Alejandro:
Seguíamos en el centro comercial cuando Emily sugirió ir a comer helado a lo que James y yo estuvimos de acuerdo. Mientras nos encaminamos a la heladería que se encontraba en el segundo piso vi de pronto cómo Noah, acompañado por el grupo de las chicas populares, caminaba con algo de dificultad, cargando varias bolsas de lo que creo eran ropa. Ver lo así daba cierta risa puesto que tenía una cara de “mátenme ya” mientras asentía a lo que le decía su novia, pero decidí seguir derecho y no prestarle más atención ya que seguía molesto por la lección de física que tendría que darle el lunes. Pasó así la tarde, conociendo un poco más de mis amigos y divirtiéndome con ellos hasta que llegó la noche y fui al departamento a hablar con mi familia antes de irme a descansar.
Llegó el lunes y yo estaba muriéndome de los nervios ya que estaba esperando a Noah en la biblioteca. Una vez lo vi ingresar sentí cómo un pequeño salto de adrenalina se alojaba en mi estómago. Traía un poco el ceño fruncido, pero al notar que estaba ahí sentado esperándolo, relajo un poco más la mirada y se dirigió hacia mí, mientras más se acercaba sentía el nerviosismo a través de mi cuerpo y mis manos sudaban
- Ho… Hola, ¿empezamos ya?
- Claro, ¿qué será lo primero que veremos?
- Bueno, el profesor hizo mucho énfasis en la energía potencial, entonces comencemos por ahí
Y así fueron pasando los minutos, sentía su mirada directamente en mi lo que me ponía aún más nervioso.
- Okay, Noah, ¿cómo resolverías este ejercicio?
- No estoy seguro aún… podrías explicármelo un poco más lento?
Al decir esto, se acercó mucho más a mi lo que causó que me sonrojara y no pudiera concentrarme. Hubo un momento en el que nos quedamos viendo directamente a los ojos, sentí cómo me miraba de una forma tan tranquila y con algo de culpa, pero de pronto se alejó de forma brusca dejándome desconcertado y con el pulso a mil
- eh.. Lo siento, tengo que irme ya, mi próxima clase empieza dentro de poco. Nos vemos el siguiente lunes para la próxima lección – Dijo tomando sus cosas y saliendo de forma apresurada de la biblioteca
En ese momento no podía estar más confundido ¿Cuál fue esa conexión tan especial que sentí al verlo directamente los ojos por unos segundos que parecieron horas?. No lo sé, tal vez esté exagerando y veo cosas donde no las hay. Frustrado conmigo mismo y con mil dudas en la cabeza salí también de la biblioteca dirigiéndome a la cafetería por algo de comer.
Luego, en la tarde me dirigí al restaurante para mi primer día de trabajo. Me sentía algo nervioso, no quería meter la pata y que al primer día me terminaran despidiendo. Al llegar, la recepcionista me saludó y me indicó que siguiera, que dentro de la oficina estaría mi jefe para explicarme lo que debía hacer y así fue, una vez ingresé a su oficina me entregó el uniforme que consistía en pantalón n***o, una camiseta del mismo color y con el logo del restaurante y un delantal blanco que iba a la altura de la cadera y unos zapatos negros brillantes. Una vez vestido, me dio algunas indicaciones sobre mis funciones que consistían básicamente en atender a los clientes, tomar sus órdenes, llevar los platos a las mesas y en algunas casos debía ayudar como cajero. Así se pasó la tarde en medio de instrucciones y explicaciones, para el día de mañana trabajar propiamente.
Al día siguiente, me levanté algo tarde por lo que corrí a alistarme y tomar el metro para no perder la primera clase. Mientras iba corriendo por los pasillos para llegar a mi primera clase, tropecé e hice caer los libros que llevaba la persona que estaba delante (ahora debajo) de mí. Maldita sea! ¡¿Todas las semanas tendría que estar tropezando con alguien?! Me disculpe 100 veces antes de darme cuenta de quien había empujado era el mismísimo profesor de física
- De verdad lo siento much…!
- Tranquilo, Alejandro, fue mi culpa por no ver por dónde iba
- No, profesor, en serio lo siento mucho, iba corriendo y no me di cuenta de tu presencia – Dije muy apenado y sonrojado mientras le ayudaba a recoger los libros
- Vale, vale. No hay problema. Gracias por ayudarme con los libros
En ese preciso momento al recoger el mismo libro, tocamos accidentalmente nuestras manos y una corriente eléctrica atravesó todo mi cuerpo, nos miramos a los ojos y sentí que me quería decir mil cosas con la mirada. Tímido, miré hacia otra parte y terminé de ayudarle.
- Nuevamente lo siento, profesor, me tengo que ir a mi primera clase – Dije marchándome con algo de nervios
- Espera Alejandro, ¿te gustaría que nos viéramos en un par de horas en la cafetería para compartir un café y hablar?
- Un café? – Piensa, Alejandro, inventa pronto una excusa – Lo siento profesor, pero necesito terminar un trabajo en grupo
- Claro, perdóname por la molestia. Nos vemos el viernes en clase – Me miró con decepción en sus ojos
Con las mejillas rojas, corrí hacia el salón para no llegar más tarde. Mientras iban transcurriendo las clases, a pesar de tratar de concentrarme en las explicaciones, en mi cabeza seguía apareciendo la mirada triste que me dirigió Steven hace un par de horas.