POV Belén. La mansión parecía encogerse a mi alrededor esa mañana, como si las paredes mismas conspiraran para asfixiarme. Me desperté en la cama king-size que Alexander y yo compartíamos —aún compartíamos, aunque él dormía en el sofá del estudio desde hacía noches—, con el cuerpo pesado por el insomnio y la rabia acumulada. La luz del sol entraba a raudales por las cortinas entreabiertas, iluminando el vestidor lleno de ropa que había comprado con sus tarjetas, los zapatos de diseñador que ahora parecían burlarse de mí. Anoche, después de colgarle la videollamada donde Esteban y yo lo enfrentamos con la amenaza del divorcio, él había irrumpido en la habitación, los ojos inyectados en sangre, exigiendo que me fuera. "Esto se acaba, Belén. Empaca y vete antes de que te eche yo". Pero no me

