Episodio 10

1347 Words
El reloj marcaba las siete de la tarde cuando Leah salió de su oficina, sabiendo que la noche sería crucial. Había convocado a Rey y Camila para una reunión que, esperaba, los pondría un paso más cerca de exponer a Michelle y sus crímenes. Pero esta vez no estarían solos; Jacqueline, con su experiencia y contactos dentro del hospital, se uniría a ellos como un refuerzo vital. Mientras caminaba hacia el lugar de la reunión, un pequeño café a pocas cuadras del hospital, Leah sentía una mezcla de nervios y anticipación. Tenían las piezas del rompecabezas, pero hacía falta unirlas para construir un caso sólido. Con Jacqueline a bordo, era su oportunidad de trazar un plan definitivo, pero también necesitaban desahogarse, recargar energías y reforzar la unidad del equipo. Para eso, había organizado algo especial después de la reunión. Cuando llegó al café, Camila ya estaba allí, ocupando una mesa al fondo. Leah le sonrió mientras se acercaba. —Hola —saludó Camila, con su habitual energía, aunque sus ojos denotaban algo de cansancio—. ¿Qué tan seria será esta reunión? Porque después del día que he tenido, espero que no terminemos más agotadas. —Será intensa, pero también productiva. Además, te prometo que la noche no se va a quedar solo en trabajo —respondió Leah con una sonrisa enigmática. Poco después llegó Rey, quien entró con el semblante sereno, aunque Leah no pudo evitar notar el cambio en la dinámica entre ambos después de lo sucedido en la azotea. Había algo en el aire, una tensión suave pero presente. Rey se acercó a la mesa con una leve sonrisa y asintió. —¿Listos para lo que se viene? —preguntó, tomando asiento. Antes de que nadie pudiera responder, Jacqueline entró al café con su elegante y sobria presencia. Leah sintió un alivio al verla, porque con ella allí, todo parecía más controlado, más organizado. —¡Hola a todos! —Dijo Jacqueline, con una sonrisa cálida mientras se unía al grupo—. Lamento la demora, había un pequeño caos en pediatría. Leah presentó formalmente a Jacqueline con Rey y Camila, quienes ya sabían de ella pero no la habían tratado directamente. La conversación inicial fue rápida, centrada en romper el hielo y ponerlos a todos en la misma página. —Muy bien —comenzó Leah, tomando las riendas de la reunión—. Sabemos que Michelle ha estado desviando medicamentos, y aunque tenemos indicios, nos falta algo más sólido para poder exponerla. Necesitamos pruebas claras, conexiones verificables, y tenemos que hacerlo rápido. Jacqueline asintió, sacando una libreta pequeña y abriéndola sobre la mesa. —He estado revisando algunos informes que conseguí de manera discreta —empezó—. Hay discrepancias evidentes en las entradas de stock de medicamentos y su distribución. Esto incluye medicamentos que, según el sistema, nunca llegaron a los pacientes. Si logramos acceder al registro completo, podríamos descubrir quién está detrás del desvío. Rey, quien había estado escuchando en silencio, intervino: —El problema es que Michelle tiene ojos en todos lados. Si intentamos movernos sin cuidado, lo más probable es que nos descubra antes de que podamos hacer algo. Necesitamos encontrar una forma de obtener esos registros sin levantar sospechas. Camila, siempre astuta y con ideas rápidas, propuso: —Podríamos buscar a alguien del departamento de TI que esté dispuesto a ayudar. Hay un par de técnicos que se quejan siempre de Michelle. Si les ofrecemos algo a cambio, tal vez podríamos conseguir acceso sin que ella lo sepa. La idea de Camila resonó en el grupo, y todos comenzaron a compartir ideas sobre cómo actuar. La estrategia se fue puliendo poco a poco: accederían a los registros a través de un intermediario, recopilarían pruebas y, una vez tuviesen todo lo necesario, llevarían el caso a las autoridades externas. —Perfecto —dijo Leah, sintiendo una mezcla de alivio y determinación—. Ahora tenemos un plan, pero necesitamos ser extremadamente cuidadosos en cada paso. Jacqueline, quien había estado observando