¿Amélie?

2184 Words
- - - - - - - - -Tres años después - - - - - - - - - * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * Amélie * * * * * * * * * * —Mmm… yaaaaa… —me quejo al escuchar el ensordecedor sonido de mi alarma, el cual me recordaba que ya era hora de levantarme para ir a mi nuevo trabajo—. Yaaa… basta por favor —me sigo quejando al estar medio dormida y sacar uno de mis brazos de mi suave edredón para apagar (como sea) aquel reloj—. Yaaa… apágate —le suplico tratando de presionar el botón que lo callaría, pero lo único que logro es tirarlo al piso y conseguir que este suene de forma más escandalosa—. Aaahhh —reniego al salir 8a regañadientes) de la suave comodidad y abrigo que me brindaba mi cama y mis edredones. Al salir por completo de mis adorados aposentos, levanto mi reloj y lo apago para después tomar mi parlante inalámbrico y encenderlo para escuchar un poco de radio. Elijo una emisora francesa y escucho cómo empieza reproducirse una de mis canciones favoritas para la mañana: “Quelqu’ un m’a dit” de Carla Bruni. Y bueno, con aquella bella canción, empiezo a alistarme para mi primer día en mi nuevo trabajo como redactora oficial del “London News” —¡Ay! ¡Qué linda canción! —preciso en medio de un suspiro mientras camino hacia mi baño para poder ducharme. No demoro ni 15 minutos cuando he terminado de hacer ello y, de inmediato, tomo la ropa que había elegido para vestir el día de hoy. Me cambio con toda la dedicación y tomándome más del tiempo previsto. Luego, me aplico un poco de maquillaje por ser el primer día, ya que, comúnmente, prefería estar sin él. Cuando ya he terminado de alistarme, tomo mis llaves, mi móvil, mi pequeño maletín con mi portátil personal y salgo de mi piso para dirigirme a mi cafetería favorita por mi capuchino de cada mañana. Camino por aproximadamente 20 minutos mientras me despejo por el bello amanecer londinense al tiempo en que disfruto de la hermosa voz de Bruni. Al llegar a mi destino, abro la puerta, entro y, como siempre, el aroma del café me envuelve y droga por completo. —Qué delicia —susurro para mí mientras camino hacia la caja para hacer mi pedido—. Vaya, por suerte no hay gente —detallo para mí y me acerco a saludar a Mauri para luego hacer mi pedido. —Buen día, Mauri —saludo feliz hasta que siento cómo algo se apega a mis piernas y me detiene de acercarme por completo a la caja. —Yo estoy en la fila —habla un hombre de forma seria cuando mantiene mis piernas quietas con lo que parece ser un… «Bastón guía» —determino en mi mente —¿Perdón? —menciono confundida. —¿Tiene dificultades auditivas? —pregunta irónicamente y aquello me sorprende —¿Qué?... No —contesto y sonrío sin muchas ganas—. Escucho perfectamente bien —puntualizo firme—, pero no recuerdo haberlo visto en la fila —digo lo más amablemente posible. —¿Entonces ciega? —cuestiona y sonríe arrogante. —Qué… no, tampoco —Entonces es usted… —Alexandre, Alexandre, ya —interviene de forma repentina otro hombre—. Me desaparezco solo dos minutos y ya estás molestando a las personas— le expresa al tiempo en que mueve el bastón que sostenía el hombre (con el que crucé algunas palabras) para dejar de presionar mis piernas. —Yo estaba en la fila —le aclara aquel de forma adusta, pero el nuevo “invitado” no le presta atención. —Perdón, lamento las acciones del idiota de mi amigo —señala divertido, con lo cual se gana un gesto duro por parte de aquel—. Luca —se presenta de repente al extenderme su mano como un gesto de cordialidad. —Amélie —contesto gentil al estrecharla—. Pero no se preocupe —trato de ser cortés—. Si su amigo dice que estaba en la fila, no tengo problema alguno en esperar —respondo con una mentira, ya que, como casi siempre, estaba contra el tiempo otra vez. —No, claro que no. Usted pida primer… —Un expresso doble y un croissant de mantequilla —se hace escuchar la voz del tal Alexandre —Alexandreee… —No digas nada, Luca —le pide—. Que yo no quería venir a este café y tampoco le doy mi lugar a la mujer porque yo, a diferencia de ti, no quiero tener sexo con una persona que libera felicidad y gentileza fingida hasta por sus poros —detalla descortés, pero no pensaba seguirle su juego. —Te has pasado, Alexandre —le reclama su amigo de forma seria, pero aquel no le hace caso. —Mi café por favor —es lo único que se limita a articular mientras sonríe. —Alexandre ¿cierto? —siseo mientras me acerco lentamente al tipo —Sabía que tenía problemas auditivos —precisa con su particular tono irónico—. Pero sí, Alexandre. —Muy bien, Alexandre —sonrío y me atrevo a acercarme mucho, pero mucho más a él—. No sé por qué estás de tan mal humor —le digo sonriente—, pero como sea que fuese, espero que lo que sea que te esté molestando, se resuelva pronto —hablo sincera. —A mí no me molesta nad… — Y, por otro lado —lo interrumpo—, mi felicidad y mi gentileza, para tu bien, no son fingidas porque si no fuera así, en este momento, te estarías retorciendo de dolor por el fuerte golpe que le habría dado a tu amiguito —le detallo y veo cómo este forma un gesto burlón—. Y créeme, tengo mucha fuerza —le confieso al tiempo en que decido invadir su espacio personal, lo cual parece sorprenderlo e incomodarlo—. Pero la verdad es que soy bastante tolerante y, aparte, no es la primera vez que me cruzo con algún cretino o amargado como tú. De hecho, he conocido peores —le aclaro graciosa al tiempo en que me acerco muchísimo a aquel, pero este vuelve a poner distancia. —Ya váyase —pide serio. —También fue un placer conocerte —contesto con un poco de ironía—. Cuídate mucho —le digo y me atrevo a acercarme a él nuevamente para darle un beso fugaz en la comisura de sus labios. —¡Pero qué haces! —reclama —Para alegrar tu día —es lo único que articulo y me voy del lugar con una sonrisa triunfal rumbo a mi trabajo. * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * Alexandre * * * * * * * * * * —Te gustó —afirma Luca cuando entramos a la compañía —No digas tonterías —menciono completamente disgustado. —Era guapa —Pero entrometida —Porque tú te lo buscaste; fuiste un cretino con Amélie. —¿Amélie? —menciono con diversión —Sí, Amélie. Así dijo que se llamaba. —¿Sabes? Creo que al que le ha gustado es a otro —añado al tiempo en que ingresamos al ascensor. —Sí, pero no fui yo quien llamó su atención. —Y tampoco yo —indico firme—. Lo que hizo solo fue por molestar y lo logró —señalo serio. —Sí, lo sé —lo escucho reírse—. Hubieras visto tu cara cuando te besó— se ríe mucho más y, a ese punto, ya me había colmado; así que tomo mi bastón guía y lo extiendo para colocarlo a la altura de su cuello. —Luca, estaré ciego —le empiezo a hablar—, pero si sigues molestando, créeme que no dudaré, ni un segundo, en darte tu merecido. —Hey, tranquilo, Alexandre —habla divertido—. Además, sabemos que, si hay una pelea entre ambos, yo me encargaría de patear tu trasero —afirma seguro. —Hablas muy seguro —Porque es verdad; lo haría —vuelve a reafirmar—. Así que deja de amenazarme —añade al tiempo en que quita mi bastón desplegable de su cuello— porque aquí entre nos, sabemos que sigues siendo un caballero y que detestas los enfrentamientos de no ser que sean estrictamente necesarios —puntualiza calmado—. Bueno, tú primero —me pide y yo procedo a salir del ascensor cuando escucho que las puertas de aquel se han terminado de abrir. Ya en el piso en el que trabajaba, guardo mi bastón y camino con normalidad, ya que ya conocía cada rincón como la palma de mi mano. —¡Al fin! ¡Ya era hora! —se hace oír Eleonor (mi superiora)—. Luca, ve de una vez al salón de política. Trabajarás con Leonissa este mes; tienen mucho trabajo para hacer; así que no pierdas más tiempo. —Como mande, jefa —oigo responder a mi amigo y escucho cómo empieza a caminar. —Y tú —sé que ahora se dirige a mí—. Está bien que seas el favorito de la jefa, pero eso… —No me importa ser su favorito —la interrumpo —Bueno, pero lo eres —refuta al instante—. Como sea, el asunto es que no tienes corona como para llegar a la hora que se te antoje. —Es la primera vez que llego unos minutos tarde Eleonor —le recuerdo—. Además, Luca también lo ha hecho y no recuerdo que le hayas llamado la atención —añado sonriente—. ¿Acaso será porque tú también tienes un favorito? —le pregunto al acercarme a ella. —Eres un insoportable, ¿lo sabías? —contesta con molestia. —Sí, ya me lo habían dicho —suspiro; y luego, sigo sonriendo relajado. —Luego me encargaré de Luca —señala con molestia—. Ahora te estoy hablando a ti. Así que recuerda… Pun – tua – li – dad —Ok, ok, está bien— digo aburrido de su reclamo—. Dime, de una vez, de lo que me tengo que encargar para empezar cuanto antes. —Estarás en la sección cultural este mes; tu favorita —me indica; y yo sonrío—. Eres el mejor en esa área y; además, la gente ama tus artículos; así que no puedo cambiarte de lugar —añade con molestia— por más que me gustaría —enfatiza—, ya que eso te haría rabiar —explica sin tapujos y su sinceridad me hace reír. —Yo también te quiero, Eleonor —digo burlón a la vez que hemos empezado a caminar rumbo al área cultural. —Ah, por cierto. Hay una nueva redactora —me informa—. Trabajarán juntos para el artículo especial del mes. —Yo no trabajo en equipo —le recuerdo. —No te estoy preguntando —Trabajo bien solo; no necesito la ayuda de nadie —recalco. —Bueno, pero la tendrás —precisa seria al seguir caminando. —No tiene sentido. Es una novata; no puede trabajar en un artículo tan importante en su primer día. —Sí, puede —contesta firme—. Ha trabajado para el Times —menciona; y aquello, aunque fuera impresionante, no era suficiente. —No es suficiente para mí —señalo adusto—. Todo el mundo trabaja en el Times. Lo hice yo —comunico autosuficiente—. Incluso tú —agrego. —Y te repito que no te estoy preguntando. Tú solo obedece —señala al tiempo que nos detenemos al haber entrado a la sala. —¿Qué haces? —pregunto—. ¿Por qué te detienes? Aún no llegamos a mi oficina. —Debo presentarte a tu nueva compañera —indica. —Y yo te aclaro, de una vez, que no pienso trabajar en equipo. —Y yo te recuerdo que soy tu jefa aquí y que no te estoy preguntando —sentencia. —No voy a aceptar una compañera —impugno firme. — Amélie Dupont —llama sorpresivamente al no hacer caso a mi reclamo. «¿Amélie?», pienso en silencio; y, de inmediato, escucho unos pasos, los cuales se hacen mucho más audibles al acercarse. Luego de unos segundos, oigo cómo alguien se detiene y, cuando sucede ello, hay un detalle que llaman mi atención (además del nombre) «Ese perfume» —señalo en silencio al olfatear con mayor dedicación.
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