Omar

976 Words
Hoy me siento completamente dichoso. Juego al tenis con Mike, mi mejor amigo desde siempre, y a pesar de la concentración que exige este deporte, mi mente está completamente centrada en algo mucho más importante. En dos días, regreso a México, y en cuanto vea a Sandy, mi Sandy, la haré mi esposa, mi mujer. El pensamiento de tenerla finalmente a mi lado me llena de una satisfacción que ni siquiera una victoria en la cancha podría igualar. Mi padre, como siempre, está presionándome demasiado. Quiere que tenga hijos, un nieto que lleve su apellido. Él está viejo, ya lo sé, y tiene esa necesidad de ver a alguien seguir sus pasos. A veces siento que está más preocupado por dejar un legado que por la relación que tenemos. No es que me importe mucho, pero siempre he deseado hacerle sentir orgullo. En su mirada fría, siempre he buscado una señal de aprobación, aunque sé que nunca lo tendré. Mike devuelve la pelota con destreza y me saca de mis pensamientos. Lo miro mientras corro hacia la red para hacer un remate. —Tu virgen y maravillosa Sandy… —se burla Mike, con una sonrisa traviesa, mientras observa el movimiento de la pelota. Me detengo en seco, la sonrisa en mis labios desapareciendo por un segundo. Mike sabe que este tema siempre me toca la fibra más sensible, pero nunca lo puedo evitar. Sin embargo, me esfuerzo por mantener el control. —Ni una palabra cuando regresemos a México, Mike —le advierto, mi tono firme, casi peligroso. No quiero que nadie, ni siquiera mi mejor amigo, ponga en duda lo que siento por Sandy. Mike suelta una risa nerviosa, pero sabe que estoy hablando en serio. La tensión entre nosotros se siente en el aire. —Relájate, Omar. Yo sé cómo manejarme —responde, levantando las manos como si no estuviera interesado en provocar un problema. Pero a mí no me interesa lo que diga. Lo único que me importa es que Sandy no se entere de lo que he hecho aquí, de las otras mujeres que estuvieron en mi vida durante todos estos años. —Si Sandy se entera que me acosté con otras… me deja al instante —murmuro, como si la sola idea de que ella supiera me causara malestar. De alguna manera, me hace sentir sucio, traidor. Mi mujer es muy celosa, y si descubre que he sido infiel, no me perdonará. Pero ella es la única, y siempre lo ha sido. Las otras son solo zorras, comparadas con lo que Sandy es para mí. Mike asiente, como si comprendiera lo que digo, pero sé que a veces no tiene ni idea de lo que significa para mí esa pureza que tanto valoré. Durante años he soñado con su virginidad, y ahora que por fin se acerca el día en que será mía, siento que todo lo demás, todo lo que pasó antes, no importa. —Durante años he soñado con su virginidad —digo en voz baja, casi para mí mismo, mientras una sonrisa de satisfacción se dibuja en mis labios—. Cuando regrese, voy a cumplir ese sueño. Mike me mira en silencio, no me responde. Tal vez lo entienda, tal vez no. Pero lo que yo sé es que mi vida va a cambiar en dos días. Finalmente, después de todo este tiempo, Sandy será solo mía. Y no habrá nada ni nadie que me impida tenerla. Las horas pasaron con una lentitud insoportable. Cada minuto parecía un desafío, una prueba a mi paciencia, mientras esperaba abordar el avión que finalmente me llevaría de regreso a México. De regreso a Sandy. Apenas subí, busqué mi asiento, me acomodé, y traté de concentrarme en lo que venía: la boda, nuestra vida juntos, el futuro que había soñado durante años. Sin embargo, la paz no duró mucho. Sentí la vibración en mi bolsillo. Saqué el celular y, al desbloquearlo, me encontré con algo que me heló la sangre. Fotografías. Varias fotografías que no debían existir, que no podían ser reales. En la primera, estaba Sandy… completamente desnuda. Reconocí su rostro al instante, su cabello desordenado cayendo sobre sus hombros, su expresión… Dios, esa expresión. Estaba en los brazos de un miserable, un hombre que no reconocía, pero cuya presencia bastaba para encender en mí una furia indescriptible. Mis dedos temblaron al deslizar hacia las siguientes imágenes. Una, dos… Tres fotografías más. En ellas, Sandy besaba a otros hombres, sus labios sobre los de alguien que no era yo, su cuerpo pegado a otro que no le pertenecía. Mi respiración se volvió pesada, irregular. Sentí cómo la rabia me invadía, cómo un fuego abrasador comenzaba a arder en mi pecho. Cerré los ojos un momento, como si al abrirlos nuevamente pudiera descubrir que todo era una alucinación, una broma de mal gusto, algo que no podía ser cierto. Pero al volver a mirar, las imágenes seguían ahí, tan reales como el aire que ahora me parecía difícil respirar. —¿Qué demonios es esto? —murmuré para mí mismo, mi voz baja pero cargada de furia contenida. Todo lo que había construido en mi mente, todo lo que había soñado con ella, parecía desmoronarse en cuestión de segundos. ¿Cómo podía ser esto real? ¿Cómo podía Sandy, mi Sandy, haber hecho algo así? El avión comenzó a despegar, pero yo apenas lo noté. Mi mente estaba atrapada en esas imágenes, en las mil preguntas que ahora giraban como un tornado en mi cabeza. ¿Quién las había enviado? ¿Por qué? ¿Eran reales? ¿Sandy me había traicionado todo este tiempo? Apreté los dientes, sintiendo cómo mi mandíbula se tensaba. Esto no podía quedarse así. Alguien estaba jugando conmigo, con nosotros. Y cuando llegara a México, pensaba obtener todas las respuestas, sin importar lo que tuviera que hacer.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD