POV Alexander. Cuando salí de su casa, el cielo empezaba a clarear. Afuera me esperaba un auto n***o, nuevo, con las llaves colgando del espejo retrovisor. —Es tuyo —había dicho Brenda antes de despedirse—. Empieza a acostumbrarte. Manejé despacio por la ciudad vacía. Me sentía extraño, entre la culpa y la euforia. Había firmado un pacto con alguien que podía cambiarme la vida. Al llegar a casa, la madrugada era fría. Encontré a Belén sentada en el suelo, apoyada contra la puerta, dormida, el vestido arrugado y una botella vacía a su lado. Olía a alcohol y perfume caro. La miré con una mezcla de rabia y tristeza. La levanté sin decir nada, abrí con mi llave y la llevé hasta la cama. No se enteró. Se quedó dormida de inmediato, respirando con dificultad. Me quedé observándola unos seg

