Capítulo IV: La propuesta disparatada

2315 Words
Como ocurre a menudo en estos últimos días, me quedo esperando que se ría o me diga que es una broma, pero no lo hace. ¿Me río? ¿Le grito? ¿Qué hago? Si él no está haciendo nada, ni un gesto, ni una mueca pequeña que me diga que es una broma. Bebo un sorbo y suspiro mirando a la piscina de la que sale un humito indicando su temperatura. Él sigue mirando, ambos esperamos la reacción del otro. Analizo el lugar, buscando alguna cámara en los costados de la pared o el techo, me pregunto si está es su forma de ser solidario, de ser así, debería cambiar de métodos. ¿Por qué querría casarse con una fulana de cabellos rojizos, delgaducha y sin educación Universitaria con dos hermanos pequeños? —. ¿Y?—me pregunta inclinando su cabeza hacía un lado, con una mirada impaciente. —. ¿Estás loco? —. No, según los psicólogos que me trataron no—y entonces ríe—. No, no estoy loco, Joey. —. ¿Y por qué dirías semejante disparate? —. Porque quiero casarme contigo. —. Pero, por qué—exclamo confundida. —. Bueno, ¿por qué no? Eres bella, lista, tienes unos ojos muy bonitos…y esas cosas tuyas que me gustan. Rodeo los ojos—. No me conoces ni un poquito. —. Ya te dije eso es lo bueno, hace a la aventura. —. No, quiero la verdad, dijiste que si venía no abría secreto, así que pon tus cartas sobre la mesa o me voy—digo firme. —. Bueno, quiero casarme contigo porque me conviene. Si contraigo matrimonio tendré acceso a una fortuna y… a ti también te beneficiaría. —. ¿La fortuna? —. Estar casada conmigo. —. ¿Cómo me beneficiaría estar casada con un sujeto al que no quiero en lo más mínimo? —. Esto no se trata de querer, Joey…se trata de ganar. Si yo gano, tú como mi esposa también ganas. Y te conviene, no solo porque me debes este favor—dice con una sonrisa inclinada y mucho énfasis—. Sino porque puedo solucionar todos tus problemas. Me quedo pensando un minuto, ¿por qué lo pienso? Debería ser un rotundo “no” es decir, es un hombre al que no conozco, no quiero y no creo logré querer. Pero, lo que ofrece es tentador por todas las cosas por las que estoy pasando, y mis hermanos. Sin embargo, no soy así, no quiero venderme por dinero, porque la dignidad no se compra. «Estás en un hotel sin pagan nada, payasa» dice mi subconsciente. —. Con todo respeto, Luke—le digo tomando el valor necesario para resistirme ante la idea—. No, no puedo casarme con una persona que no quiero. —. Yo tampoco te quiero, Joey, es un negocio. —. Un matrimonio no es un negocio—lo regaño—. No sé que conceptos tengan las personas con el estilo de vida que llevas, pero con lo que a mí respecte, un matrimonio es por amor y para toda la vida. —. Claro, por eso existe tantos divorcios—me retruca. Él me mira y luego, asiente—. Por eso, un padre abandona a sus hijos a pesar de estar casado con la madre, no seas tonta Joey, nosotros seríamos mucho más felices que aquellos que se casan por “amor”—hace las comillas. Lo del padre me da directo al corazón—. No lo sé, Luke… —. Está bien si tu respuesta inicial es un «no», no significa que me rechazaste. —. Creo que es exactamente eso lo que un «no» significa—le respondo irónica. —. No puedo prometerte que te amaré, ni que tú me amarás a mí, pero sí que amarás esta vida. Así que déjame mostrarte lo que te perderás si me dices que no. Me río leve—. No importa que me ofrezcas todo el dinero del mundo, terminaré de nuevo diciendo que no. No pierdas el tiempo. —. No me digas en que puedo perder o no mi tiempo, es mío después de todo. Se ríe—. Ves ya parecemos casados. Él se pone de pie y me tiende la mano. Dejo el vaso sobre la pequeña mesita al costado, y la acepto poniéndome de pie, un escalofrío recorre mi cuerpo al sentir sus suaves manos. Unas manos que nunca han sufrido por el mundo de la