Leah caminaba nerviosa por los pasillos del hospital, rumbo a su tan esperada reunión con la doctora Jacqueline Vargas. Sabía que reunirse con ella era un riesgo, pero también era su última esperanza de obtener un aliado confiable en medio de todo el caos que rodeaba la investigación. Jacqueline era una de las pocas personas en el hospital a las que Leah realmente podía confiarle su vida, alguien que había estado a su lado en los momentos más difíciles de su carrera.
La relación de ambas se había distanciado un poco en los últimos meses, en parte por los horarios abrumadores del hospital, pero también por la creciente sombra de Michelle, cuyas acciones amenazaban con destruir la integridad de todo el personal. Leah tenía que hacerle saber lo que estaba pasando, y más importante aún, obtener su ayuda.
El aire en el pequeño café cercano al hospital era tranquilo, casi reconfortante en contraste con el torbellino de emociones que Leah sentía. Llegó un poco antes de la hora acordada, buscando una mesa en la esquina, con una buena vista de la entrada para ver cuando Jacqueline llegara.
Mientras esperaba, sus pensamientos volvieron inevitablemente a Rey. La noche anterior, la confusión que había sentido después de su beso seguía persiguiéndola. Sabía que la tensión entre ambos había alcanzado un punto en el que ya no podían ignorar lo que estaba creciendo entre ellos, pero también sabía que el hospital, y todo lo que estaban enfrentando, complicaba todo. No podía permitirse el lujo de distraerse, no ahora.
—Leah, ¡al fin te encuentro! —la cálida voz de Jacqueline la sacó de sus pensamientos.
Leah levantó la vista y allí estaba su vieja amiga, con una sonrisa amigable y una mirada curiosa. Jacqueline se sentó frente a ella, quitándose el abrigo y dejando su bolso sobre la mesa. Su piel era blanca cual porcelana, de ojos claros y una cabellera rubia, de contextura esbelta y definida con una altura estándar.
—Jacqueline, me alegra mucho verte —dijo Leah, dejando entrever una pequeña sonrisa. Sin embargo, su tono serio y la expresión en sus ojos dejaron en claro que la reunión no era solo una simple conversación entre viejas amigas.
—Por tu mensaje, puedo imaginar que no es solo para ponernos al día —respondió Jacqueline, frunciendo el ceño mientras se acomodaba en la silla—. ¿Qué está pasando, Leah? ¿Por qué la urgencia?
Leah exhaló lentamente, buscando las palabras adecuadas para comenzar. No podía soltar toda la información de golpe, pero tampoco tenía tiempo para rodeos.
—Jacqueline, necesito hablarte de algo muy serio, y sé que puedes ayudarme. Está relacionado con Michelle y todo lo que ha estado sucediendo en el hospital. Sé que has notado cambios extraños en la gestión, las irregularidades en los suministros, los despidos repentinos… —Leah la miró fijamente—. Hay una red de corrupción, y Michelle está en el centro de todo.
Jacqueline arqueó una ceja, claramente sorprendida, pero no parecía completamente sorprendida.
—Leah, he escuchado rumores, pero… ¿estás diciendo que tienes pruebas de que Michelle está detrás de esto?
—Estamos investigando, pero cada vez que nos acercamos a algo concreto, las pruebas desaparecen, y la gente comienza a ser despedida. Ya han echado a Fabián, y temo que si seguimos adelante sin el apoyo adecuado, seremos los próximos. Pero lo peor es que Michelle está robando medicamentos esenciales, y algunos pacientes están empezando a sufrir las consecuencias. No puedo quedarme de brazos cruzados. Necesito que alguien me respalde en esto, y sé que tú puedes ser esa persona, Jacqueline. —Leah mantuvo su mirada firme, esperando una reacción.
Jacqueline, normalmente una persona tranquila y calculadora, parecía estar procesando la información con una mezcla de incredulidad y preocupación. Pasó una mano por su cabello mientras miraba a Leah fijamente.
—¿Has considerado lo que esto podría significar si estás equivocada? Si Michelle se entera de que la estás investigando… Leah, esto podría destruirte, a ti y a todos los que te rodean. Ya lo ha hecho con otros. —Jacqueline hizo una pausa antes de continuar—. Pero si tienes razón, y ella realmente está detrás de todo esto, podríamos estar ante algo mucho más grande de lo que parece.
—Lo sé —respondió Leah, con la voz firme—. No es solo por nosotros, es por los pacientes. ¿Cuántos más tendrán que sufrir antes de que esto termine? Jacqueline, tú siempre has luchado por lo correcto. No puedo hacerlo sola.
Jacqueline se quedó en silencio por unos instantes, mirando a Leah intensamente. Finalmente, asintió.
—Te ayudaré, Leah. Pero vamos a necesitar más que sospechas y rumores. Si Michelle está involucrada en algo tan grande como esto, no podemos movernos sin pruebas sólidas. Tendremos que trabajar desde dentro, con cuidado. Muy cuidado.
Leah sintió una oleada de alivio al escuchar las palabras de su amiga. Había logrado lo que necesitaba: un aliado fuerte, alguien en quien realmente podía confiar. Aún así, el peligro seguía presente, y ambas sabían que el camino sería traicionero.
—Gracias, Jacqueline. Sé que estoy poniendo mucho en juego, y no te lo pediría si no fuera necesario —dijo Leah, tomando la mano de su amiga en un gesto de agradecimiento sincero.
—No me agradezcas todavía —respondió Jacqueline, con una sonrisa tensa—. Ahora, cuéntame todo lo que sabes. Y más importante aún, ¿cómo planeamos enfrentarnos a Michelle sin que ella lo vea venir?
Leah pasó la siguiente media hora poniéndola al tanto de todo: las transacciones sospechosas, el robo de medicamentos, la expulsión de Fabián, y las acciones que había tomado Michelle para encubrir sus huellas. Jacqueline escuchaba en silencio, tomando notas mentales y asintiendo de vez en cuando.
—Lo primero que necesitamos es más información —dijo Jacqueline finalmente—. Hay formas de acceder a ciertos archivos que pueden darnos una pista más sólida. Pero tienes razón, Michelle es peligrosa, y si sospecha que estamos cerca de la verdad, no dudará en tomar medidas drásticas. Tenemos que ser sigilosas.
Leah asintió, ya sintiendo cómo los engranajes comenzaban a moverse. Ahora que tenía a Jacqueline de su lado, tenían una mejor oportunidad de obtener pruebas y desenmascarar a Michelle. Pero también sabía que el tiempo no estaba de su lado. Cada día que pasaba, Michelle consolidaba su poder, y el riesgo para ellas aumentaba.
—Será difícil, pero si seguimos los pasos correctos, podemos desenmascararla antes de que haga más daño —agregó Leah con determinación.
Jacqueline sonrió, pero en sus ojos había una sombra de preocupación.
—Sabes que esto no es solo sobre pruebas y verdad. Michelle no es alguien que juegue limpio, y si descubren lo que estamos haciendo, podrían venir por nosotras, Leah. Tienes que estar preparada para lo peor.
Leah lo sabía. Pero la verdad siempre había sido su faro, y con Jacqueline a su lado, sabía que no retrocedería.