Capítulo 2

1175 Words
Noah Me levanté algo cansado y con ganas de volver a la cama, pero era hora de alistarme para ir a la universidad, me alisté y bajé donde estaban mis padres esperándome para desayunar. Una vez terminé, tomé mi moto y me dirigí al campus. Al llegar, mi novia Elizabeth me esperaba en la entrada, la besé y me fui con ella al salón. Así, pasó de forma aburrida el día hasta que llegó la hora del almuerzo  - ¡Qué te pasa idiota! Fíjate por donde caminas, ¡¿eres ciego o qué?!- Le grité al estúpido que hizo que derramara mi bebida sobre mis pantalones - Lo siento mucho! Apareciste de repente y no te vi… - Sí, sí, como digas, idiota. Gracias a ti me ensucié todo el pantalón - En serio lo sien… - Relájate, Noah. Alejandro no te vio y sin culpa chocó contigo- Dijo Emily de forma relajada tratando de excusar a su amigo - Buh, aléjate más bien, retrasado- Le dije antes de empujarlo haciendo que chocara con James. Luego de darme cuenta que parecía que me hubiera hecho en los pantalones, me dirigí con Alex, mi mejor amigo a los casilleros; por suerte tenía ahí un pantalón para los entrenamientos. - ¿Qué pasó ahí Noah? ¿No fuiste muy rudo con el chico? - Cállate, Alex. Se lo merecía, todos en la cafetería se quedaron viendo la escena y algunos burlándose de lo que pasó - Como digas, sólo digo que no se merecía tremendo grito por un accidente… La verdad, creo que sí me excedí un poco con el chico. Me acuerdo de la cara de miedo que hizo cuando le grité frente a todos. En realidad, era muy guapo, era de tez blanca, cabello oscuro, unos ojos verdes muy lindos y brillantes, era algo más bajo que yo. - ¿Pero… ¿Qué? ¡¿Qué hago pensando esto?! - Me dije a mi mismo mientras recordaba que no tenía que volver a pensar así sobre alguien que no fuera una mujer… Caminé junto a Alex a la cafetería donde nos esperaban el resto del grupo. Cuando terminamos de comer me dirigí nuevamente a clase y así se pasó el día volando. Llegó por fin el día viernes y ya quería que terminara la semana, no aguantaba más estar con Elizabeth. Solo estaba con ella para mantener el status y enorgullecer a mi padre que siempre soñó que formara una familia y fuera igual de “hombre” que él. No sé la verdad cuánto más pueda seguir aparentando una relación feliz con ella y este tipo de vida que no trae más que dolores de cabeza. La primera clase de ese día la tenía con Elizabeth por lo que entré con ella mientras me abrazaba por la cintura. Cuando di un vistazo rápido al salón, noté que atrás de este, estaba sentado el chico que me había hecho derramar la bebida en días pasados. Caminé frente a él mirándolo mal de paso y decidí sentarme unos asientos más adelante junto a mi novia. - Buenos días, estudiantes. Mi nombre es Steven y seré su profesor de física durante este semestre. Espero que la clase sea amena para todos ustedes y puedan terminar el curso con una idea clara de los conceptos que veremos durante este tiempo. – Dijo el profesor al entrar y acomodarse frente a todos los estudiantes Estábamos en medio de la clase cuando el profesor decidió hacer una pregunta ya que la mayoría estaba durmiéndose. De pronto, oí cómo aquel chico respondía con algo de timidez la pregunta que había hecho el profesor - Correcto! Ya va siendo hora de que despierten, jóvenes. Haré preguntas que valdrán como bono – Dijo el profesor no sin antes ver de forma algo rara a el chico de ojos verdes. No sé por qué esa mirada que le dirigió me causó molestia, pero estuve algo incómodo hasta el final de la clase cuando vi que el profesor solamente se quedó hasta el final con tal de esperar a Alejandro y comentarle algo que lo hizo sonrojar y salir casi corriendo del salón. En ese momento realmente me molesté y decidí esperarlo al lado de los casilleros. - Oye, idiota, aquel día gracias a tu ceguera mi pantalón se arruinó. Como pago debes darme unas tutorías en física, no entendí parte de lo que comentó el profesor hoy –  Dije mintiéndole a Alejandro ya que había entendido perfectamente la clase de hoy - Ya te dije que no fue culpa mía el haberme chocado contigo. No tengo por qué darte esas tutorías- Trató de enfrentarme de forma firme - Vaya, pues intenté hablarlo de buena forma…– Dije empujándolo de forma brusca a la pared y colocándome muy cerca de él – Así que lo diré de otra forma. O me das esas lecciones o te haré la vida imposible cada vez que nos veamos- agarré el cuello de su camisa y lo vi directo a los ojos observando de mejor forma aquel verde esmeralda tan lindo que tenían sus ojos - Es… está bien. Te veré el lunes a las 9 en la biblioteca - Más te vale estar a esa hora el lunes, imbécil Dicho eso, me fui por el pasillo tratando de encontrar una explicación al por qué actué de esa forma obligándolo a darme lecciones que en realidad no necesitaba. Todo el día estuve muy confundido y perdido en las demás clases que tuve. Al llegar a casa, decidí acostarme y no martillarme más la cabeza por ese tema.  Al día siguiente, me despertó algo temprano una llamada telefónica: - Hola bebé, ¿cómo estás? – Dijo con voz chillona Elizabeth al otro lado de la línea - Bien, acabaste de levantarme – Contesté con algo de mal genio - Oh! Lo siento, no sabía que estabas dormido aún. Cariño, alístate en la tarde porque iremos al centro comercial con las chicas a comprar ropa para la fiesta que haré el siguiente fin de semana - ¿Qué? ¿Cómo que harás una fiesta? - Así es, aprovechando que mis padres irán de viaje, haré una fiesta para celebrar el inicio del semestre - Okay, okay. Te veré en la tarde entonces – Le dije con pereza antes de colgar la llamada Muy a mi pesar, decidí levantarme y arreglarme para hacer algunos trabajos (porque sí, a pesar de todo soy alguien responsable). Cuando ya estaba todo listo y la mayoría de trabajos hechos, me di cuenta que ya era hora de ir a recoger a Elizabeth. Preferiría quedarme en casa viendo cualquier película antes de salir con ellas y sus fastidiosas amigas, siempre se demoran siglos escogiendo ropa y a veces hasta terminan yéndose del centro comercial sin comprar nada porque “no había nada que les llamara la atención”. Buh, en serio estaría plácidamente acostado en mi casa, pero sin más, me levanté y me dirigí a su casa. 
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