con una sonrisa calculadora, intervino. —Creo que hemos cubierto lo esencial por hoy. Ahora que tenemos un plan, es hora de relajarnos un poco. Esta noche no podemos estar solo sumergidos en problemas y conspiraciones. —Sonrió con picardía—. Conozco un lugar no muy lejos de aquí, una pequeña discoteca sofisticada donde podríamos desestresarnos. Rey y Camila intercambiaron una mirada curiosa, pero Leah asintió, agradeciendo el gesto. Sabía que necesitaban despejarse, recuperar energías, y qué mejor manera que hacerlo juntos, fortaleciendo sus lazos. —Me parece una excelente idea —dijo Leah, con una risa ligera—. Después de todo, merecemos una noche para olvidarnos de todo este caos, aunque sea por unas horas. La discoteca era pequeña pero moderna, con luces suaves y una música que invitaba al movimiento. No era el típico lugar ruidoso lleno de multitudes, sino un espacio más íntimo, perfecto para relajarse sin perder la clase. Una vez dentro, el ambiente relajado comenzó a calar en el grupo, alejando momentáneamente las tensiones del hospital. Jacqueline, siendo la más experimentada en este tipo de lugares, les pidió unos tragos, y pronto el grupo se encontró riendo y conversando sobre cosas más ligeras. Camila y Rey parecían disfrutar del momento, mientras Leah notaba lo fácil que era relajarse en compañía de sus amigos. —No sabía que eras de estos lugares —comentó Rey, mientras veía a Jacqueline deslizarse por la pista de baile. —Oh, no lo soy —respondió ella, riendo—. Pero sé cuándo es necesario tomar una pausa para no volverse loco. Camila, que parecía estar en su elemento, no perdió tiempo y arrastró a Rey a la pista de baile con una sonrisa divertida. Rey, inicialmente algo renuente, se dejó llevar por el ambiente. Leah observaba desde la barra, sintiendo una mezcla de diversión y una extraña inquietud. —No pienses que te vas a quedar sentada toda la noche —la voz de Jacqueline interrumpió sus pensamientos, mientras le extendía una mano—. Vamos, Leah, un poco de baile no nos hará daño. Leah dudó un segundo, pero finalmente aceptó la mano de su amiga y se dejó llevar hacia la pista. La música, suave pero animada, envolvía el lugar, y pronto todos estaban moviéndose al ritmo. Había algo reconfortante en ese momento, algo que les permitía a todos dejar atrás, al menos por un rato, el peso de la investigación y los problemas. Rey, que ahora bailaba junto a Leah, intercambió una mirada con ella. Ambos sonrieron, una sonrisa que llevaba una conexión más profunda de lo que podrían haber esperado. En algún momento, la distancia entre ellos comenzó a reducirse mientras la música los envolvía. Rey la tomó suavemente de la cintura, guiándola en un movimiento más lento y pausado. Leah sintió que su corazón se aceleraba, pero en lugar de apartarse, decidió dejarse llevar por el momento. La cercanía entre ambos era palpable, y los ojos de Rey parecían decirle todo lo que las palabras no podían expresar. Leah apoyó la cabeza ligeramente en su hombro, sintiendo una mezcla de seguridad y vulnerabilidad. —Me alegra que estemos juntos en esto —susurró Rey, apenas audible entre la música. —A mí también —respondió Leah, cerrando los ojos por un momento, dejándose llevar por esa burbuja en la que parecían estar solos. El resto de la noche fue una mezcla de risas, bromas y momentos que solidificaron la unión del grupo. Jacqueline y Camila también compartieron anécdotas que provocaron carcajadas, y la atmósfera se fue llenando de un sentimiento de camaradería que fortaleció sus lazos. Esa noche no solo habían planeado la caída de Michelle, sino que habían reforzado lo más importante: la confianza entre ellos. Cuando la música finalmente comenzó a apagarse y el grupo se preparaba para irse, Leah sintió que, a pesar de los desafíos por venir, ya no estaba sola. Y sabía que, con este equipo a su lado, las posibilidades de salir victoriosos eran más altas de lo que había pensado al inicio.
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