limpieza. Caminamos de regreso a los departamentos, ambos nos paramos frente a nuestras respectivas puertas blancas, saco la tarjeta del bolsillo de la bata y me dispongo a entrar. —. Serás mi futura esposa—me señala y entra de inmediato a su casa sin dejar que pueda decir nada. Entro. ¿Por qué yo? Hay muchas mujeres en el mundo que aceptarían esta oportunidad para cambiar su vida, muchas mujeres más hermosas, más refinadas e incluso con buena educación, sin ninguna personita siguiendo sus pasos esperando que le den la leche. ¿Qué vio en mí que no pudo conseguir en nadie más? Es que acaso pensó que era tan interesado o peor que estaba tan necesitada que aceptaría su oferta sin dudar ni preguntar. Debí indagar un poco más, pero es que no quería parecer interesada o mejor dicho seamos realistas, no quería que los detalles terminen por comprarme. Veo a Jaz tapada con una manta cubierta de gotas de sudor. Me acerco a ella y le toco la frente, está volando de fiebre. Corro a la habitación para buscar entre las cosas del bebé el termómetro, lo encuentro junto a los pañales nuevos, me apresuro a tomarle la temperatura a Jaz. 40°. La levanto, pero no responde. ¡No! ¡No! Me cambio en la habitación con lo primero que encuentro y corro en dirección al pasillo para buscar a alguien que me lleve al hospital, si llamo a la ambulancia va a tardar un montón. El n°1 parece tan grande en esa puerta ahora. Golpeo la puerta tres veces con fuerza hasta que se abre. Está vestido con un pantalón de pijama gris y una remera blanca. —. ¿Qué?—me dice Luke y cambia su expresión al ver mi angustia—. ¿Qué sucede, Joey? —. Necesito que me lleves al hospital—le digo—. Mi hermanita, está muy mal. Él cierra la puerta, y me acompaña hacia mi departamento, la toma entre sus brazos. Yo me apresuro a cargar a Nate en brazos y lo sigo por el pasillo hasta una bajada donde nos dirige al estacionamiento. Me indica con la cabeza que saque una llave de una caja de vidrio en la pared ¿Cuál? Como sé cuál. Me quedo dudando y lo miro. —. Cualquiera, todos son míos. —. Oh—tomo una con un llavero en forma de luna. Y hago sonar la alarma, nos lleva hasta un Camaro n***o. Es el mismo auto con el que casi me atropella. Abre la puerta de atrás y la coloca acostada en el asiento de atrás. Me subo con ella y Nate que esta dormido con su cabeza en mi hombro—. Al hospital público—le pido. —. No voy a llevarte ahí, van a tardar en atenderte—me dice saliendo del estacionamiento por la calle principal—. Voy a llevarte a un privado. —. No tenemos obra social—le digo y toco la cabeza de mi hermana que sigue hirviendo. —. Yo pago. —. ¿Es por otro favor? —. No, este es un acto altruista. Todo el camino al hospital intento que la desesperación no se apodere de mí, cuando llegamos salgo del auto de inmediato y sigo a Luke que va con mi hermana en brazos corriendo hasta dentro. La mujer detrás del mostrar, llama a dos enfermeros que traen una camilla de inmediato y la ponen en ella alejándola. La sigo atrás, Luke me detiene y me quita al niño para que pueda correr más rápido. —. ¿Qué sucedió?—me pregunta el doctor —. Levanto fiebre y en un momento, ella no se levantó, ¿qué tiene doctor? —. Lo averiguaremos, no se preocupe que ella va a estar bien. Me quedo parada mientras el doctor y los enfermeros atienden a mi hermana en una sala grande, me cierran la puerta y me cubro la cara de la angustia, Luke viene caminando a pasos lento con Nate, quien ya está despierto y le toca la cara con duda. —. ¡Aquí está tu hermana!—le dice. Nate se inclina con los brazos abierto para que lo tome en brazos.—. ¡Va a estar bien!