar cadenas. Estaba cansado, no solo del cuerpo, sino del alma. Cansado de pelear, de fingir, de ser el pilar que todos esperaban mientras yo me desmoronaba por dentro. Abrí la puerta con llave, el clic resonando en el silencio de la casa. Los niños no estaban a la vista —probablemente en sus habitaciones o en el jardín con Esmeralda—. Pero Belén sí. Estaba en la sala, sentada en el sofá con u

