Episodio 11

1246 Words
La brisa fresca de la noche los recibió cuando salieron de la discoteca. Leah, Rey, Camila y Jacqueline caminaban juntos por las calles del centro, todos aún relajados tras la velada, aunque la sombra de lo que les esperaba en el hospital volvía lentamente a instalarse en sus mentes. Aun así, había una energía renovada en el grupo, un sentido de unidad que no estaba presente antes de esa noche. —¿Quién diría que terminaríamos bailando en una disco después de hablar sobre desenmascarar a Michelle? —comentó Camila, riendo—. Supongo que siempre se puede encontrar un poco de diversión, incluso en medio del caos. —Es vital —respondió Jacqueline con una sonrisa—. A veces, la mejor manera de mantener el enfoque es desconectarse, aunque sea por un rato. Leah caminaba junto a Rey, que mantenía una distancia corta pero cómoda a su lado. Había algo diferente en la manera en que él la miraba ahora, una calidez que antes solo era una chispa, pero que esa noche había crecido. Leah lo sentía también; después del baile, el vínculo entre ambos había pasado de ser solo camaradería a algo más personal, más cercano. —Esta noche fue justo lo que necesitábamos —murmuró Rey, inclinándose un poco hacia ella mientras caminaban—. Siento que las cosas van a salir bien, ¿sabes? Leah lo miró de reojo y sonrió. —Yo también lo creo —respondió en voz baja. La caminata los llevó hasta una esquina tranquila donde las luces de la ciudad empezaban a desvanecerse, marcando el fin de la noche. Jacqueline, siempre práctica, fue la primera en anunciar que era momento de irse a descansar. —Mañana será un día largo, y necesitamos estar frescos para lo que viene —dijo con un tono amable pero firme—. Además, tenemos mucho trabajo por delante si queremos que todo salga bien. Camila bostezó, estirándose. —Dios, sí. A estas alturas, si no duermo al menos unas cinco horas, estaré completamente inútil. Jacqueline sonrió y asintió, y con un último gesto de despedida, cada uno empezó a tomar su camino. Camila fue la primera en alejarse, pero no sin antes lanzar una mirada traviesa hacia Leah y Rey. —Nos vemos mañana. Y no se queden hasta tarde, chicos. No queremos que la falta de sueño nos juegue en contra. Leah se rio entre dientes y agitó la mano, despidiéndose de Camila. Jacqueline también se despidió, aunque su mirada hacia Leah fue más comprensiva y cálida, como si entendiera algo que no había dicho en voz alta. —Hasta mañana, Leah. Rey —dijo Jacqueline—. Descansen. Mañana será un día clave. Leah y Rey se quedaron parados por un momento, viendo a Jacqueline desaparecer en la distancia, antes de que el silencio se apoderara del ambiente. Era una noche tranquila, y la ciudad, aunque aún viva, tenía un ritmo más lento a esa hora. —No me arrepiento de haber salido esta noche —dijo Rey finalmente, rompiendo el silencio. Leah lo miró de nuevo, esta vez permitiéndose estudiar sus facciones con un poco más de detalle. Había algo en su mirada que le hacía sentir más tranquila, más en paz. Rey siempre había sido su compañero en la investigación, su apoyo constante, pero ahora, tras todo lo que habían vivido juntos, la conexión entre ellos era mucho más fuerte de lo que alguna vez habría imaginado. —Yo tampoco —respondió Leah, sintiendo cómo una leve sonrisa tiraba de las comisuras de sus labios—. Fue una buena manera de despejarnos, después de todo lo que hemos estado pasando. Rey hizo una pausa, como si estuviera considerando sus próximas palabras. —No es solo el trabajo lo que me ha estado preocupando últimamente, Leah —confesó finalmente, su voz un poco más baja, casi como si estuviera midiendo cada palabra. Leah lo miró, sintiendo que el aire entre ambos se hacía más denso, más cargado de emociones que ya no podían ignorar. —¿A qué te refieres? —preguntó suavemente. Rey dejó escapar un suspiro, pero no de frustración, sino como si se estuviera liberando de un peso que había llevado durante mucho tiempo. —A nosotros —respondió, con una sinceridad que hizo que el corazón de Leah diera un vuelco—. Lo que ha estado creciendo entre nosotros. Sé que estamos metidos en un montón de cosas ahora, pero no puedo ignorarlo más. Leah sintió cómo su pecho se apretaba ligeramente, reconociendo en sus propias emociones lo mismo que Rey estaba confesando. El beso de la otra noche, la forma en que se habían mirado y bailado esa noche… todo estaba ahí, a flor de piel. Pero la realidad de sus vidas seguía presente, complicando lo que de otra forma sería una conversación más sencilla. —Rey… —empezó Leah, pero no estaba segura de qué decir. Había tantas razones para detenerse, para no cruzar esa línea, pero al mismo tiempo, el deseo de explorar lo que había entre ellos era casi abrumador. Rey dio un paso hacia ella, cerrando la distancia. No la tocó, pero la cercanía entre ambos fue suficiente para que Leah sintiera su calor, su presencia. —No soy una persona de tener relaciones serias… pero tampoco quiero ignorar esto que va creciendo ahora y dicho esto, no es necesario que respondas ahora… —dijo él—. Solo quería que supieras que estoy aquí, y que lo que sea que esté pasando entre nosotros se siente como si fuera real pero, no soy una persona seria como crees… al menos para mí. Leah lo miró, notando la honestidad en sus palabras. Ella también lo sentía, y negarlo ya no era una opción. Sin embargo lo que confeso le dolió un poco, no respondería sobre aquello solo se dejaría llevar por esta extraña amistad que realmente se sentía como algo más… —No te preocupes… Lo sé —admitió ella finalmente, en un susurro— Hubo un momento de silencio, pero no era incómodo. Era un silencio lleno de comprensión mutua, de algo que había quedado claro entre ellos. Rey asintió lentamente, satisfecho con su respuesta. No había necesidad de precipitarse; ambos sabían que el momento para explorar lo que sentían quizás llegaría o tal vez no, pero ahora, con todo lo que tenían por delante, debían seguir adelante con su misión. —Vamos a casa, entonces —dijo Rey, sonriendo suavemente—. Mañana será un gran día. Leah asintió, y ambos empezaron a caminar de regreso, lado a lado. Aunque no habían cruzado la línea por completo, el aire entre ellos era diferente, más ligero. La complicidad seguía allí, pero también había un entendimiento más profundo, una promesa de algo que ambos sabían que llegaría cuando el caos a su alrededor finalmente se calmara. Esa noche, cuando Leah finalmente se metió en su cama, sentía que algo había cambiado. Su mundo seguía lleno de problemas, de retos y de conspiraciones, pero había algo más esperando por ella, algo que había crecido de manera lenta pero firme. Y por primera vez en mucho tiempo, se permitió sentirse esperanzada, no solo por el futuro del hospital, sino por el suyo propio. Al día siguiente, tendrían una batalla importante que librar. Pero ahora, con un equipo más fuerte y con un corazón que ya no estaba tan confundido, Leah sentía que, pase lo que pase, podrían ganar.
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