—me dice pasando su brazos por mis hombros. —. Eso espero, es que no sabía que estaba mal, yo debí ver si algo no estaba bien—me quejo. —. No te preocupes, ella solo levanto fiebre, seguramente le podrán Metamizol para bajar la fiebre y luego, le harán algunos estudios. —. Todo eso de seguro costara una fortuna. —. No es mucho, de todas formas, yo pagaré, solo procura no estresarte tanto, se te arruga la frente y te ves fea—me dice burlón. Quita su brazo y se sienta en la silla detrás nuestro, hago lo mismo. Nate juega con sus manitas y de vez en cuanto ojea a Luke con dudas.—. Gracias—le digo después de unos minutos cuando logro relajarme. Me hace una seña con la cabeza.—. ¿Hace cuánto cuidas a tus hermanos?—me pregunta mirando a Nate. —. Muchos años, mis hermanos ya nacieron con una madre drogadicta—le cuento—. Así que, me ha tocado ser todo para ellos—beso en la mejilla a Nate—. Es difícil, pero soy lo más cercano que tienen a una madre. —. ¿Y tú viste una etapa diferente de tu madre? —. Sí—asiento con la cabeza—. La vi ser feliz y la vi ser madre, pero cuando mi padre se fue, ella se siento muy mal. Y desde entonces, ella no es ella. —. ¿Y el padre de tus hermanos? —. No sé quienes son. Me hundo de hombros—. Tampoco sé si ellos sepan que son padre o si es el mismo, no lo sé. Mi madre había traído hombres a la casa antes, pero dejo de hacerlo cuando uno de ellos quiso aprovecharse de mí—trago saliva. Él abre la boca—. Ella se enfrento y lo corrió se corto la mano esa vez y prometió no volver a drogarse, pero no le duró mucho. —. ¿Cuántos años tenías? —. Quince. Agacho la cabeza. Él se queda en silencio unos minutos y luego, larga un suspiro—. ¿Lo reconocerías si lo vieras? —. Nunca lo voy a olvidar. —. ¿No te hizo daño? —. No, mamá le arrojo algunas cosas e intento apuñalarlo, él salió corriendo. ¿Por qué preguntas? —. Curiosidad. No pensé que pasaste por tantas cosas horribles. —. He tenido que pelearla. Agarra mi mano y yo entrelazo nuestros dedos. —. Ya no estás sola. Sonrío por lo bajo—. Lo prometo. —. ¿Dónde está ella ahora? —. No lo sé—le digo levantando la cabeza—. Ella se va y regresa, pero sigo teniendo miedo de que algún día ya no vuelva. Él aprieta con una pequeña fuerza mi mano —. Va a volver, y los va a encontrar mejor que nunca. Me sonríe. Esta vez su sonrisa es cálida, sus ojos se ven relajados, ya no tiene esa mirada de psicópata. Dejo escapar una sonrisa sincera y acomodo mi cabeza en su hombro, Nate se acuesta sobre mi pecho y se deja vencer por el sueño. —. ¿Siempre es así de tranquilo? —. Sí—le digo cerrando mis ojos por unos minutos—. Él es muy tranquilo. Después de un tiempo me despierta susurrando mi nombre, veo que llevan a mi hermana a una habitación particular. Me restriego los ojos, Luke toma al niño y yo me levanto para entrar a ver a mi hermanita. Esta dormida con un suero en su brazo, acaricio su frente, no está hirviendo como antes, pero sigue muy caliente. Luke entra y coloca al niño dormido junto a Jaz. —. ¿Qué fue, doctor?—le pregunto al doctor que la está examinando. —. Estamos haciendo algunos estudios para saber a profundidad, pero desnutrición y deshidratación más que seguro. Ella es una niña aún, hay muchos alimentos que su cuerpo necesitan, de todas formas, cuando estén los estudios le informaré. —. Muchas gracias. Luke me toca el hombro y sale con el doctor. Desnutrición. Me imagino la heladera llena del departamento donde estamos y recuerdo la nuestra en esa pequeña choza que fue nuestro hogar tantos años. Acuesto a Nate junto a su hermana y los miro a ambos. ¿Están listos para quedarse en la calle? ¿De dónde voy a sacar un mejor lugar que en el que estamos ahora? Salgo afuera y espero a Luke, él viene riéndose con una enfermera. Rodeo los ojos. —. Todo solucionado—me dice mirando por la ventana a los niños—. Mañana estarán en casa de nuevo. —. De eso quería hablarte. —. ¿Sí? —. Voy a casarme contigo. .
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD