POV Alexander. La casa olía a nuevo. Cada rincón me recordaba que Belén seguía gastado sin freno. Sofás blancos, lámparas modernas, un televisor enorme colgado en la pared, alfombras mullidas. Hasta la vajilla era distinta, reluciente, como si nunca hubiéramos pasado necesidad alguna. A los ojos de cualquiera, parecíamos una familia en ascenso. Yo, sin embargo, veía cada mueble como una prueba de mi degradación. Lucía ya estaba casi recuperada. Eugenia pasaba los días con nosotros, ayudando a vigilarla. Era la única calma en medio de tanto ruido. Su presencia me daba un poco de aire, pero también me ponía en riesgo: ella notaba todo. Cada mirada, cada silencio. Aquella tarde llegaron las amigas de Belén: Marta y Sandra. Entraron con sonrisas plásticas, besos en el aire y miradas afilada

